miércoles, 25 de septiembre de 2013
Capitulo 12
Cuando estamos más cerca, me doy cuenta que es más grande de lo que pensaba. Esperaba que fuera una versión compacta para dos, pero este tiene al menos siete asientos. Pedro abre la puerta y me dirige hacia uno de los asientos del frente.
—Siéntate, no toques nada —me ordena mientras se sube detrás de mí.
Cierra la puerta. Me alegra que el área este iluminada, de otra forma, me hubiera costado trabajo ver dentro de la pequeña cabina. Me siento en mi asiento y él se hinca a un lado de mí para ponerme los arneses. Es un arnés de cuatro puntas con todas las correas conectadas a un seguro central. Ajusta las dos correas superiores, así que apenas me puedo mover. Está tan cerca y concentrado en lo que está haciendo. Si me inclinara hacia adelante, mi nariz estaría en su cabello. Huele limpio, fresco, celestial, pero estoy asegurada en mi asiento y totalmente inmóvil. Él voltea a verme y sonríe, como si estuviera disfrutando un chiste privado, sus ojos grises cálidos. Está tan tentadoramente cerca. Detengo mi respiración mientras él estira una de las correas superiores.
—Asegurada, no hay escape —murmura, sus ojos son abrasadores—. Respira, Paula —añade suavemente. Levanta su mano y acaricia mi mejilla, pasando sus dedos largos hacia mi barbilla, la cual toma entre su pulgar y dedo índice. Se inclina y planta un corto y puro beso en mis labios, dejándome anonadada, mi interior conmocionado por la emoción del inesperado toque de sus labios.
—Me gusta este arnés —murmuro.
¿Qué?
Se sienta a mi lado y se abrocha el cinturón y entonces, comienza un prolongado procedimiento de chequear indicadores, mover interruptores y botones de la alucinante matriz de diales, luces e interruptores frente a mí. Pequeñas luces parpadean y brillan en diversos diales y el panel completo se enciende.
—Ponte tus auriculares —dice, apuntando al juego de auriculares frente a mí. Me los pongo y las hélices se encienden. Son ensordecedoras. Él se pone sus auriculares y continúa moviendo varios interruptores.
—Sólo estoy haciendo la rutina de chequeos antes de volar. —La voz de Pedro está en mis oídos a través de los auriculares. Volteo y le sonrío.
—¿Sabes qué estás haciendo? —pregunto. Voltea y me sonríe.
—He sido un piloto calificado por cuatro años, Paula, estás a salvo conmigo. —Y me da una sonrisa lobuna—. Bueno, mientras estemos volando. —Añade y guiña.
Guiñando… ¡Pedro!
—¿Estás lista?
Asiento con los ojos muy abiertos.
—Okay, torre. PDX, este es Charlie Tango Golf, Golf Echo Hotel, libre para despegar. Por favor confirmar, cambio.
—Charlie Tango, estás libre. PDX llamar, preceder a uno cuatro mil, dirigiéndose cero
uno cero, cambio.
—Torre Roger, Charlie Tango listo, cambio y fuera. Aquí vamos —añade para mí y el helicóptero se eleva lenta y suavemente en el aire.
Portland desaparece frente a nosotros cuando nos aproximamos al espacio aéreo estadounidense, aunque mi estómago continúa firmemente en Oregon. ¡Wow! Todas las luces se encogen hasta que parpadean dulcemente bajo nosotros. Es como mirar hacia afuera desde una pecera. Una vez que estamos más alto, realmente no hay nada para ver. Es negro como la boca de un lobo, ni siquiera la luna derrama alguna luz sobre nuestro viaje. ¿Cómo puede ver hacia dónde vamos?
—Sobrecogedor ¿no? —La voz de Pedro está en mi oído.
—¿Cómo sabes que vas en el camino correcto?
—Aquí. —Señala con su dedo índice uno de sus indicadores y me muestra una brújula electrónica—. Esto es un Eurocopter EC135. Uno de los más seguros de su clase. Está equipado para el vuelo nocturno. —Me da un vistazo y sonríe.—Hay una pista de aterrizaje en la cima del edificio donde vivo. Hacia allá nos dirigimos.
Desde luego que hay una pista de aterrizaje donde él vive. Estoy tan fuera de mi liga aquí. Su rostro está suavemente iluminado por las luces del panel de instrumentos.
