martes, 27 de agosto de 2013

Capitulo 5


Zai está feliz. 
—Pero ¿qué estaba haciendo en Clayton? —Su curiosidad exuda a través del teléfono. Estoy en el fondo de la sala de archivo, tratando de mantener mi voz casual. 
—Estaba en la zona. 
—Creo que es una enorme coincidencia, Pau. ¿No crees que estaba allí para verte? —especula. Mi corazón se tambalea ante la perspectiva, pero es una alegría efímera. La aburrida y decepcionante realidad es que él estaba allí por negocios. 
—Estaba visitando la división de agricultura de la WSU. Está financiando una investigación —murmuro. 
—Oh, sí. Le está dando al departamento 2.5 millones de dólares. 
Wow. 
—¿Cómo sabes? 
—Pau, soy periodista y he escrito un artículo sobre él. Es mi trabajo saber esto.  
—Bueno, Carla Bernstein, no te vuelvas loca. Entonces, ¿quieres estas fotos? 
—Por supuesto que sí. La pregunta es, ¿quién va a hacerlo y dónde? 
—Podríamos preguntarle a él en dónde. Dice que se va a quedar en la zona.  
—¿Puedes comunicarte con él? 
—Tengo su número de teléfono celular. 
Zai jadea. 
—El soltero más rico, difícil de alcanzar y enigmático en el estado de Washintong, simplemente te dio su número de teléfono celular. 
—Eh... sí. 
—¡Paula! Le gustas. Sin lugar a dudas. —Su tono es enfático. 
—Zai, está tratando de ser amable. —Pero a medida que digo las palabras, me doy cuenta de que no es cierto… Pedro Alfonso no es amable. Educado, tal vez. Y una pequeña voz me susurra: tal vez Zaira tiene razón. 
Mi cuero cabelludo se eriza ante la idea de que quizás, sólo quizás, tal vez le guste. Después de todo, dijo que se alegraba de que Zai no hiciera la entrevista. Me abrazo con silenciosa alegría, balanceándome de lado a lado, considerando por un breve momento con la posibilidad de que tal vez  yo podría gustarle. Zai me trae de nuevo a la actualidad. 
—No sé a quién vamos a llevar para hacer la toma. Levi, nuestro fotógrafo habitual, no puede. Está en su casa en Idaho Falls por el fin de semana. Se va a molestar por perder la oportunidad de fotografiar a uno de los empresarios líderes de América 
—Hmm... ¿Qué hay de José? 
—¡Buena idea! Pregúntale, él haría cualquier cosa por ti. Luego llamas a Alfonso y averigua dónde nos quiere. —Zai es irritantemente arrogante respecto a José. 
—Creo que deberías llamarlo. 
—¿A quién, a José? —se burla Zai. 
—No, a Alfonso. 
—Pau, tú eres la que tiene la relación. 
—¿Relación? —chillo, alzando mi voz unas cuantas octavas—. Apenas lo conozco. 
—Por lo menos lo conociste —dice con amargura—. Y parece que quiere conocerte mejor. Pau, sólo llámalo —dice y cuelga. Es tan mandona a veces. Le frunzo el ceño a mi celular y le saco la lengua. 
Apenas estoy dejándole un mensaje a José cuando Paul entra en el almacén buscando 
papel de lija. 
—Estamos un poco ocupados allí, Pau —dice sin acritud. 
—Sí, bueno, lo siento —murmuro, volviendo a salir. 
—Así que, ¿cómo es que conoces a Pedro Alfonso? —La voz indiferente de Paul es poco convincentemente. 
—Tuve que hacerle una entrevista para nuestro periódico estudiantil. Zai no estaba bien. —Me encojo de hombros, tratando de sonar casual pero no lo hago mejor que él. 
—Pedro Alfonso en Clayton. Imagínate —resopla Paul, asombrado. Sacude la cabeza como para despejarse—. De todos modos, ¿quieres ir por un trago o algo esta noche? 

