jueves, 5 de septiembre de 2013

Capitulo 7


¡Bésame, maldita sea! Le suplico, pero no me puedo mover. Estoy paralizada por una extraña y desconocida necesidad, completamente cautivada por él.
Miro fijamente la exquisitamente esculpida boca de Pedro Alfonso, hipnotizada y él me devuelve la mirada, sus ojos oscurecidos y entornados. Respira con más fuerza de lo habitual y yo he dejado de respirar por completo. Estoy en tus brazos. Bésame, por favor. Cierra los ojos, respira profundamente y me ofrece una breve señal de negación con la cabeza, como si respondiera a mi silenciosa petición. Cuando abre los ojos de nuevo, lo hace con algún nuevo propósito, una firme resolución.
—Paula, debes mantenerte lejos de mí. No soy el hombre adecuado para ti —susurra. ¿Qué? ¿A qué viene esto? Ciertamente debería ser yo quien decida eso. Le frunzo el ceño y niego con la cabeza.
—Respira, Paula, respira. Voy a ponerte de pie y a dejarte ir —dice en voz baja y me aleja con gentileza.
La adrenalina se ha disparado a través de mi cuerpo, ya sea por el fallido atropellamiento del ciclista o por la embriagadora proximidad de Pedro, dejándome ansiosa y débil. ¡No! Grita mi mente cuando él se aleja, dejándome desamparada.
Tiene sus manos sobre mis hombros, sosteniéndome con sus brazos extendidos, observando mis reacciones cuidadosamente. Y en lo único en lo que puedo pensar es en que quería ser besada, que lo hice malditamente obvio y él no lo hizo. No me quiere.
Realmente no me quiere. He estropeado magníficamente el café de la mañana.
—Lo tengo —respiro, encontrando mi voz—. Gracias —murmuro, inundada de humillación. ¿Cómo pude haber malinterpretado tanto la situación entre nosotros?
Tengo que alejarme de él.
—¿Por qué? —Frunce el ceño. Aún mantiene sus manos sobre mis hombros.
—Por salvarme —susurro.
—Ese idiota manejaba en sentido contrario. Me alegro de que estaba aquí. Me estremezco al pensar lo que te podría haber pasado. ¿Quieres venir y sentarte en el Hotel por un momento? —Me libera, las manos a ambos lados de su cuerpo y estoy de pie frente a él sintiéndome como una tonta.
Con una sacudida, aclaro mi cabeza. Simplemente quiero irme. Todas mis vagas y no articuladas esperanzas han sido frustradas. No me quiere. ¿En qué estaba pensando? Me regaño. ¿Qué querría Pedro Alfonso contigo? Mi subconsciente se burla de mí. Envuelvo mis brazos a mí alrededor, me giro para hacerle frente a la calle y tomo nota con alivio de que el hombre verde ha aparecido. Rápidamente atravieso la calle, consciente de que Alfonso está detrás de mí. Fuera del Hotel, me volteo brevemente para hacerle frente pero no puedo mirarlo a los ojos.
—Gracias por el té y por hacer la sesión de fotos —murmuro.
—Paula… Yo… —Se detiene, y la angustia en su voz reclama mi atención, por lo que contra mi voluntad me encuentro mirándole detenidamente. Sus ojos grises lucen sombríos cuando se pasa una mano por el cabello. Se ve contrariado, frustrado, sus expresiones son crudas. Todo su cuidadoso control se ha evaporado.
