martes, 27 de agosto de 2013
Capitulo 5
Zai está feliz.
—Pero ¿qué estaba haciendo en Clayton? —Su curiosidad exuda a través del teléfono. Estoy en el fondo de la sala de archivo, tratando de mantener mi voz casual.
—Estaba en la zona.
—Creo que es una enorme coincidencia, Pau. ¿No crees que estaba allí para verte? —especula. Mi corazón se tambalea ante la perspectiva, pero es una alegría efímera. La aburrida y decepcionante realidad es que él estaba allí por negocios.
—Estaba visitando la división de agricultura de la WSU. Está financiando una investigación —murmuro.
—Oh, sí. Le está dando al departamento 2.5 millones de dólares.
Wow.
—¿Cómo sabes?
—Pau, soy periodista y he escrito un artículo sobre él. Es mi trabajo saber esto.
—Bueno, Carla Bernstein, no te vuelvas loca. Entonces, ¿quieres estas fotos?
—Por supuesto que sí. La pregunta es, ¿quién va a hacerlo y dónde?
—Podríamos preguntarle a él en dónde. Dice que se va a quedar en la zona.
—¿Puedes comunicarte con él?
—Tengo su número de teléfono celular.
Zai jadea.
—El soltero más rico, difícil de alcanzar y enigmático en el estado de Washintong, simplemente te dio su número de teléfono celular.
—Eh... sí.
—¡Paula! Le gustas. Sin lugar a dudas. —Su tono es enfático.
—Zai, está tratando de ser amable. —Pero a medida que digo las palabras, me doy cuenta de que no es cierto… Pedro Alfonso no es amable. Educado, tal vez. Y una pequeña voz me susurra: tal vez Zaira tiene razón.
Mi cuero cabelludo se eriza ante la idea de que quizás, sólo quizás, tal vez le guste. Después de todo, dijo que se alegraba de que Zai no hiciera la entrevista. Me abrazo con silenciosa alegría, balanceándome de lado a lado, considerando por un breve momento con la posibilidad de que tal vez yo podría gustarle. Zai me trae de nuevo a la actualidad.
—No sé a quién vamos a llevar para hacer la toma. Levi, nuestro fotógrafo habitual, no puede. Está en su casa en Idaho Falls por el fin de semana. Se va a molestar por perder la oportunidad de fotografiar a uno de los empresarios líderes de América
—Hmm... ¿Qué hay de José?
—¡Buena idea! Pregúntale, él haría cualquier cosa por ti. Luego llamas a Alfonso y averigua dónde nos quiere. —Zai es irritantemente arrogante respecto a José.
—Creo que deberías llamarlo.
—¿A quién, a José? —se burla Zai.
—No, a Alfonso.
—Pau, tú eres la que tiene la relación.
—¿Relación? —chillo, alzando mi voz unas cuantas octavas—. Apenas lo conozco.
—Por lo menos lo conociste —dice con amargura—. Y parece que quiere conocerte mejor. Pau, sólo llámalo —dice y cuelga. Es tan mandona a veces. Le frunzo el ceño a mi celular y le saco la lengua.
Apenas estoy dejándole un mensaje a José cuando Paul entra en el almacén buscando
papel de lija.
—Estamos un poco ocupados allí, Pau —dice sin acritud.
—Sí, bueno, lo siento —murmuro, volviendo a salir.
—Así que, ¿cómo es que conoces a Pedro Alfonso? —La voz indiferente de Paul es poco convincentemente.
—Tuve que hacerle una entrevista para nuestro periódico estudiantil. Zai no estaba bien. —Me encojo de hombros, tratando de sonar casual pero no lo hago mejor que él.
—Pedro Alfonso en Clayton. Imagínate —resopla Paul, asombrado. Sacude la cabeza como para despejarse—. De todos modos, ¿quieres ir por un trago o algo esta noche?
Cada vez que está en casa me invita a salir y siempre le digo que no. Es un ritual.
Nunca he considerado una buena idea tener una cita con el hermano del jefe, además, Paul es lindo en ese estilo de Chico-Americano-hijo de vecino, pero no es un héroe literario, ni con un mínimo esfuerzo de imaginación. ¿Lo es Alfonso?, me pregunta mi subconsciente, con su ceja simbólicamente levantada. Le doy una palmada para que se calle.