Está muy concentrado mientras continuamente mira varios diales al frente. Me empapo en sus rasgos, mirándolo de reojo. Tiene un perfil hermoso. La nariz recta, la mandíbula cuadrada; me gustaría recorrer con mi lengua toda su mandíbula. No se ha afeitado y su barba hace el panorama doblemente tentador. Mmm... Me gustaría sentir que tan áspera es bajo mi lengua, mis dedos, contra mi rostro.
—Cuando vuelas en la noche, vuelas sin visibilidad. Tienes que confiar en tus instrumentos. —Interrumpe mi sueño erótico.
—¿Cuánto durará el vuelo? —consigo decir, jadeando. No estaba pensando en sexo en absoluto, no, de ninguna manera.
—Menos de una hora, el viento está a nuestro favor.
Mmm, menos de una hora para Seattle... eso no está mal, no importa que estemos volando.
Tengo menos de una hora antes de la gran revelación. Todos los músculos en mi vientre se aprietan, fuerte. Tengo un serio caso de mariposas. Se multiplican en mi estómago. Oh, mierda, ¿qué tiene reservado para mí?
—¿Estás bien, Paula?
—Sí. —Mi respuesta es corta y sale con dificultad por mis nervios.
Creo que sonríe, pero es difícil decirlo en la oscuridad. Pedro mueve otro interruptor.
—PDX, esto es Charlie Tango ahora a los mil cuatrocientos, cambio. —Él intercambia información con el control de tráfico aéreo. Todo suena muy profesional para mí. Creo que nos movemos del espacio aéreo de Portland al Aeropuerto Internacional de Seattle.
—Sea-Tac entendido, cambio y fuera.
—Mira hacia allá. —Señala a una pequeña luz a lo lejos—. Eso es Seattle.
—¿Siempre impresionas a las mujeres de ésta manera? “Ven y vuela en mi helicóptero”—le pregunto, genuinamente interesada.
—Nunca traje a una mujer aquí, Paula. Es otra primera vez para mí también. —Su voz es tranquila, seria.
Oh, esa es una respuesta inesperada. ¿Otra primera vez? ¿Oh, lo de dormir con alguien, tal vez?
—¿Estás impresionada?
—Estoy intimidada, Pedro.
Él sonríe.
—¿Intimidada? —Y por un breve momento, él tiene su edad de nuevo.
Asentí.
—Eres tan... competente.
—¡Vaya! Gracias señorita Chaves —dice cortésmente. Creo que está contento, pero no estoy segura.
Sea-Tac, Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma.
Volamos en silencio por la oscuridad de la noche por un tiempo. La mota brillante que es Seattle, poco a poco se hace más grande.
—Torre de Sea-Tac a Charlie Tango. Plan de vuelo hacia Escala. Por favor, continúe y esté alerta. Fuera.
—Esto es Charlie Tango, entendido Sea-Tac. Estoy alerta, cambio y fuera.
—Realmente disfrutas esto —murmuro.
—¿Qué? —Me mira. Parece burlón a la penumbra de los instrumentos.
—Volar —contesté.
—Requiere control y concentración... ¿Cómo podría no amarlo? Aunque prefiero volar.
—¿Volar?
—Sí. Volar sin motor. Planeadores y helicópteros. Piloteo ambos.
—Ah. —Aficiones caras. Lo recuerdo diciéndome eso durante la entrevista. A mí me gusta leer y en ocasiones ir a ver películas. Soy más común.
—Charlie Tango adelante, por favor, cambio. —La voz incorpórea de control aéreo interrumpe mi sueño. Pedro responde, sonando controlado y seguro.
Seattle se está acercando. Ahora estamos realmente afuera. ¡Oh! Luce absolutamente impresionante. Seattle de noche, desde el cielo...
—Luce bien, ¿no? —murmura.
Asiento entusiasmada. Parece de otro mundo, irreal y me siento como en el reparto de una película de gigantes, tal vez la película favorita de José, Bladerunner. El recuerdo del intento de beso de José me atormenta. Me empiezo a sentir un poco cruel por no llamarlo. Puede esperar hasta mañana... Seguro.