—¿Qué, Pedro? —espeto con irritación después que él dice… nada. Sólo quiero irme. Tengo que llevarme lejos mi frágil y herido orgullo y de alguna manera cuidar de él hasta que sane.
—Buena suerte con tus exámenes —murmura.
¿Eh? ¿Esta es la razón de por qué se ve tan desolado? ¿Esta es la gran despedida? ¿Simplemente desearme suerte en mis exámenes?
—Gracias. —No puedo ocultar el sarcasmo en mi voz—. Adiós, Señor Alfonso. —Me
vuelvo sobre mis talones, vagamente sorprendida porque no tropiezo y sin darle unsegundo vistazo, desaparezco por la vereda hacia el estacionamiento subterráneo.
Una vez bajo el oscuro, frío concreto del estacionamiento con sus sombrías lucesfluorescentes, me apoyo contra la pared y pongo la cabeza en mis manos. ¿En qué estaba pensando? Espontáneas e indeseadas lágrimas llenan mis ojos. ¿Por qué estoy llorando? Me hundo en el suelo, enojada conmigo misma por esta reacción sin sentido.
Doblando mis rodillas, me doblo sobre mí misma. Quiero hacerme tan pequeña como sea posible. Quizás así este absurdo dolor sea menor mientras más pequeña me vuelva.
Colocando la cabeza sobre mis rodillas, dejo que las irracionales lágrimas caigan sin restricciones. Lloro por la pérdida de algo que nunca tuve. Qué ridículo. Estar en duelo por algo que nunca fue… mis frustrados sueños, esperanzas y mis deterioradas expectativas.
Nunca había recibido un rechazo. De acuerdo… sí era una de las últimas en ser
escogida para el baloncesto o el voleibol, pero entendía eso: correr y hacer algo más al mismo tiempo, como hacer rebotar o lanzar una pelota, no es lo mío. Soy realmente pasiva en cualquier tipo de deporte.
Aunque románticamente, nunca me he puesto a mí misma en esa posición, jamás.
Una vida de inseguridad: soy demasiado pálida,  demasiado flacucha, demasiado desaliñada, descoordinada y una larga lista de defectos que continúa. He sido siempre la primera en rechazar a cualquiera que pudiera ser considerado como un admirador.
Había un chico en mi clase de química que me gustaba, pero nunca nadie ha
despertado mi interés, nadie excepto Pedro maldito Alfonso. Quizá debería ser más amable con gente a la que le gusto, como Paul Clayton y José Rodríguez, aunque estoy segura que ninguno de ellos ha sido encontrado sollozando a solas en lugares oscuros.
Quizás todo lo que necesito es un buen llanto.
¡Detente! ¡Detente ahora! Mi subconsciente está gritándome metafóricamente, de brazos cruzados, apoyándose en una pierna y golpeando con su pie en señal de frustración.
Sube al auto, ve a casa y continúa con tus estudios. Olvídate de él… ¡Ahora! Y detén toda esta
mierda de regodearte en la autocompasión.
Inhalo profundamente, me estabilizo y me levanto. Espabílate Chaves. Mientras me dirijo al automóvil de Zai seco las lágrimas de mi rostro. No pensaré en él de nuevo. Puedo lidiar con este incidente como si fuera sólo una experiencia más y concentrarme en mis exámenes.