—¿No tienes una cena familiar o algo debido a tu hermano?
—Eso es mañana.
—Quizás en otra ocasión, Paul. Tengo que estudiar esta noche. Tengo mis exámenes finales la próxima semana.
—Paula, uno de estos días, dirás que sí —dice sonriendo, mientras escapo hacia la sala de ventas.
—Yo hago fotos de lugares Pau, no de personas —se queja José.
—José, ¿por favor? —le ruego. Tomando mi celular, paseo por la sala de nuestro apartamento, deteniéndome frente a la ventana a mirar la pálida luz del atardecer.
—Dame ese teléfono. —Zaira me quita el teléfono, sacudiendo su sedoso cabello castaño rojizo por encima del hombro—. Escucha, José Rodríguez, si quieres que nuestro periódico cubra la entrada de tu show, tomarás esta foto para nosotros mañana ¿Capiche? —Zai puede ser increíblemente difícil. —Bien. Pau volverá a llamar con la dirección y la hora. Nos vemos mañana. —Cierra la tapa de mi teléfono—. Arreglado. Todo lo que necesitamos hacer ahora es decidir
dónde y cuándo. Llámalo. —Sostiene el teléfono frente a mí. Mi estómago gira—.
Llama a Alfonso, ¡ahora!
Le frunzo el ceño y busco en mi bolsillo su tarjeta. Tomo una respiración profunda, estabilizante y con los dedos temblorosos, marco el número.
Él responde al segundo timbre. Su tono es contenido, tranquilo y frío.
—Alfonso.
—Eh... ¿Sr. Alfonso? Es Paula Chaves. —No reconozco mi propia voz, estoy tan nerviosa. Hay una breve pausa. Estoy temblando.
—Señorita Chaves. Qué bueno saber de usted. —Su voz ha cambiado. Se sorprende, creo y suena tan cálido... incluso seductor. Mi respiración se entrecorta y suspiro. Soy consciente de que de repente Zaira Nara me está mirando con la boca abierta y me lanzo hacia la cocina para evitar su escrutinio no deseado.
—Eh… nos gustaría seguir adelante con la sesión de fotos para el artículo. —Respira, Paula, respira. Mis pulmones se arrastran en una respiración apresurada—. Mañana, si eso está bien. ¿Dónde sería conveniente para usted, señor?
Casi puedo escuchar su sonrisa de esfinge a través del teléfono.
—Me quedo en el Heathman de Portland. Digamos, ¿a las nueve y media de la mañana?
—Bueno, nos vemos allí. —Estoy toda efusiva y entrecortada… como un niño, no como una mujer adulta que puede votar y beber legalmente en el Estado de Washington.
—Estaré esperándolo, señorita Chaves. —Me imagino el brillo perverso en sus ojos grises. ¿Cómo hace para que cuatro pequeñas palabras contengan tantas tentadoras promesas? Cuelgo. Zai está en la cocina y me observa con una mirada de consternación total y absoluta en su rostro.
—Paula Chaves. ¡Te gusta! Nunca te he visto o escuchado tan, tan... afectada por nadie. En realidad estás ruborizada.
—Oh, Zai, tú sabes que me sonrojo todo el tiempo. Es un riesgo laboral conmigo. No seas ridícula —le suelto. Parpadea, mirándome con sorpresa —muy rara vez saco mis juguetes del coche— y me arrepiento brevemente—. Sólo lo encuentro... intimidante, eso es todo.
—Heathman, figúrate —murmura Kate—. Voy a llamar al manager para negociar un espacio para la toma.
—Haré la cena. Luego tengo que estudiar. —No puedo ocultar mi irritación con ella mientras abro uno de los armarios para hacer la cena.
Estoy intranquila esa noche, dando vueltas y vueltas. Soñando con ojos grises llenos de humo, overoles, piernas largas, dedos largos y oscuros, oscuros sitios inexplorados. Me levanto dos veces en la noche, mi corazón latiendo con fuerza. Oh, voy a lucir hermosa mañana durmiendo tan poco, me regaño. Golpeo mi almohada y trato de dormir.
El Heathman está situado en el corazón del centro de Portland. Su impresionante edificio de piedra marrón se terminó justo a tiempo para la ruptura de finales de 1920.