—Estaremos allí en unos minutos —murmura Pedro y de repente, mi sangre palpita en mis oídos mientras los latidos de mi corazón se aceleran y la adrenalina recorre mi sistema. Empieza a hablar de nuevo con control aéreo, pero no escucho más.
Oh mi... Creo que me voy a desmayar. Mi destino está en sus manos.
Ahora volamos entre los edificios y frente a nosotros, puedo ver un rascacielos con una pista de aterrizaje en la cima. La palabra “Escala” está pintada en blanco en la cima del edificio. Está cada vez más cerca, se hace cada vez más y más grande... Como mi ansiedad. Dios, espero no defraudarlo. Él me encontrará carente de algo. Desearía haber escuchado a Zai y haber tomado uno de sus vestidos, pero a mí me gustan mis jeans negros, estoy usando una camisa verde claro y la chaqueta negra de Zai. Me veo elegante.
Sujeto el borde de mi asiento cada vez más fuerte. Puedo hacerlo. Puedo hacerlo. Canto ese mantra mientras descendemos.
El helicóptero reduce la marcha, se sostiene en el aire y Pedro lo deja sobre la pista de aterrizaje en la cima del edificio. Mi corazón está en mi boca. No puedo decir si es por nervios anticipados, alivio de que llegamos vivos o miedo de que de alguna manera fallaré. Él apaga el motor, el sonido del rotor disminuye y se tranquiliza hasta que escucho el sonido de mi respiración irregular. Pedro se quita sus auriculares, alcanza los míos y también los quita.
—Estamos aquí —dice suavemente.
Su mirada es tan intensa, la mitad en las sombras y la otra mitad iluminada por las luces de aterrizaje. El caballero oscuro y el caballero blanco, es una metáfora apropiada para Pedro. Parece tenso. Su mandíbula está apretada y sus ojos ceñidos.
Desata su cinturón de seguridad y se estira para desatar el mío. Su rostro a centímetro del mío.
—No tienes que hacer nada que no quieras, sabes eso, ¿no? —Su tono es tan serio, incluso desesperado, sus ojos grises apasionados. Me toma por sorpresa.
—Nunca haría algo que no quisiera, Pedro. —Y mientras digo las palabras, no estoy completamente convencida, porque en este momento, probablemente haría cualquier cosa por este hombre sentado a mi lado. Pero eso hace la magia. Él está calmado.
Me mira con cautela por un momento y de alguna manera, aunque es tan alto, logra hacer con gracia su camino hacia la puerta del helicóptero y abrirla. Salta fuera, esperando que lo siga y toma mi mano cuando me deslizo hacia abajo a la pista de aterrizaje. Hace mucho viento en la cima del edificio y estoy nerviosa por el hecho de que estoy soportando al menos a treinta metros de altura. Pedro rodea mi cintura con su brazo, atrayéndome fuertemente contra él.
—Vamos —grita sobre el ruido del viento. Me arrastra hacia un ascensor y, después de tocar un número en el teclado, la puerta se abre. Dentro está cálido y lleno de espejos.
Puedo mirar a Pedro hacia donde sea que mire y lo maravilloso es que me está llevando al infinito también. Pedro introduce otro código en el teclado, luego las puertas se cierran y el ascensor desciende.
Momentos más tarde, estamos en un vestíbulo blanco. En el centro hay una oscura mesa redonda de madera y sobre ésta, un ramo increíblemente enorme de flores blancas. En las paredes, hay cuadros en todas partes. Él abre una puerta doble y el blanco continúa por el pasillo, directamente hacia una gran habitación. Es la sala de estar, con techos altísimos. Enorme es una palabra demasiado pequeña para esto. La pared lejana es de cristal y conduce a un balcón con vista a todo Seattle.
A la derecha hay un imponente sofá con forma de “u”, en el cual pueden sentarse diez adultos cómodamente. Frente a este, una chimenea moderna de acero inoxidable o platino… algo así. El fuego alumbra y arde con cuidado. A nuestra izquierda, por el camino de entrada, está la cocina. Toda de blanco, con encimeras oscuras de madera y una larga barra de desayuno para seis personas.
Cerca de la zona de la cocina, frente a la pared de vidrio, hay una mesa para cenar rodeada por dieciséis sillas. Y en la esquina hay un piano de cola negro brillante. Oh, sí... Probablemente él también toca el piano. Hay arte de todas las formas y tamaños en todas las paredes. De hecho, el apartamento parece más una galería que un lugar para vivir.
