lunes, 23 de septiembre de 2013
Capitulo 11
Pedro abre la puerta del pasajero del SUV negro marca Audi y subo en él. Es una fiera de auto. No ha mencionado el estallido de pasión que explotó en el elevador. ¿Debería hacerlo yo? ¿Deberíamos hablar de ello o pretender que nunca pasó? Difícilmente parecía real, mi primer beso sin barreras.
Mientras el tiempo pasa, le doy un sentido mítico, como la leyenda de Arturo o la de la ciudad perdida de Atlántida. Nunca pasó, nunca existió. Tal vez imaginé todo esto.
No. Toco mis labios, hinchados por su beso. Esto definitivamente pasó. Soy una mujer cambiada. Deseo a este hombre, desesperadamente y él me desea.
Le doy un vistazo. Pedro es educado, como es habitual, ligeramente distante.
Tan confuso.
Enciende el motor y sale de su espacio del estacionamiento. Enciende el reproductor Mp3. El interior del auto se llena con la más dulce, mágica música de dos mujeres cantando. Oh, wow… todos mis sentidos están confusos, por lo que me afecta el doble.
Envía deliciosos escalofríos por mi espina dorsal. Pedro sale por el sudoeste de Park Avenue y maneja con confianza.
—¿Qué estamos escuchando?
—Es El Dueto de Flores por Delibes, de la ópera de Lakmé. ¿Te gusta?
—Pedro, es maravilloso.
—Lo es, ¿no? —Sonríe, mirándome. Y por un fugaz momento, aparenta su edad, joven, desenfadado y hermoso como-para-detener-el-corazón. ¿Esta era la clave para él? ¿Música? Me siento y escucho las voces angelicales burlándose y seduciéndome.
—¿Puedo oírla otra vez?
—Por supuesto. —Pedro presiona un botón y la música me acaricia una vez más.
Es suave, lenta, dulce y un verdadero asalto a mis sentidos auditivos.
—¿Te gusta la música clásica? —pregunto, con la esperanza de tener un raro vistazo
dentro de sus preferencias personales.
—Mi gusto es ecléctico, Paula, todo desde Thomas Tallis a los Kings of Leon.
—Yo también. Aunque, no sé quién es Thomas Tallis.
Se volvió y me miró brevemente antes de que sus ojos regresaran a la carretera.
—Lo pondré alguna vez para ti. Era un compositor británico del siglo dieciséis. Tudor, iglesia, música de coro. —Pedro me sonríe—. Suena muy esotérico, lo sé, pero también es mágico, Paula.
Presiona un botón y los Kings of Leon empiezan a cantar. Hmm… esta la conozco.
Sex on Fire. Qué apropiado.
La música es interrumpida por el sonido del timbre de un celular a través de los parlantes del Mp3. Pedro golpea un botón sobre el volante.
—Alfonso —dice. Es tan brusco.
—Señor Alfonso. Es Welch. Tengo la información que pidió. —Una voz ronca, incorpórea, sale a través de los altavoces.
—Bien, mándame un e-mail. ¿Algo que agregar?
—No, señor.
Presiona el botón, entonces, cuando la llamada se corta, la música regresa. Ningún adiós o gracias. Me alegro de que nunca considerara seriamente la idea de trabajar para él. Me estremezco ante la idea. Es demasiado controlador y frío con sus empleados. La música se corta nuevamente por el teléfono.
—Alfonso.
—El CDC le ha sido enviado por e-mail, Sr. Alfonso. —La voz de una mujer.
—Bien, eso es todo, Andrea.
—Buen día, señor.
Pedro cuelga presionando un botón sobre el volante. La música suena muy brevemente, antes de que el teléfono suene otra vez. Santo infierno, ¿esta es su vida, constantes llamadas molestas?
—Alfonso —espeta.
—Hola Pedro ¿has tenido sexo?
—Hola Elliot, tengo el teléfono en el parlante y no estoy solo en el auto. —Pedro suspira.
—¿Quién está contigo?
Pedro pone los ojos en blanco.
—Paula Chaves.