Cada vez que está en casa me invita a salir y siempre le digo que no. Es un ritual. 
Nunca he considerado una buena idea tener una cita con el hermano del jefe, además, Paul es lindo en ese estilo de Chico-Americano-hijo de vecino, pero no es un héroe literario, ni con un mínimo esfuerzo de imaginación. ¿Lo es Alfonso?, me pregunta mi subconsciente, con su ceja simbólicamente levantada. Le doy una palmada para que se calle. 
—¿No tienes una cena familiar o algo debido a tu hermano? 
—Eso es mañana. 
—Quizás en otra ocasión, Paul. Tengo que estudiar esta noche. Tengo mis exámenes finales la próxima semana.  
—Paula, uno de estos días, dirás que sí —dice sonriendo, mientras escapo hacia la sala de ventas. 


—Yo hago fotos de lugares Pau, no de personas —se queja José. 
—José, ¿por favor? —le ruego. Tomando mi celular, paseo por la sala de nuestro apartamento, deteniéndome frente a la ventana a mirar la pálida luz del atardecer. 
—Dame ese teléfono. —Zaira me quita el teléfono, sacudiendo su sedoso cabello castaño rojizo por encima del hombro—. Escucha, José Rodríguez, si quieres que nuestro periódico cubra la entrada de tu show, tomarás esta foto para nosotros mañana ¿Capiche? —Zai puede ser increíblemente difícil.  —Bien. Pau volverá a llamar con la dirección y la hora. Nos vemos mañana. —Cierra la tapa de mi teléfono—. Arreglado. Todo lo que necesitamos hacer ahora es decidir 
dónde y cuándo. Llámalo. —Sostiene el teléfono frente a mí. Mi estómago gira—. 
Llama a Alfonso, ¡ahora! 

Le frunzo el ceño y busco en mi bolsillo su tarjeta. Tomo una respiración profunda, estabilizante y con los dedos temblorosos, marco el número. 
Él responde al segundo timbre. Su tono es contenido, tranquilo y frío. 
—Alfonso. 
—Eh... ¿Sr. Alfonso? Es Paula Chaves. —No reconozco mi propia voz, estoy tan nerviosa. Hay una breve pausa. Estoy temblando. 
—Señorita Chaves. Qué bueno saber de usted. —Su voz ha cambiado. Se sorprende, creo y suena tan cálido... incluso seductor. Mi respiración se entrecorta y suspiro. Soy consciente de que de repente Zaira Nara me está mirando con la boca abierta y me lanzo hacia la cocina para evitar su escrutinio no deseado. 
—Eh… nos gustaría seguir adelante con la sesión de fotos para el artículo. —Respira, Paula, respira. Mis pulmones se arrastran en una respiración apresurada—. Mañana, si eso está bien. ¿Dónde sería conveniente para usted, señor? 
Casi puedo escuchar su sonrisa de esfinge a través del teléfono. 
—Me quedo en el Heathman de Portland. Digamos, ¿a las nueve y media de la mañana? 
—Bueno, nos vemos allí. —Estoy toda efusiva y entrecortada… como un niño, no como una mujer adulta que puede votar y beber legalmente en el Estado de Washington. 
—Estaré esperándolo, señorita Chaves. —Me imagino el brillo perverso en sus ojos grises. ¿Cómo hace para que cuatro pequeñas palabras contengan tantas tentadoras promesas? Cuelgo. Zai está en la cocina y me observa con una mirada de consternación total y absoluta en su rostro. 
—Paula Chaves. ¡Te gusta! Nunca te he visto o escuchado tan, tan... afectada por nadie. En realidad estás ruborizada. 
—Oh, Zai, tú sabes que me sonrojo todo el tiempo. Es un riesgo laboral conmigo. No seas ridícula —le suelto. Parpadea, mirándome con sorpresa —muy rara vez saco mis juguetes del coche— y me arrepiento brevemente—. Sólo lo encuentro... intimidante, eso es todo. 
—Heathman, figúrate —murmura Kate—. Voy a llamar al manager para negociar un espacio para la toma.  
—Haré la cena. Luego tengo que estudiar. —No puedo ocultar mi irritación con ella mientras abro uno de los armarios para hacer la cena. 
Estoy intranquila esa noche, dando vueltas y vueltas. Soñando con ojos grises llenos de humo, overoles, piernas largas, dedos largos y oscuros, oscuros sitios inexplorados. Me levanto dos veces en la noche, mi corazón latiendo con fuerza. Oh, voy a lucir hermosa mañana durmiendo tan poco, me regaño. Golpeo mi almohada y trato de dormir.