Zai está sentada en la mesa del comedor con su computadora portátil cuando llego.
Su sonrisa de bienvenida se desvanece en cuanto me ve.
—Pau ¿qué va mal?
Ay no… no el Interrogatorio Zaira Nara. Niego con la cabeza, imitando su estilo de “ríndete ahora”, pero bien podría estar lidiando con un ciego sordomudo.
—Has estado llorando. —Ella tenía un don excepcional para señalar los malditos hechos obvios algunas veces—. ¿Qué te hizo ese cabrón? —gruñe y su rostro… Jesús, da miedo.
—Nada Zai. —En realidad ese el problema. El pensamiento trae una sonrisa irónica a mi rostro.
—Entonces, ¿por qué has estado llorando? Tú nunca lloras —dice, su voz suavizándose. Se pone de pie, sus ojos verdes rebosantes de preocupación. Pone sus brazos a mí alrededor y me abraza. Necesito decirle algo para hacerla retroceder.—Estuve a punto de ser golpeada por un ciclista. —Es lo mejor que puedo hacer, pero la distrae momentáneamente de… él.
—Por Dios, Paula, ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —Me sostiene con el brazo extendido y me mira rapidamente.
—No. Pedro me salvó —susurro—, pero estaba muy conmocionada.
—No me sorprende. ¿Cómo estuvo el café? Sé que lo odias.
—Tomé un té. Estuvo bien, nada que reportar en realidad. No sé por qué me lo pidió.
—Le gustas Pau. —Deja caer sus brazos.
—Ya no. No voy a volver a verlo. —Sí, de hecho consigo hacerlo sonar como que no me importa.
—¿De veras?
Mierda. Está intrigada. Me dirijo a la cocina para que no pueda ver mi rostro.
—Sí… él está un poco fuera de mi liga Zai —digo tan secamente como puedo.
—¿Qué quieres decir?
—Ay Zaira, es obvio. —Me doy media vuelta y la enfrento cuando se detiene en el umbral de la cocina.
—No lo es para mí —dice—. De acuerdo, tiene más dinero que tú, pero entonces ¡también tiene más dinero que la mayoría de las personas en América!
—Zai él es… —Me encojo de hombros.
—¡Paula! Por el amor de Dios, ¿Cuántas veces debo decírtelo? Eres absolutamente divina —me interrumpe. Ay no. Va comenzar con eso de nuevo.
—Zai, por favor. Tengo que estudiar —la interrumpo. Ella frunce el ceño.
—¿Quieres ver el artículo? Ya está terminado. José tomó algunas fotos realmente buenas.
¿Necesito un recordatorio visual del hermoso Pedro-no-te-quiero-Alfonso?
—Claro. —Conjuro una sonrisa en mi rostro y camino hasta la portátil. Y allí está él, mirándome en blanco y negro, mirándome y encontrándome carente de algo.
Pretendo leer el artículo, todo el tiempo encontrando su mirada gris, buscando en la
fotografía alguna pista que me diga por qué no es el hombre adecuado para mí, según sus propias palabras. Y de pronto, salta a la vista. Es demasiado gloriosamente bien parecido. Somos polos opuestos y de dos mundos muy diferentes. Tengo una visión de mí misma como Ícaro volando demasiado cerca del sol, ardiendo y estrellándome como resultado. Sus palabras cobran sentido. No es adecuado para mí. Esto es lo que quería decir y hace que su rechazo sea más fácil de aceptar… casi. Puedo vivir con esto. Lo comprendo.
—Muy buen trabajo, Zai. —Me las arreglo para decir—. Voy a estudiar. —No voy a
pensar en él de nuevo por ahora, me comprometo conmigo misma y abriendo mis apuntes, comienzo a leer.