—¡Hola Pau!
¡Pau!
—Hola Eliot.
—He oído mucho acerca de ti —murmura Elliot roncamente. Pedro frunce el ceño.
—No creas una palabra de lo que Zai te diga.
Eliot ríe.
—Estoy dejando a Paula ahora. —Pedro enfatiza mi nombre—. ¿Quieres que te recoja?
—Seguro.
—Te veo dentro de poco. —Pedro cuelga y la música regresa.
—¿Por qué insistes en llamarme Paula?
—Porque es tu nombre.
—Prefiero Pau.
—¿Lo haces ahora? —murmura.
Estamos casi en mi apartamento. No tomó mucho tiempo.
—Paula —reflexiona. Le frunzo el ceño, pero ignora mi expresión—. Lo que pasó en el ascensor, no volverá a pasar, bueno, no a menos que sea premeditado.
Se detiene en la puerta de mi dúplex. Tarde me doy cuenta de que no ha preguntando en dónde vivo, aunque lo sabía. Pero claro, envió los libros, por supuesto que sabe dónde vivo. Cómo podría con un rastreador de teléfonos celulares y un helicóptero propio, no ser un acosador.
¿Por qué no me besará otra vez? Hago pucheros ante el pensamiento. No lo entiendo.
Honestamente, su apellido debería ser Críptico y no Alfonso. Sale del auto, caminando fácilmente con la gracia de sus piernas largas, rodeándolo hasta mi lado para abrir la puerta, siempre el caballero, excepto en el raro y precioso momento en los ascensores.
Me sonrojo ante el recuerdo de su boca en la mía y el pensamiento de que no he podido tocarlo invade mi mente. Quería correr mis dedos por su decadente y desordenado cabello, pero no había podido mover mis manos. Estaba retrospectivamente frustrada.
—Me gustó lo que pasó en el elevador —murmuro mientras salgo del auto. No estoy segura de haber oído un jadeo audible, pero decidí ignorarlo y subí los escalones de la puerta delantera.
Zai y Elliot estaban sentados en nuestra mesa del comedor. Los libros de catorce mil dólares habían desaparecido. Gracias al cielo. Tengo planes para ellos.
Tiene una sonrisa ridícula, muy poco Zai en su rostro y luce desarreglada en una manera atractiva. Pedro me sigue dentro del área de estar y a pesar de su sonrisa de He-estado-teniendo-un-buen-tiempo-toda-la-noche, Zai lo mira sospechosamente.
—Hola, Pau. —Salta a abrazarme y entonces me sostiene con el brazo extendido para poder examinarme. Frunce el ceño y se vuelve hacia Pedro—. Buenos días, Pedro —dice y su tono es un poco hostil.
—Señorita Nara —dice él, en su forma rígida.
—Pedro, su nombre es Zaira —se queja Elliot.
—Zaira. —Pedro le da una inclinación educada y mira a Elliot, quien sonríe y se levanta para abrazarme también.
—Hola Pau. —Sonríe, sus ojos azules brillan y me gusta inmediatamente. Es obvio que no se parece en nada a Pedro, pero bien, son hermanos adoptivos.
—Hola Elliot. —Le sonrío y me doy cuenta de que me estoy mordiendo el labio.
—Elliot, mejor nos vamos —dice Pedro gentilmente.
—Seguro. —Se vuelve hacia Zai, tomándola en sus brazos y dándole un largo y prolongado beso.
—Hasta más tarde, nena —murmura y tengo que sonreír porque es tan impropio de él.
Pero a pesar de que está siendo irreverente, el término cariñoso remueve algo dentro de mí.
—Te veré a las ocho.—Pedro, se da la vuelta para salir, abriendo la puerta delantera y saliendo al porche. Elliot lo sigue hasta el auto, pero se gira, lanza a Zai otro beso y siento una no bienvenida punzada de celos.
—Entonces, ¿lo hiciste? —pregunta Zai mientras los ve subir al auto y marcharse, la evidente curiosidad quema en su voz.
