martes, 3 de septiembre de 2013
Capitulo 6
Salgo de la habitación para encontrar a Pedro Alfonso esperando, apoyado contra la pared, viéndose como un modelo masculino en una pose para alguna brillante revista de alta calidad.
—Está bien, vayamos por el café —murmuro, poniéndome color remolacha.
Él sonríe.
—Después de usted, señorita Chaves. —Se endereza, extendiendo su mano para que pase primero. Hago mi camino por el pasillo, con mis rodillas inestables, mi estómago lleno de mariposas y mi corazón latiendo en mi boca con un dramático ritmo desigual.
Voy a tomar un café con Pedro Alfonso... y odio el café.
Caminamos juntos por el pasillo del hotel hasta los ascensores. ¿Qué debo decirle? Mi mente está paralizada repentinamente con aprensión. ¿De qué vamos a hablar? ¿Qué diablos tengo en común con él? Su voz suave y cálida me saca de mi ensueño.
—¿Cuánto tiempo hace que conoce a Zaira Nara?
Ah, una pregunta fácil para empezar.
—Desde nuestro primer año. Es una buena amiga.
—Hmm —responde, sin compromiso. ¿Qué está pensando?
En los ascensores, presiona el botón de llamada y suena el timbre casi de inmediato.
Las puertas deslizables se abren revelando a una joven pareja en un abrazo apasionado. Sorprendidos y avergonzados, se separan de un salto, mirando con aire de culpabilidad hacia todos lados excepto a nosotros. Alfonso y yo subimos al ascensor.
Luchando por mantener un rostro serio, miro hacia el suelo, sintiendo mis mejillas volverse rosadas. Cuando fisgoneo a través de mis pestañas hacia Pedro, observo un atisbo de sonrisa en sus labios, pero es muy difícil de decir. La joven pareja no dice nada y viajamos hacia el primer piso en un silencio embarazoso. Ni siquiera tenemos un pretencioso hilo musical que nos distraiga.
Las puertas se abren y, para mi sorpresa, Alfonso toma mi mano, apretándola con sus
largos y fríos dedos. Siento la corriente a través de mí y el latido de mi corazón se acelera. A medida que me ayuda a salir del ascensor, escuchamos la erupción de carcajadas reprimidas de la pareja detrás de nosotros. Alfonso sonríe.
—¿Qué es lo que tienen los ascensores? —murmura.
Cruzamos el amplio y animado vestíbulo del hotel hacia la entrada, pero Alfonso evita la
puerta giratoria y me pregunto si se debe a que tendría que soltar mi mano.
Afuera, es un templado domingo de mayo. El sol brilla y el tráfico es ligero. Alfonso gira
a la izquierda y camina hacia la esquina, donde nos detenemos a esperar a que cambie la luz del semáforo para peatones. Todavía está sosteniendo mi mano. Estoy en la calle y Pedro Alfonso está tomando mi mano. Nadie ha tomado mi mano. Me siento mareada y con un hormigueo en todo el cuerpo. Intento sofocar la mueca ridícula que amenaza con dividir mi rostro en dos. Trata de ser genial, Paula, mi subconsciente me implora.
Entonces, el hombrecito verde se enciende y comenzamos a caminar otra vez.
Caminamos cuatro cuadras antes de llegar al Café de Portland House, en donde Alfonso me
suelta para mantener la puerta abierta para que pueda entrar.
—¿Por qué no eliges una mesa mientras voy a buscar las bebidas? ¿Qué le gustaría? —pregunta, amable como siempre.
—Voy a tomar... um, un té English Breakfast, con la bolsa afuera.
Levanta las cejas.
—¿No café?
—No estoy interesada en el café.
Sonríe.
—Está bien, bolsa de té. ¿Azúcar?
Por un momento, estoy sorprendida, pensando que es una palabra de cariño, pero afortunadamente, mi subconsciente se activa con los labios fruncidos. No, estúpida. ¿Tomas azúcar?