El Heathman está situado en el corazón del centro de Portland. Su impresionante edificio de piedra marrón se terminó justo a tiempo para la ruptura de finales de 1920. 
José, Travis y yo estamos viajando en mi escarabajo y Kate está en su CLK, ya que no caben todos en mi coche. Travis es el amigo de José y su ayudante, está aquí para ayudar con la iluminación. Kate ha logrado conseguir que nos permitan usar una habitación en el Heathman sin costo alguno por la mañana a cambio de un crédito en el artículo. Cuando ella explica en la recepción que estamos aquí para fotografiar al Gerente General Pedro Alfonso, instantáneamente nos suben a una suite. Una de tamaño regular, sin embargo, ya que al parecer el Sr. Alfonso está ocupando la más grande del edificio.  
Un ejecutivo de marketing nos muestra la suite… es terriblemente joven y está muy nervioso por alguna razón. Sospecho que es la belleza de Zai y su forma autoritaria lo que lo desarma, porque él es como plastilina en sus manos. Las habitaciones son elegantes, discretas y decoradas con opulencia. 
Son las nueve. Tenemos una media hora para arreglarlo todo. Zai está en pleno movimiento. 

—José, creo que vamos a hacer la toma contra la pared, ¿estás de acuerdo? —No espera por su respuesta—. Travis, limpia las sillas. Paula, ¿podrías pedirle al ama de llaves que traiga algunos refrescadores de ambiente? Y Avísale a Alfonso dónde estamos. 

Sí, señora. Ella es muy dominante. Pongo los ojos en blanco, pero hago lo que me dice. 
Media hora más tarde, Pedro Alfonso entra en nuestra suite. 
¡Santa Mierda! Lleva una camisa blanca, con el cuello abierto y pantalones de franela gris que cuelgan de sus caderas. Su pelo rebelde aún está húmedo por la ducha. Mi boca se seca mirándolo... es tan malditamente caliente. Alfonso es seguido dentro de la suite por un hombre de treinta y tantos años, con corte de militar, vestido con un traje oscuro y corbata, que se queda en silencio en un rincón. Sus ojos color avellana nos observan impasibles. 
—Señorita Chaves, nos encontramos de nuevo. —Alfonso extiende su mano y la estrecho, parpadeando rápidamente. Oh mi... él es en realidad, bastante... wow. Mientras sujeto 
su mano, percibo esa deliciosa corriente que atraviesa e ilumina mi cuerpo, me hace sonrojar y estoy segura de que mi respiración errática debe ser audible. 
—Señor Alfonso, le presento a Zaira Nara —murmuro, agitando una mano hacia Zai, que se adelanta, mirándolo a los ojos. 
—La tenaz señorita Nara. ¿Cómo está? —Le da una pequeña sonrisa, luciendo genuinamente divertido—. ¿Confío en que se sienta mejor? Paula dijo que estaba enferma la semana pasada.  
—Estoy bien, gracias, Sr. Alfonso. —Le da la mano con firmeza y sin pestañear. Me recuerdo a mí misma que Zai ha estado en las mejores escuelas privadas de Washington. Su familia tiene dinero y ha crecido con confianza y segura de su lugar en el mundo. No asume ningún tipo de basura. Estoy asustada de ella—. Gracias por tomarse el tiempo para hacer esto. —Le da una sonrisa amable y profesional. 
—Es un placer —responde, volviendo su mirada hacia mí, haciéndome sonrojar otra vez. Diablos. 
—Este es José Rodríguez, nuestro fotógrafo —le digo, sonriéndole a José quien me devuelve una sonrisa afectuosa. Sus ojos son fríos cuando mira a Alfonso. 
—Señor Alfonso. —Asiente con la cabeza. 
—Señor Rodríguez. —La expresión de Alfonso cambia mucho mientras evalúa a José—. ¿Dónde me prefiere? —pregunta Alfonso. Su tono suena vagamente amenazante. Pero Zaira no está dispuesta a dejar que José haga un espectáculo. 
—Señor Alfonso, ¿podría sentarse aquí por favor? Tenga cuidado con los cables de la iluminación. Y luego tomaremos también algunas de pie. —Lo dirige a una silla colocada contra la pared. 