—¿Puedo tomar tu chaqueta? —pregunta Pedro. Niego con la cabeza. Todavía tengo frío por el viento en la pista de aterrizaje.
—¿Quieres una bebida? —pregunta él. Parpadeo.
¡Después de ayer en la noche! ¿Está tratando de ser gracioso? Por un segundo, pienso en pedirle una margarita, pero no tengo el valor.
—Voy a tomar una copa de vino blanco ¿te gustaría acompañarme?
—Sí, por favor —murmuro.
Estoy de pie en esta enorme sala, sintiéndome fuera de lugar. Me acerco a la pared de cristal y me doy cuenta que la mitad inferior de la pared se abre hacia el balcón al estilo acordeón. Seattle está iluminado y animado en el fondo. Camino de regreso a la zona de la cocina —eso toma algunos segundos ya que está muy lejos de la pared de vidrio— y Pedro está abriendo una botella de vino. Se ha quitado la chaqueta.
—¿Pouilly Fumé está bien para ti?
—No sé nada sobre vinos, Pedro. Estoy segura de que estará bien. —Mi voz es baja y vacilante. Mi corazón late con fuerza. Quiero huir. Esto es seriamente suntuoso.
Seriamente excesivo al estilo acaudalado de Bill Gates. ¿Qué estoy haciendo aquí?
Sabes muy bien qué estás haciendo aquí, mi subconsciente se burla de mí. Sí, quiero estar en la cama de Pedro Alfonso.
—Aquí tienes. —Me da una copa de vino. Incluso las copas son suntuosas... pesadas, contemporáneas y de cristal. Tomo un sorbo y el vino es ligero, fresco y delicioso.
—Estás muy callada y ni siquiera estás sonrojándote. De hecho, creo que esto es lo más pálida que te he visto, Paula —murmura—. ¿Tienes hambre?
Niego con la cabeza. No de comida.
—Tienes un lugar muy grande aquí.
—¿Grande?
—Grande.
—Es grande. —Coincide y sus ojos brillan con diversión. Tomo otro sorbo de vino.
—¿Tocas? —Apunto con mi barbilla hacia el piano.
—Sí.
—¿Bien?
—Sí.
—Por supuesto que sí. ¿Hay algo que no puedas hacer bien?
—Sí... un par de cosas. —Toma un sorbo de vino. No quita sus ojos de mí. Los siento siguiéndome cuando me doy la vuelta y echo un vistazo alrededor de esta enorme sala.
Sala es una palabra incorrecta. Esta no es una sala, es una declaración de principios.
—¿Quieres sentarte?
Asiento con la cabeza, él toma mi mano y me lleva al extenso sofá blanco grisáceo. Cuando me siento, estoy sorprendida por el hecho de que me siento como Tess Durbeyfield, contemplando la nueva casa que pertenece al célebre Alec D'Urberville.
El pensamiento me hace sonreír.
—¿Qué es tan divertido? —Se sienta a mi lado, volviéndose para mirarme a la cara.
Reposa la cabeza en su mano derecha, con su codo apoyado en el respaldo del sofá.
—¿Por qué me regalaste específicamente Tess of the D'Urbervilles? —pregunto. Pedro me mira fijamente por un momento. Creo que está sorprendido por mi pregunta.
—Bueno, dijiste que te gustaba Thomas Hardy.
—¿Esa es la única razón? —Incluso yo puedo escuchar la decepción en mi voz. Su boca se aprieta en una línea dura.
—Me pareció apropiado. Podía mantenerte en un ideal imposiblemente alto, como Angel Clare o degradarte por completo, como Alec D'Urberville —murmura y sus ojos grises brillan oscuros y peligrosos.
—Si sólo hay dos opciones, me quedo con la degradación —susurro, mirándolo fijamente. Mi subconsciente está mirándome con asombro. Él jadea.
—Paula, deja de morderte el labio, por favor. Es muy distractor. No sabes lo que estás diciendo.
—Es por eso que estoy aquí.
Frunce el ceño.
—Sí. ¿Me disculpas un momento? —Desaparece por una puerta ancha al lado opuesto de la sala. Se va por un par de minutos y vuelve con un documento.