—No —le lanzo con irritación, con la esperanza de que eso ponga un alto a las preguntas. Nos dirigimos de regreso al departamento—. Aunque tú obviamente sí lo hiciste. —No puedo contener mi envidia. Zai siempre se las arregla para atrapar hombres. Es irresistible, hermosa, sexy, divertida, en fin… todas las cosas que yo no.
Pero el responder a su sonrisa es contagioso.
—Y lo veré nuevamente esta tarde. —Aplaude y salta de arriba hacia abajo como una niña pequeña. No puede contener su emoción, su felicidad y no puedo evitar sentirme feliz por ella. Una Zai feliz… esto va a ponerse interesante.
—Pedro me va a llevar a Seattle esta tarde.
—¿Seattle?
—Sí.
—¿Quizás lo harás entonces?
—Oh, espero.
—Entonces, ¿te gusta?
—Sí.
—¿Lo suficiente para…?
—Sí.
Ella levanta sus cejas.
—Wow. Paula Chaves finalmente se enamora de un hombre y es Pedro Alfonso: ardiente y sexy billonario.
—Sí claro, es por el dinero. —Hago una mueca y las dos comenzamos a reírnos.
—¿Es una blusa nueva? —pregunta y le dejo saber todos los poco interesantes detalles de mi noche.
—¿Ya te beso? —me pregunta mientras prepara café.
Me sonrojo.
—Una vez.
—¡Una vez!—se burla.
Asiento con la cabeza, sin vergüenza.
—Es muy reservado.
Ella frunce el ceño.
—Eso es raro.
—No creo que raro lo cubra realmente —murmuro.
—Tenemos que asegurarnos que estés simplemente irresistible para esta tarde —dice con determinación.
Oh no… eso suena a que voy a pasar tiempo consumidor, humillante y doloroso.
—Tengo que trabajar en una hora.
—Puedo trabajar con ese horario. Vamos. —Zai agarra mi mano y me lleva a su cuarto.
El día se prolonga en Clayton a pesar de que estamos ocupados. Llegamos a la temporada de verano, así que tengo que pasar dos horas acomodando las repisas una vez que la tienda se cierra. Es trabajo simple y me da mucho tiempo para pensar. Y no he tenido tiempo para eso en todo el día.
Bajo la incansable y francamente intrusiva instrucción, mis piernas y axilas están rasuradas a la perfección, cejas delineadas y estoy totalmente impecable. Ha sido la experiencia más desagradable. Pero ella me asegura que esto es lo que los hombres esperan estos días. ¿Qué más podrían esperar? Tengo que convencer a Zai que esto es lo que yo quiero hacer. Por alguna extraña razón, ella no confía en él, quizá porque es tan rígido y formal. Dice que no puede evitarlo, pero le prometí que le mandaría un mensaje de texto cuando llegara a Seattle.
No le he dicho del helicóptero, enloquecería.
También tengo el asunto de José. Me dejó tres mensajes y siete llamadas perdidas en mi teléfono. También llamó a la casa dos veces. Zaira ha sido muy vaga con respecto a dónde estoy. Él sabrá que me está cubriendo. Zai nunca es vaga. Pero he decidido hacerlo esperar. Aún estoy muy enojada con él.
Pedro mencionó algún tipo de trabajo escrito y no sé si solo estaba jugando o voy a tener que firmar algo. Es tan frustrante tratar de adivinar. Y encima de toda mi angustia, apenas si puedo controlar mi emoción o mis nervios. ¡Hoy es la noche!
Después de todo este tiempo, ¿estoy lista para esto? Mi diosa interior me mira, golpeando impacientemente su pequeño pie. Ha estado lista para esto por años y está lista para cualquier cosa con Pedro Alfonso, pero aun no entiendo que ve en mí… la tímida Paula Chaves, no tiene sentido.
Es puntual, por supuesto y me está esperando cuando salgo de Clayton. Se baja de la parte trasera del auto para abrirme la puerta y me sonríe amablemente.
—Buenas tardes, Srita. Chaves —dice.
—Sr. Alfonso. —Le asiento educadamente mientras me siento en el asiento trasero del auto. Taylor está sentado en el asiento del conductor.