Travis enciende las luces, encegueciendo momentáneamente a Alfonso y murmura una disculpa. A continuación, Travis y yo damos un paso atrás y vemos cómo José dispara su cámara. Toma varias fotografías, pidiéndole a Alfonso que se mueva de esta manera, luego de esta otra, que mueva su brazo, que lo baje de nuevo. Pasando al trípode, José toma varias más, mientras que Alfonso se sienta y posa, paciente y naturalmente, durante unos veinte minutos. 
Mi deseo se ha hecho realidad: Puedo estar de pie y admirar a Alfonso de cerca. Dos veces nuestros ojos se encuentran y tengo que alejarme de su mirada turbia. 
—Suficientes sentado —dice Zaira de nuevo—. ¿De pie, Sr. Alfonso? —pregunta. 
Él se pone de pie y Travis se escabulle para quitar la silla. El disparador en la Nikon de 
José comienza a hacer clic de nuevo. 

—Creo que tenemos suficientes —anuncia José, cinco minutos más tarde. 
—Grandioso —dice Zai—. Gracias de nuevo, Sr. Alfonso. —Le da la mano, al igual que José. 
—Estoy ansioso por leer el artículo, señorita Nara —murmura Alfonso y se vuelve hacia mí, de pie junto a la puerta—. ¿Podría caminar conmigo, señorita Chaves? —pregunta. 
—Claro —digo, totalmente desconcertada. Miro ansiosamente a Zai, quien se encoge 
de hombros. Me doy cuenta de que José tiene el ceño fruncido detrás de ella. 
—Buen día para todos —dice Alfonso mientras abre la puerta, parándose a un lado para que yo pueda ir primero. 