—No, gracias. —Miro hacia abajo a mis dedos cruzados.
—¿Algo para comer?
—No, gracias. —Niego con la cabeza y se dirige al mostrador.
Lo miro disimuladamente desde debajo de mis pestañas mientras se encuentra en la
línea de espera para ser atendido. Podría mirarlo todo el día... es alto, de hombros
anchos, delgados y la forma en que los pantalones cuelgan de su cadera... ¡Oh Dios!
Pasa una o dos veces sus dedos largos y elegantes por su cabello seco, pero todavía
desordenado. Hmm... Me gustaría hacer eso. El pensamiento viene espontáneamente a mi
mente y mi rostro quema. Me muerdo el labio y miro abajo hacia mis manos otra vez,
sin gustarme el curso de mis pensamientos rebeldes.
—¿Un penique por tus pensamientos? —Alfonso está de vuelta, sorprendiéndome.
Me pongo color carmesí. Sólo estaba pensando acerca de cómo pasaría mis dedos por tu
cabello y me preguntaba si se sentiría suave al tacto. Niego con la cabeza. Está cargando una bandeja, la cual coloca en la pequeña y redonda mesa de abedul. Me da una taza y un plato, un vaso de agua pequeño y una bandeja que lleva una solitaria bolsita de té etiquetada como Twinings English Breakfast… mi favorito. Él tiene un café que lleva una maravillosa imagen de hoja impresa en la leche. ¿Cómo lo hacen? Me pregunto sin decir nada. También se compró un muffin de arándanos. Pone la bandeja a un lado, se sienta frente a mí y cruza sus largas piernas. Se le ve tan cómodo, tan a gusto con su cuerpo, lo envidio. Aquí estoy yo, toda torpe y descoordinada, apenas capaz de ir de A a B sin caer de bruces.
—¿Tus pensamientos? —pregunta.
—Éste es mi té favorito. —Mi voz es baja, entrecortada. Simplemente no puedo creer que esté sentada frente a Pedro Alfonso en una cafetería de Portland. Frunce el ceño.
Sabe que estoy ocultando algo. Hago estallar la bolsita de té en la tetera y casi de inmediato la tomo de nuevo con mi cucharilla. Mientras pongo de nuevo la bolsita de té usada en la bandeja, él ladea la cabeza, mirándome con curiosidad.
—Me gusta el té negro y poco cargado —murmuro en tono de explicación.
—Ya veo. ¿Es tu novio?
Whoa... ¿Qué?
—¿Quién?
—El fotógrafo. José Rodríguez.
Me río, nerviosa pero curiosa. ¿Qué le daría esa impresión?
—No. José es un buen amigo mío, eso es todo. ¿Por qué pensaste que era mi novio?
—La forma en que le sonreíste y él a ti. —Sus ojos grises sostienen mi mirada. Es tan desconcertante. Quiero mirar hacia otro lado, pero estoy atrapada… hechizada.
—Es más como familia —susurro.
Alfonso asiente con la cabeza ligeramente, al parecer satisfecho con mi respuesta y mira hacia su muffin de arándanos. Sus largos dedos retiran con habilidad el papel mientras lo miro fascinada.
—¿Quieres un poco? —me pregunta y esa sonrisa secreta y divertida está de regreso.
—No, gracias. —Frunzo el ceño y miro hacia mis manos de nuevo.
—Y el chico que conocí ayer en la tienda. ¿Es tu novio?
—No. Pablo es sólo un amigo. Te lo dije ayer. —Oh, esto se está poniendo tonto—. ¿Por qué me lo preguntas?
—Pareces nerviosa alrededor de los hombres.
Mierda, eso es personal. Sólo estoy nerviosa a tu alrededor, Alfonso.
—Te encuentro intimidante. —Me sonrojo hasta llegar a escarlata, pero mentalmente me doy palmaditas en la espalda por mi franqueza y vuelvo la mirada a mis manos otra vez. Puedo escucharlo inhalar fuertemente.
