sábado, 28 de septiembre de 2013

Capitulo 14

¿Cuáles son las reglas que tengo que seguir?
—Las tengo bajo escrito. Las revisaremos una vez hayamos comido. 
Comida. ¿Cómo puedo comer ahora? 
—No estoy realmente hambrienta —susurro.
—Comerás —dice simplemente. Pedro el Dominante, todo se vuelve claro ahora—. ¿Te gustaría otra copa de vino?  
—Sí, por favor. 
Vierte vino en mi copa y viene a sentarse a mi lado. Tomo un sorbo apresurado.  
—Sírvete, Paula. 
Tomo un racimo pequeño de uvas. Esto lo puedo manejar. Entorna los ojos. 
—¿Llevas largo rato siendo así? —pregunto. 
—Sí. 
—¿Es fácil encontrar mujeres que quieran hacer esto? 
Enarca una ceja. 
—Te sorprenderías —dice con sequedad. 
—Entonces, ¿por qué yo? Realmente no lo entiendo.
—Paula, ya te lo he dicho. Hay algo en ti. Simplemente no puedo alejarme. —Sonríe irónicamente—. Soy como la polilla a la llama. —Su voz se oscurece—. Te quiero de una forma tan terrible, especialmente ahora, cuando estás mordiendo tu labio de nuevo. —Toma una profunda respiración y traga. 

Mi estómago se sobresalta, él me desea… de una extraña manera, cierto, pero este hermoso, extraño y pervertido hombre me desea. 

—Pienso que tienes ese cliché al revés —me quejo. Yo soy la polilla y él la llama y me voy a quemar. Lo sé. 
—¡Come! 
—No, no he firmado nada todavía, así que pienso que tiraré de mi libertad un poco más, si eso está bien para ti. 
Sus ojos se suavizan y sus labios cambian a una sonrisa. 
—Como desee, señorita Chaves. 
—¿Cuántas mujeres? —Suelto la pregunta. Pero soy muy curiosa. 
—Quince. 
Oh… no tantas como había pensado. 
—¿Por largos periodos de tiempo? 
—Algunas de ellas, si. 
—¿Alguna vez heriste a alguna? 
—Sí. 
Santa mierda 
—¿Gravemente? 
—No. 
—¿Vas a herirme? 
—¿Qué quieres decir? 
—Físicamente, ¿vas a herirme? 
—Te castigaré cuando lo requieras y será doloroso. 
Creo que me siento un poco débil. Tomo otro sorbo de vino. Alcohol, esto me hará más valiente.
—¿Alguna vez has sido golpeado? —pregunto.
—Sí. 

Oh… eso me sorprende. Antes de que pueda preguntarle más sobre esta revelación, interrumpe mi tren de pensamientos. 
—Discutámoslo en mi estudio. Quiero mostrarte algo. 

Esto es muy duro de procesar. Allí estaba yo, tontamente pensando que me gustaría pasar una noche de pasión en la cama de este hombre y en realidad, estábamos negociando este extraño acuerdo. 
Lo sigo dentro de su estudio, una espaciosa habitación con otra ventana del piso al techo que se abre hacia afuera en un balcón. Se sienta al escritorio, indicándome con un movimiento que me siente en un sillón de cuero frente a él y me entrega una hoja de papel. 
—Estas son las reglas. Pueden estar sujetas a cambios. Forman parte del contrato, que también puedes tener. Lee las reglas y las discutiremos. 

REGLAS

Obediencia: 
La Sumisa obedecerá todas las instrucciones dadas por el Dominante de inmediato, sin vacilación ni reservas y de manera expedita. La Sumisa estará de acuerdo con cualquier actividad sexual considerada adecuada y agradable por el Dominante, con excepción de aquellas actividades que se detallan en los límites de dureza (Anexo 2). Lo hará con entusiasmo y sin titubeos. 

Dormir: 
La Sumisa se asegurará de alcanzar un mínimo de siete horas de sueño por noche cuando no esté con el Dominante. 

Comida:
La Sumisa comerá regularmente para mantener su salud y bienestar de una lista de alimentos (Anexo 4). La Sumisa no ingerirá alimentos entre comidas, con excepción de fruta.

Vestimenta: 
Durante el plazo, la Sumisa vestirá solo lo aprobado por el Dominante. El Dominante proporcionará un presupuesto de ropa a la Sumisa, el cual la Sumisa debe utilizar. El Dominante deberá acompañar a la Sumisa a comprar sobre una base ad hoc (Se refiere al término utilizado por los jueces que literalmente significa “específicamente para este fin”. Es decir que la va a acompañar a comprar ropa solo para el fin del contrato). Si el Dominante así lo exige, la Sumisa deberá usar, durante el plazo, cualquier adorno que el Dominante requiera, en presencia del Dominante y en cualquier otro momento que el Dominante considere conveniente. 

Ejercicio: 
El Dominante proveerá a la Sumisa un entrenador personal cuatro veces por semana en sesiones de una hora de duración, en horarios de mutuo acuerdo entre el entrenador personal y la Sumisa. El entrenador personal reportará al Dominante sobre el progreso de la Sumisa. 

Higiene personal / belleza: 
La Sumisa se mantendrá limpia y afeitada y/o depilada en todo momento. La Sumisa visitará el salón de belleza de la elección del Dominante las veces que decida el Dominante y se someterá a tratamientos que el Dominante crea convenientes. 