Infierno Santo... ¿qué es esto? ¿Qué quiere? Me detengo en el pasillo del hotel, moviéndome nerviosamente mientras Alfonso sale de la habitación, seguido por el Sr. corte de militar en su traje impecable. 
—Yo te llamo, Taylor —murmura a corte de militar. Taylor camina por el pasillo y 
Pedro vuelve sus ardientes ojos grises hacia mí. Mierda… ¿hice algo malo?—. Me preguntaba si te gustaría acompañarme a tomar café esta mañana. 
Mi corazón salta de golpe hasta mi boca. ¿Una cita? Pedro Alfonso me está pidiendo una 
cita. Pregunta si deseo tomar un café. Tal vez piensa que no te has despertado todavía, mi subconsciente gime en un modo burlón otra vez. Me aclaro la garganta tratando de controlar mis nervios.
—Debo llevar a todos a casa —murmuro en tono de disculpa, retorciendo mis manos y dedos frente a mí. 
—¡Taylor! —llama, haciéndome saltar. Taylor, que se había retirado por el pasillo, se da la vuelta y se dirige de nuevo hacia nosotros—. ¿Regresan a la universidad? —pregunta Alfonso, su voz suave e inquietante. Asiento con la cabeza, demasiado aturdida como para hablar—. Taylor puede llevarlos. Es mi chofer. Tenemos un amplio 4x4 aquí, así que podrá también con el equipo. 
—¿Señor Alfonso? —pregunta Taylor cuando llega hasta nosotros, dejando algo de 
distancia. 
—Por favor, ¿puedes llevar al fotógrafo, su ayudante y a la señorita Nara de vuelta a casa? 
—Por supuesto, señor —responde Taylor. 
—Ahí lo tienes. Ahora, ¿puedes acompañarme a tomar un café? —Alfonso sonríe como si fuera un hecho. 
Frunzo el ceño ante él. 
—Um, Sr. Alfonso, eh… esto realmente... mire, Taylor no tiene que llevarlos a casa. —Le doy una breve mirada a Taylor, quien se mantiene estoicamente impasible—. Puedo cambiar de vehículo con Zaira, si me da un momento. 
Alfonso muestra una deslumbrante, descontrolada, natural y gloriosa sonrisa mostrando 
los dientes. Oh mi... y abre la puerta de la suite para que pueda volver a entrar. Me deslizo alrededor de él para entrar en la habitación, encontrando a Zaira sumergida en una discusión con José. 
—Paula, creo que definitivamente le gustas —dice sin preámbulos. José me mira con desaprobación—. Pero no confío en él —añade. Levanto mi mano hacia arriba con la esperanza de que deje de hablar. Por algún milagro, lo hace. 
—Zai, si tomas el Beetle, ¿puedo quedarme con tu auto? 
—¿Por qué? 
—Pedro Alfonso me ha pedido que vaya a tomar un café con él. 
Su boca se abre. ¡Zai sin palabras! Saboreo el momento. Me toma por el brazo y me arrastra hacia el dormitorio fuera de la sala de estar de la suite. 
—Pau, hay algo en él. —Su tono de voz está lleno de advertencia—. Es hermoso, estoy de acuerdo, pero creo que es peligroso. Especialmente para alguien como tú.  
—¿Qué quieres decir con alguien como yo? —demando ofendida. 
—Alguien inocente como tú, Pau. Sabes a qué me refiero —dice un poco irritada. Me sonrojo. 
—Zai, es sólo café. Empiezo mis exámenes esta semana y tengo que estudiar, así que no estaré mucho tiempo. 
Frunce los labios, como si considerara mi argumento. Finalmente toma las llaves de su auto de su bolsillo y las coloca en mi mano. Le entrego las mías. 
—Te veré más tarde. No te quedes mucho o voy a enviar un equipo de búsqueda y rescate. 
—Gracias. —La abrazo. 







Holaaa!! Esperamos que le guste y COMENTEN, por favor. De verdad, nosotras no sabemos si les gusta o no la nove y nos encantaría que nos den su opinión de si vale la pena o no seguir tomando parte de nuestro tiempo en subir la novela.
Si quiere que se la pasemos avisen por faaaas!!
Comenten, critiquen, bardeen, ALGO, acá o en nuestros tw's @soloosoiimica y/o @paisbrenda

8 comentarios:

  1. muy buenos los capítulos,sigan subiendo!!!

    ResponderEliminar
  2. Me encanta esta novela!!!! Espero el próximo cap mañana!!!!

    ResponderEliminar
  3. ME ENCANTA LA NOVELA,ME INTRIGA MUCHO @CARMEBARILOCHE

    ResponderEliminar
  4. No duden q es genial la nove!!! Espero q pronto haya naraton!

    ResponderEliminar
  5. me encanta como va la nove!!! sabrá algo Zai que desconfía de Pedro? sigan subiendo que es muy linda!

    ResponderEliminar
  6. me encanta la novela!! ya quiero saber como sigue!! espero puedan subir algun capitulo hoy!!:D

    ResponderEliminar
  7. Muy muy muy buena... Me encantan los pensamientos de Paula... jajajjaa!!!! Lástima... que no escriben todos los días.... jajajajajjaa

    ResponderEliminar
  8. ME ENCANTA LA NOVELA! PEDRO ME INTRIGA MUCHO

    ResponderEliminar