—Este es un acuerdo de confidencialidad. —Se encoge de hombros y tiene la gracia de verse un poco avergonzado—. Mi abogado insiste en ello. —Me lo entrega. Estoy completamente perpleja—. Si optas por la segunda opción, la degradación, tendrás que firmar esto.
—¿Y si no quiero firmar nada?
—Entonces, serán los altos ideales de Angel Clare, bueno, por la mayor parte del libro de todos modos.
—¿Qué significa este acuerdo?
—Significa que no puedes revelar nada sobre nosotros. Nada, a nadie.
Lo miro con incredulidad. Mierda. Esto es malo, realmente malo y ahora estoy muy curiosa por saber.
—Está bien. Firmaré.
Me da una pluma.
—¿Ni siquiera vas a leerlo?
—No.
Frunce el ceño.
—Paula, siempre debes leer cualquier cosa que firmes —me aconseja.
—Pedro, lo que no entiendes es que no hablaría de nosotros con nadie, de todos modos. Ni siquiera con Zai. Por lo tanto, es irrelevante si firmo un acuerdo o no. Si eso significa tanto para ti o para tu abogado… con quién obviamente hablaste, entonces está bien. Voy a firmar.
Él me mira y asiente con la cabeza seriamente.
—Punto justo bien planteado, señorita Chaves.
Firmo ostentosamente en la línea punteada de ambas copias y le devuelvo una.
Doblando la otra, la pongo en mi bolso y tomo un gran trago de vino. Estoy pareciendo mucho más valiente de lo que realmente me siento.
—¿Esto significa que vas a hacer el amor conmigo esta noche, Pedro? —Mierda.
¿Acabo de decir eso? Su boca se abre ligeramente, pero se recupera rápidamente.
—No, Paula no. En primer lugar, yo no hago el amor. Follo... duro. En segundo lugar, hay mucho más papeleo por hacer y en tercer lugar, todavía no sabes lo que te espera. Aún puedes huir por las colinas. Ven, quiero mostrarte mi cuarto de juegos.
Mi boca se abre. ¡Follar duro! Mierda, eso suena tan... caliente. Pero ¿por qué vamos a ver un cuarto de juegos? Estoy desconcertada.
—¿Quieres jugar con tu Xbox? —pregunto. Se ríe fuerte.
—No, Paula, ningún Xbox, ni Playstation. Ven. —Se pone de pie, extendiendo la mano. Dejo que me lleve de nuevo hacia el pasillo. A la derecha de las puertas dobles, por dónde entramos, otra puerta conduce a una escalera. Subimos al segundo piso y doblamos a la derecha. Sacando una llave de su bolsillo, abre otra puerta y toma una respiración profunda.
—Puedes irte en cualquier momento. El helicóptero está listo para llevarte cuando quieras irte, puedes pasar la noche aquí y volver a casa por la mañana. Lo que decidas está bien.
—Sólo abre la maldita puerta, Pedro.
Abre la puerta y retrocede para dejarme entrar. Lo miro una vez más. Quiero saber lo que hay aquí. Tomando una respiración profunda, entro.
Y se siente como si hubiera viajado en el tiempo de vuelta al siglo XVI y a la Inquisición española.
Mierda.
OOLEEEEE!!! Se pensaron que ya iban a garchar?? EKIBOKEISHON Ahq.
Bueno, pero no falta mucho :d Y se que están esperando porque son re perverts e.e Negras coshinas (?
Bueno, comenten acá o en nuestros tw's @soloosoiimica y/o @paisbrenda
COMENTEN MIERDAS INMUNDAS (? Ah, y digan si les gusta el blog, osea las porquerias nuevas que le agregamos ♥
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wow buenísimo el capítulo,me encanto!!! seguí subiendo!!!
ResponderEliminarLO CORTARON EN LA MEJOR PARTE,MUY BUEN CAPITULO!
ResponderEliminarmuy buen capitulo subi mas por favor no me dejes asi
ResponderEliminarX favor, subí el siguiente!!!!!!!!!! Imposible aguantar hasta mañana!!!!!!!!!
ResponderEliminarSe acerca el momento!! Paula no tiene idea de lo que le espera! jajaja
ResponderEliminaraiii yayayayaya quiero saber como sigue!!! me encanto el capitulo!!! espero que hoy puedas subir!!
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