—Deberías encontrarme intimidante. —Asiente con la cabeza—. Eres muy honesta. Por favor, no bajes la mirada. Me gusta ver tu rostro. —Oh. Pongo la mirada en él y me da una sonrisa alentadora, pero irónica—. Me da una especie de idea de lo que podrías estar pensando. —Respira—. Eres un misterio, señorita Chaves.
¿Misteriosa? ¿Yo?
—No hay nada misterioso en mí.
—Creo que eres muy reservada —murmura.
¿Lo soy? Wow... ¿Cómo voy a manejar eso? Esto es desconcertante. ¿Yo, reservada? De ninguna manera.
—Excepto cuando te ruborizas, por supuesto, lo que sucede a menudo. Sólo desearía saber el por qué de tu rubor. —Lanza un pequeño trozo de muffin a su boca y comienza a masticarlo lentamente, sin despegar sus ojos de mí. Y por supuesto, como si fuera el momento justo, me ruborizo. ¡Mierda!
—¿Siempre haces ese tipo de observaciones personales?
—No me había dado cuenta que lo hacía. ¿Te he ofendido? —Sonaba sorprendido.
—No —contesto sinceramente.
—Bueno.
—Pero eres muy prepotente —contraataco tranquilamente.
Levanta sus cejas y, si no me equivoco, su cara se enrojece ligeramente también.
—Estoy acostumbrado a hacer las cosas a mi manera, Paula —murmura—. En todas las cosas.
—No lo dudo. ¿Por qué no me pediste que te llamara por tu nombre? —Estoy sorprendida por mi atrevimiento. ¿Por qué esta conversación se ha puesto tan seria?
No va de la manera que en que pensé que iba a ir. No puedo creer que esté sintiendo
tanta antipatía hacia él. Es como si estuviera intentando ahuyentarlo.
—Las únicas personas que usan mi nombre son mi familia y unos pocos amigos íntimos. Es así como quiero que sea.
Oh. Él todavía no me ha dicho, llámame Pedro. Es un fanático del control, no hay ninguna otra explicación y una parte de mí está pensando que quizás habría sido mejor que Zai lo hubiera entrevistado. Dos fanáticos del control juntos. Un añadido es que ella es casi rubia, como todas las mujeres en su oficina. Y es hermosa, me recuerda mi subconsciente. No me gusta la idea de Pedro y Zai juntos. Tomo un sorbo de mi té y Alfonso come otro pequeño trozo de su muffin.
—¿Eres hija única? —pregunta.
Oh… cambio de tema.
—Sí.
—Háblame sobre tus padres.
¿Por qué quiere saber esto? Esto es tan aburrido.
—Mi madre vive en Georgia con su nuevo marido, Bob. Mi padrastro vive en Montesano.
—¿Y tu padre?
—Mi padre murió cuando yo era un bebé.
—Lo siento —murmura y una fugaz mirada triste cruza su rostro.
—No lo recuerdo.
—¿Y tu madre volvió a casarse?
Resoplo.
—Se podría decir eso.
Frunce el entrecejo.
—No me das mucha información, ¿verdad? —dice secamente, frotando su barbilla como si pensara profundamente.
—Tú tampoco.
—Tú me has interrogado ya una vez y yo trato de hacer algunas preguntas. —Me sonríe.
¡Mierda! Él está recordando la pregunta "homosexual". Una vez más, me mortifico.
Durante los próximos años, lo sé, necesitaré terapia intensiva para no sentirme avergonzaba cada vez que recuerde ese momento. Empiezo a balbucear sobre mi madre… cualquier cosa para bloquear ese recuerdo.
—Mi madre es maravillosa. Es una romántica incurable. Actualmente va por su cuarto marido.
Levanta sus cejas sorprendido.