—Hola, Taylor —digo.
—Buenas tardes, Srita Chaves. —Su voz educada y profesional.
Pedro se sube del otro lado y toma mi mano, dándole un pequeño apretón que siento por todo mi cuerpo.
—¿Cómo estuvo el trabajo? —me pregunta.
—Muy largo —contesto y mi voz es ronca, muy baja y llena de necesidad.
—Sí, también ha sido un día muy largo para mí. —Su tono es serio.
—¿Qué hiciste? —pregunto.
—Fui a escalar con Elliot. —Su dedo acaricia mis nudillos, hacia atrás y hacia adelante, mi corazón se salta un latido mientras mi respiración se acelera. ¿Cómo logra hacerme esto? Sólo está tocando una pequeña parte de mi cuerpo y mis hormonas están volando.
El camino hacia el helipuerto es corto y antes de que me de cuenta, ya hemos llegado.
Me pregunto dónde estará el legendario helicóptero. Estamos en una zona de la ciudad con muchos edificios y hasta yo se que los helicópteros necesitan espacio para despegar y aterrizar. Taylor se estaciona, se baja del automóvil y me abre la puerta. Pedro se coloca a mi lado en un instante y toma mi mano otra vez.
—¿Lista? —pregunta. Asiento con la cabeza y le quiero decir que estoy lista para lo que sea, pero no puedo articular palabras por lo nerviosa y emocionada que estoy.
—Taylor. —Él asiente hacia su chofer y nos dirigimos hacia el edificio, directo a un grupo de ascensores. ¡Ascensores! El recuerdo de nuestro beso esta mañana regresa a perseguirme. No he pensado en ninguna otra cosa en todo el día. Soñando despierta en la registradora de Clayton. El señor Clayton tuvo que gritarme dos veces para devolverme a la tierra. Decir que había estado distraída hubiera sido la ironía del año.
Pedro voltea a verme, una pequeña sonrisa esta en sus labios. ¡Ja! Él también está pensando en eso.
—Sólo son tres pisos —dice secamente, pero sus ojos grises bailan con diversión.
Seguro es telépata. Es escalofriante.
Trato de mantener mi cara impasible mientras entramos al ascensor. Las puertas se cierran y ahí está, la rara atracción eléctrica brincando entre nosotros, esclavizándome.
Cierro mis ojos en un vano intento de ignorarla. Él aprieta mi mano y cinco segundos después, las puertas se abren en el techo del edificio. Y ahí está, un helicóptero blanco con el nombre Alfonso's Enterprises Holdings Inc. escrito de color azul con el logo de la compañía en un lado. Seguro este es mal uso de la propiedad de la Compañía.
Me dirige hacia una pequeña oficina donde un viejo vigilante está sentado detrás de un escritorio.
—Aquí está su plan de vuelo, Sr. Alfonso. Todos los chequeos externos están hechos. Está listo y esperándolo, señor. Es libre de irse.
—Gracias, Joe. —Pedro le sonríe cálidamente.
Oh. Alguien es merecedor del educado comportamiento de Pedro, quizás el no es un empleado. Veo al viejo señor con admiración.
—Vámonos —dice y nos dirigimos hacia el helicóptero.
YA FALTA POCO PARA LO QUE ME IMAGINO ESPERAN!! Coshinas!! Jajaj
Así que, comenten. Mucho. Es una orden. Ah
Por acá o en @soloosoiimica y/o @paisbrenda
Las loveamos!! Kisses ♥
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Me tiene atrapadisima!!!
ResponderEliminarmuy bueno!!! sigan subiendo!!!
ResponderEliminarA mi tb me tiene atrapada!!!!!!!!!!! Suban el próximo cap please!!!!
ResponderEliminarMe encantó!!! espero próximo el siguiente!!!
ResponderEliminaraiaiaiaiaiai ya quiero saber como sigue!!! porfaa subii hoy!! :D
ResponderEliminarMUY BUEN CAP,POR FIN SE VIENE LA PARTE MAS INTERESANTE!!!
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