Es sólo cuando estoy acostada, intentando dormir, que le permito a mis pensamientos
ir a la deriva, regresando a mi extraña mañana. Sigo volviendo a lo de “no suelo salir
con nadie” y me enfado por haberla recordado antes, cuando estaba en sus brazos
suplicándole mentalmente con cada fibra de mi ser que me besara. Lo había dicho allí
y antes. No me quería como novia. Me pongo de costado. Ociosamente, me pregunto
si tal vez es célibe. Cierro los ojos y comienzo a dejarme ir. Quizás se reserva para
alguien especial. Bueno, no para ti, mi subconsciente soñoliento me da un golpe final
antes de liberarse dentro de mis sueños.
Y esa noche, sueño con ojos grises, diferentes formas de hojas verdes en leche, corro a
través de lugares oscuros con espectrales luces fluorescentes y no sé si corro hacia o
estoy escapando de algo… simplemente no está claro.

Bajo mi lápiz. Terminado. Mi examen final está terminado. Siento la sonrisa del gato Risón extenderse en mi rostro. Probablemente es la primera vez que he sonreído en toda la semana. Es viernes y celebraremos esta noche, celebrar de verdad. ¡Incluso podría emborracharme! Nunca antes he estado borracha. Le doy un vistazo a través de la sala de deportes a Zai, quién continúa garabateando furiosamente, a cinco minutos para terminar. Esto es todo, el final de mi carrera académica. Nunca tendré que volver a sentarme entre filas de ansiosos y aislados estudiantes. Dentro de mi cabeza estoy haciendo elegantes piruetas, sabiendo muy bien que ese es el único lugar en el que puedo hacerlas. Zai deja de escribir y baja su lápiz. Me mira y también veo su sonrisa de gato Risón.
Volvemos a nuestro apartamento en su Mercedes, negándonos a hablar de nuestro examen final. Zai está más preocupada por lo que llevará puesto esta noche en el bar.
Yo estoy ocupada intentando tomar mis llaves dentro del bolso.
—Paula, hay un paquete para ti. —Zai está de pie en los escalones de la puerta principal sosteniendo un paquete envuelto en papel marrón. Qué raro. No he encargado nada en Amazon recientemente. Zai me da el paquete y toma mis llaves para abrir la puerta principal. Esta dirigido a la Srta. Paula Chaves. No hay un nombre o dirección de remitente.  Quizás sea de mi mamá o de Ray.
—Probablemente es de mis padres.
—¡Ábrelo! —Zai está emocionada mientras se dirige a la cocina por nuestra “Champán para celebrar que nuestros exámenes han acabado”
Abro el paquete y dentro encuentro una cajita mediana de cuero que contiene tres libros aparentemente idénticos, cubiertos con tela vieja y una tarjeta blanca. Escrita por un solo lado, con tinta negra y una clara letra cursiva, dice lo siguiente:

¿Por qué no  me dijiste que había peligro? ¿Por qué no me advertiste?
Las damas saben de lo que deben protegerse, ya que leen novelas en las que se les previene de estos trucos…

Reconozco la cita de Tess (Tess of the d'Urbervilles, es una novela del poeta inglés Thomas Hardy, publicada por primera vez en 1891). Estoy aturdida por la ironía de que acabo de  pasar tres horas escribiendo acerca de las novelas de Thomas Hardy en mi examen final. Quizás
no es una ironía… quizás es deliberado. Inspecciono los libros de cerca, tres volúmenes
de Tess of the d'Urbervilles. Abro el libro. Escrito en el frente con algún tipo de letra antigua, está lo siguiente:
“Londres: Jack R. Osgood, McIlvaine & Co., 1981.”
Santa mierda, son primeras ediciones. Deben valer una fortuna y sé de inmediato
quién las envía. Zai está sobre mi hombro contemplando los libros. Toma la tarjeta.
—Primeras ediciones —susurro.
—No. —Los ojos de Zaira se amplían con incredulidad—. ¿Alfonso?
Asiento con la cabeza.
—No puedo pensar en nadie más.
—¿Qué significa esta tarjeta?
—No tengo la menor idea. Creo que es una advertencia, honestamente, él continúa advirtiéndome. No tengo ni idea de por qué. No es como si estuviera golpeando a su puerta. —Frunzo el ceño.
—Sé que no quieres hablar de él, Pau, pero de verdad está afectándote. Con o sin advertencias.
No me he permitido obsesionarme con Pedro Alfonso durante esta última semana.
Bueno… sus ojos grises siguen frecuentando mis sueños y sé que me tomará una
eternidad sacar la sensación de sus brazos a mi alrededor y su maravillosa fragancia de mi cerebro. ¿Por qué me envió esto? Me dijo que yo no era para él.
—He encontrado una primera edición de Tess en venta en Nueva York en 14.000 dólares. Pero la tuya se ve mucho mejor. Debe haber costado más. —Zai le está consultando a su buen amigo Google.
—Esta cita, Tess se la dice a su madre luego de que Alec D’Urberville le ha hecho una de sus maldades.
—Ya lo sé —reflexiona Zai—. ¿Qué intenta decir?
—No sé y no me importa. No puedo aceptar estos libros. Los enviaré de regreso con una cita igual de desconcertante de alguna parte oscura del libro.
—¿La cita en la que Angel Clare dice “vete a la mierda”? —pregunta Zai con el rostro completamente serio.
—Sí, esa cita. —Me río. Amo a Zai, es tan leal y solidaria. 
Embalo los libros y los dejo en la mesa del comedor. Zai me da una copa de Champán.
—Por el término de los exámenes y nuestra nueva vida en Seattle. —Zaira sonríe abiertamente.
—Por el término de los exámenes, nuestra nueva vida en Seattle y excelentes resultados. —Chocamos las copas y bebemos