—La echo de menos —continúo—. Ella tiene ahora a Bob. Y sólo espero que él pueda estar pendiente de ella y recoger sus pedacitos cuando sus planes no vayan como estaba previsto. —Sonrío con cariño. No he visto a mi madre desde hace mucho tiempo.
Pedro está mirándome fijamente, tomando sorbos de su café de vez en cuando.
Realmente no debería mirar su boca. Esos labios… son inquietantes.
—¿Te llevas bien con tu padrastro?
—Por supuesto. Crecí con él. Es el único padre que conozco.
—¿Y cómo es él?
—¿Ray? Es… reservado.
—¿Eso es todo? —pregunta Alfonso, sorprendido.
Me encojo de hombros. ¿Qué espera este hombre? ¿La historia de mi vida?
—Reservado como su hijastra —sugiere Alfonso.
Me abstengo de poner mis ojos en blanco hacia él.
—Le gusta el fútbol, el fútbol europeo sobre todo, los bolos, pescar y hacer muebles. Es carpintero. Ex carpintero —suspiro.
—¿Viviste con él?
—Sí. Mi madre encontró a su tercer marido cuando yo tenía quince años. Y me quedé con Ray.
Frunce el entrecejo como si no entendiera.
—¿No quisiste ir a vivir con tu madre? —pregunta.
Me ruborizo. Esto realmente no es de su incumbencia.
—Su tercer marido vivía en Texas. Mi casa estaba en Montesano. Y… ya sabes, mi mamá estaba recién casada. —Me detengo.
Mamá nunca habla sobre su tercer marido. ¿Hacia dónde quiere ir Alfonso con esto? Esto no es de su incumbencia. Los dos podemos jugar a este juego.
—Háblame sobre tus padres —pregunto.
Él se encoge de hombros.
—Mi padre es abogado, mi madre es pediatra. Ellos viven en Seattle.
¡Ah…! él pertenece a una familia acomodada. Y me pregunto por la próspera pareja que adopta a tres niños, uno de ellos se convierte en un atractivo hombre que asume el control empresarial y lo conquista sin la ayuda de nadie. ¿Qué lo llevó a ser así? Sus padres deben de estar orgullosos.
—¿Qué hacen tus hermanos?
—Elliot trabaja en construcción y mi hermana pequeña está en París, estudiando cocina bajo la supervisión de algún famoso chef francés.
Sus ojos se nublan con irritación. No quiere hablar de su familia o de sí mismo.
—He oído que París es encantador —murmuro. ¿Por qué no quiere hablar sobre su familia? ¿Porque es adoptado?
—Es bonito. ¿Has estado ahí? —pregunta, su irritación desaparece.
—Nunca he salido de Estados Unidos. —Así que ahora regresamos a las trivialidades.
¿Qué está escondiendo?
—¿Te gustaría ir?
—¿A París? —rechino. Esto me desconcierta, ¿quién no querría ir a París?—. Claro —admito—. Pero es Inglaterra lo que realmente me gustaría visitar.
Inclina su cabeza a un lado, recorriendo con su dedo índice su labio inferior… ¡Oh, Dios!
—¿Por qué?
Parpadeo rápidamente. Concéntrate, Chaves.
—Está la casa de Shakespeare, Austen, las hermanas Brontë, Thomas Hardy. Me gustaría ver los lugares que inspiraron a esas personas para escribir eso maravillosos libros.
Toda esta charla sobre los clásicos literarios me recuerda que debería estar estudiando.
Echo una ojeada a mi reloj.
—Será mejor que me vaya. Tengo que estudiar.
—¿Para tus exámenes?
—Sí. Comienzan el martes.
—¿Dónde está el automóvil de la señorita Nara?
—En el estacionamiento del hotel.
—Te acompaño.
—Gracias por el té, señor Alfonso.
Sonríe divertido y percibo una enorme sonrisa secreta.
—Eres bienvenida, Paula. Es un placer. Ven —ordena y me tiende su mano.
La tomo, aturdida y lo sigo fuera de la cafetería.