Cuidado personal: 
La Sumisa no beberá en exceso, no fumará, no tomará drogas recreativas o se expondrá a cualquier peligro innecesario. 

Cualidades personales: 
La Sumisa no tendrá relaciones sexuales con alguien que no sea el Dominante. La Sumisa se conducirá de una manera respetuosa y modesta en todo momento. Debe reconocer que su comportamiento es un reflejo directo del Dominante. Ella se hará responsable por cualquier delito, error o mala conducta cometida cuando no esté en presencia del Dominante. 

El incumplimiento de cualquiera de los anteriores, resultará en un castigo inmediato, cuya naturaleza será determinada por el Dominante. 

Santa mierda. 
—¿Límites de dureza? —pregunto. 
—Si. Lo que no vas a hacer, lo que no voy a hacer, tenemos que especificarlo en nuestro contrato. 
—No estoy segura sobre aceptar dinero para ropa. Se siente incorrecto. —Me muevo incómodamente. 
—Quiero despilfarrar dinero sobre ti, déjame comprarte unas cuantas prendas. Quizás necesite que me acompañes a algunas funciones y quiero que vistas bien. Estoy seguro de que tu salario, cuando consigas un trabajo, no va a cubrir el tipo de ropa que me gustaría que uses. 
—¿No tendré que usarlos cuando no esté contigo? 
—No. 
—De acuerdo. —Piensa en ello como un uniforme. 
—No quiero ejercicios cuatro veces a la semana.
—Paula, te necesito flexible, fuerte y con resistencia. Créeme. Necesitas ejercicio. 
—Pero seguramente no cuatro veces a la semana, ¿qué tal tres? 
—Quiero que hagas cuatro. 
—¿Pensaba que esto era una negociación? 
Frunce los labios en mi dirección. 
—De acuerdo, señorita Chaves, otro punto bien hecho. ¿Qué te parece una hora por tres días y un día de media hora?
—Tres días, tres horas. Tengo la impresión de que vas a mantenerme ejercitada cuando este aquí. 
Sonríe con malicia y sus ojos brillan como aliviados.  
—Sí, lo haré —estuvo de acuerdo—. ¿Segura de que no quieres practicar en mi compañía? Eres buena negociando. 
—No, no pienso que sea buena idea. —Miro abajo, hacia sus reglas. ¡Depilación! ¿Depilar qué? ¿Todo? Uf. 
—Entonces, límites. Estos son los míos. —Me da otra hoja de papel. 

Límites de dureza: 
 No actos que involucren encender fuego.
 No actos que involucren micción, defecación y derivados. 
 No actos que involucren agujas, cuchillos, piercings o sangre. 
 No actos que involucren instrumentos médicos ginecológicos.
 No actos que involucren niños o animales. 
 No actos que puedan dejar marcas permanentes en la piel. 
 No actos que involucren control de la respiración. 

Ugh. ¡Tenía que escribir esto hasta abajo! Por supuesto, todo ello luce muy sensible y, francamente, necesario… a cualquier persona sana no le gustaría estar involucrada en este tipo de cosas ¿no? Aunque ahora, me siento un poco mareada. 

—¿Hay algo que te gustaría agregar? —pregunta amablemente. 
Mierda. No tengo idea. Estoy completamente perpleja. Me mira y frunce el ceño. 
—¿Hay algo que no quieras hacer? 
—No lo sé. 
—¿Qué quieres decir con que no lo sabes?  
Me remuevo incómoda y muerdo mi labio.
—Nunca he hecho algo como esto. 
—Bueno, cuando has tenido sexo, ¿hubo algo que no te gustara hacer? 
Por primera vez en lo que parecían ser años, me sonrojo. 
—Puedes decirme, Paula. Debemos ser honestos con el otro o esto no va a funcionar. 
Me remuevo incómoda nuevamente y miro mis dedos entrelazados. 
—Dime —ordena. 
—Bueno… nunca antes he tenido sexo, así que no sé. —Mi voz se reduce. Lo miro y él está mirándome, con la boca abierta, congelado y pálido, muy pálido. 
—¿Nunca? —Susurra. Niego con la cabeza.
—¿Eres virgen? —Respira. Asiento con la cabeza, enrojeciendo de nuevo. Cierra los ojos y parece como si contara hasta diez. Cuando los abre nuevamente, está enojado, mirándome. 

—¿Por qué mierda no me lo dijiste? —gruñe. 







HI BITCHS!! Acá les dejamos dos capítulos  en el que otra vez les amagamos jajaj, pero no se preocupen, YA va a venir lo que quieren :d
Bueno, comenten y kcio, si quieren pueden seguir la nove no se c: 
Comenten acá o en @soloosoiimica y/o @paisbrenda

Les dejamos muchos kisses nalgables (?
  

6 comentarios:

  1. jajaja todo un enfermito el chico!!! encima Pau es virgen!!! qué linda manera de comenzar! buenísimo chicas! suban más!!!

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  2. Buenísimos los 2 caps!!! Qué complicados: ella virgen y él patético. ¿De qué tiene miedo que quiere hacerle firmar tantos contratos??? Está genial esta historia

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  3. Atrapante,mira que es retorcido el chico ja ja ja! Felicitaciones geniassss!

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  4. jajajaja aiii este pedro da miedooo!!! y porque tantos contratos por firmar??? aii me tiene intrigada!! porfaaa subii hoy!!!

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  5. esta muy buena la novela, cuando volves a subir???

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