El bar es ruidoso y agitado, lleno de próximos graduandos dispuestos a emborracharse.
José se une a nosotras. No se graduará hasta el otro año, pero está de ánimo festivo y nos apoya en nuestro espíritu de libertad recién encontrada comprándonos una jarra de margarita. Mientras termino mi quinta, sé que esto no es una buena idea, principalmente por el champán ingerido.
—¿Y ahora qué, Paula? —me grita José por encima del ruido.
—Zai y yo nos mudaremos a Seattle. Los padres de Zai le han comprado un departamento allí.
—Dios mío. Así es como vive la otra mitad. Pero estarás de vuelta para mi Show.
—Por supuesto, José, no me lo perdería por nada en el mundo. —Sonrío y él pone su brazo alrededor de mi cintura y me cerca a él.
—Significa mucho para mí que estés allí, Pau. —Susurra en mi oído—. ¿Otra margarita?
—José Luis Rodríguez, ¿estás intentando emborracharme? Porque creo que está funcionando. —Suelto una risita—. Creo que será mejor que tome una cerveza. Iré a buscarnos una jarra.
—¡Más bebida! —grita Zai.
Zai tiene la constitución de un buey. Tiene su brazo envuelto alrededor de Levi, uno de nuestros compañeros de estudios en Inglés y su fotógrafo habitual en el periódico escolar. Ha renunciado a tomar fotos por la embriaguez que lo rodea. Sólo tiene ojos para Zai. Ella tiene puesta una camiseta minúscula, jeans ajustados y tacones altos, cabello recogido en alto con pequeños mechones colgándole alrededor del rostro, su yo usualmente impresionante. Yo, soy más usar Converses y camisetas de estilo niña, pero estoy usando mis jeans más favorecedores. 
Me libero del agarre de José y me levanto de la mesa. Woah. La cabeza me da vueltas. Tengo que afirmarme del respaldo de la silla. Los cocteles a base de tequila no son una buena idea.
Me dirijo hacia la barra y decido que debería visitar el tocador mientras puedo
mantenerme sobre mis propios pies. Bien pensado, Pau. 
Me tambaleo a través de la multitud. Por supuesto, hay una fila, pero al menos está tranquilo y fresco en el pasillo.
Tomo mi teléfono celular para aliviar el aburrimiento de la fila de espera. Hmm… ¿A
quién me llamé la última vez? ¿A José? Antes de ese hay un número que no reconozco.
Ah, sí. Alfonso, creo que este es su número. Me río tontamente. No tengo idea de qué hora es, tal vez lo despierte. Quizás pueda decirme porque me envío esos libros y el mensaje críptico. Si quiere que permanezca alejada, debería dejarme en paz. 
Contengo una sonrisa de borracha y presiono el botón de re llamada. Responde al segundo timbre.




HELLOO SUCIAS!! Ah... Llore con solo releer el capitulo, no me gustan estas partes :'c 
Por favor, digan si no entienden algo o si hay algo de la novela que no les gusta, o cualquier cosa. Si?? 
Y por si alguien no sabe lo que es célibe *que lo van a nombrar mucho* acá les dejo el significado jajaja
Celibe: persona que se mantiene casto durante toda su vida *nogarchaAH* y no contraen matrimonio

Bueno eso ♥

Si dejan mas de 7 coments mañana subimos otro!! Gracias por leer @soloosoiimica y @paisbrenda ♥

5 comentarios:

  1. muy bueno,seguí subiendo!!!

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  2. Q desconcertante es pp! Muy buen cap!

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  3. Me encantó, aunque super triste! pobre Pau y cuanta intriga con Pedro! yo no conozco la historia y estoy re intrigada por saber que esconde!

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