Paseamos de vuelta al hotel y me gustaría decir que el silencio es afable. Él parece tranquilo al menos, seguro de sí mismo. En cuanto a mí, estoy intentando evaluar desesperadamente cómo ha ido nuestro café de la mañana. Me siento como si me hubiera entrevistado para un empleo, pero no estoy segura de que sea eso.
—¿Siempre llevas pantalón? —pregunta inesperadamente.
—Normalmente.
Asiente con la cabeza. Estamos de regreso en la intersección, frente al hotel. Mi mente está dando vueltas. Qué pregunta tan extraña… Y soy consciente de que nuestro tiempo juntos es limitado. Eso es todo. Es así y lo he echado a perder por completo, lo sé.
Quizás él tiene a alguien.
—¿Tienes novia? —digo bruscamente. ¡Santo cielo! ¿Acabo de decir eso en voz alta?
Sus labios se curvan en una peculiar medio sonrisa y mira hacia abajo, hacia mí.
—No, Paula. No tengo novia —dice suavemente.
¡Oh…! ¿Qué significa? ¿No es homosexual? Oh, quizás es… ¡mierda! Debe de haberme mentido en su entrevista. Y por un momento, creo que va a continuar con alguna explicación, alguna pista sobre esta criptica declaración, pero no lo hace. Tengo que irme. Tengo que intentar reordenar mis pensamientos. Tengo que alejarme de él.
Camino hacia adelante y tropiezo, saliendo precipitadamente hacia el camino.
—¡Mierda, Pau! —grita Alfonso. Me toma de la mano y lo hace con tanta fuerza que caigo contra él, justo cuando un ciclista pasa a toda velocidad yendo en la dirección incorrecta por la calle de sentido único y casi me atropella.
Todo pasa tan rápido, en un minuto estoy cayendo, al próximo estoy en sus brazos y él me está sosteniendo fuertemente contra su pecho.
Inhalo su aroma limpio y vital. Él huele a ropa de lino recién lavada y a algún caro gel de baño. ¡Oh Dios, es embriagador!
Inhalo profundamente.
—¿Estás bien? —susurra. Tiene un brazo a mí alrededor, estrechándome contra él, mientras los dedos de su otra mano trazan suavemente mi rostro, sondeando suavemente, examinándome. Su pulgar roza mi labio inferior y escucho cómo contiene la respiración. Está mirándome fijamente a los ojos y sostengo su mirada ansiosa, ardiente durante un momento o quizás sea por siempre… pero finalmente, su hermosa boca atrae mi atención. ¡Oh Dios! Y por primera vez en veintiún años, quiero ser besada. Quiero sentir su boca contra la mía.
Perdón, perdón, PEEERDÓOOOOOON!!... Bueno, que hacen buachos?? Ah... Yo *@paisbrenda* tengo una indignación loco!! Porque?? Porque eligieron personajes para la película de "50 Sombras" y no me gustaron. Osea, Anastasia tenia que ser Alexis Bledel o Ashley Benson, y Christian tenia que ser Matt Bomer!! Una bromk vo'!! No se que les cuento si ni pelota dan jajaj, igual las odiQUIERO :)
Dice Mica que GRACIAS POR LEER *estoy de acuerdo* y que disculpen por la tardanza, sorry.
Bueno, comenten que ya falta poquito para entrar de lleno en la historia bhsbfakslndsbdhbsdkshbf... Pueden hacerlo acá o en nuestros tw's @soloosoiimica y/o @paisbrenda
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
muy bueno,seguí subiendo..
ResponderEliminarExcelente cap!!!! Espero caps + seguido please
ResponderEliminarHa tardado un poco.... pero bue... las perdono.... jajajjajajajja ... Pobre Pauli, ya cayó en sus redes.
ResponderEliminarme gusto mucho el capitulo!! espero que hoy puedas subir!! :D
ResponderEliminarME ENCANTA LA NOVELA! ESPERO EL PROXIMO CAP
ResponderEliminar