José, Travis y yo estamos viajando en mi escarabajo y Kate está en su CLK, ya que no caben todos en mi coche. Travis es el amigo de José y su ayudante, está aquí para ayudar con la iluminación. Kate ha logrado conseguir que nos permitan usar una habitación en el Heathman sin costo alguno por la mañana a cambio de un crédito en el artículo. Cuando ella explica en la recepción que estamos aquí para fotografiar al Gerente General Pedro Alfonso, instantáneamente nos suben a una suite. Una de tamaño regular, sin embargo, ya que al parecer el Sr. Alfonso está ocupando la más grande del edificio.
Un ejecutivo de marketing nos muestra la suite… es terriblemente joven y está muy nervioso por alguna razón. Sospecho que es la belleza de Zai y su forma autoritaria lo que lo desarma, porque él es como plastilina en sus manos. Las habitaciones son elegantes, discretas y decoradas con opulencia.
Son las nueve. Tenemos una media hora para arreglarlo todo. Zai está en pleno movimiento.
—José, creo que vamos a hacer la toma contra la pared, ¿estás de acuerdo? —No espera por su respuesta—. Travis, limpia las sillas. Paula, ¿podrías pedirle al ama de llaves que traiga algunos refrescadores de ambiente? Y Avísale a Alfonso dónde estamos.
Sí, señora. Ella es muy dominante. Pongo los ojos en blanco, pero hago lo que me dice.
Media hora más tarde, Pedro Alfonso entra en nuestra suite.
¡Santa Mierda! Lleva una camisa blanca, con el cuello abierto y pantalones de franela gris que cuelgan de sus caderas. Su pelo rebelde aún está húmedo por la ducha. Mi boca se seca mirándolo... es tan malditamente caliente. Alfonso es seguido dentro de la suite por un hombre de treinta y tantos años, con corte de militar, vestido con un traje oscuro y corbata, que se queda en silencio en un rincón. Sus ojos color avellana nos observan impasibles.
—Señorita Chaves, nos encontramos de nuevo. —Alfonso extiende su mano y la estrecho, parpadeando rápidamente. Oh mi... él es en realidad, bastante... wow. Mientras sujeto
su mano, percibo esa deliciosa corriente que atraviesa e ilumina mi cuerpo, me hace sonrojar y estoy segura de que mi respiración errática debe ser audible.
—Señor Alfonso, le presento a Zaira Nara —murmuro, agitando una mano hacia Zai, que se adelanta, mirándolo a los ojos.
—La tenaz señorita Nara. ¿Cómo está? —Le da una pequeña sonrisa, luciendo genuinamente divertido—. ¿Confío en que se sienta mejor? Paula dijo que estaba enferma la semana pasada.
—Estoy bien, gracias, Sr. Alfonso. —Le da la mano con firmeza y sin pestañear. Me recuerdo a mí misma que Zai ha estado en las mejores escuelas privadas de Washington. Su familia tiene dinero y ha crecido con confianza y segura de su lugar en el mundo. No asume ningún tipo de basura. Estoy asustada de ella—. Gracias por tomarse el tiempo para hacer esto. —Le da una sonrisa amable y profesional.
—Es un placer —responde, volviendo su mirada hacia mí, haciéndome sonrojar otra vez. Diablos.
—Este es José Rodríguez, nuestro fotógrafo —le digo, sonriéndole a José quien me devuelve una sonrisa afectuosa. Sus ojos son fríos cuando mira a Alfonso.
—Señor Alfonso. —Asiente con la cabeza.
—Señor Rodríguez. —La expresión de Alfonso cambia mucho mientras evalúa a José—. ¿Dónde me prefiere? —pregunta Alfonso. Su tono suena vagamente amenazante. Pero Zaira no está dispuesta a dejar que José haga un espectáculo.
—Señor Alfonso, ¿podría sentarse aquí por favor? Tenga cuidado con los cables de la iluminación. Y luego tomaremos también algunas de pie. —Lo dirige a una silla colocada contra la pared.
Travis enciende las luces, encegueciendo momentáneamente a Alfonso y murmura una disculpa. A continuación, Travis y yo damos un paso atrás y vemos cómo José dispara su cámara. Toma varias fotografías, pidiéndole a Alfonso que se mueva de esta manera, luego de esta otra, que mueva su brazo, que lo baje de nuevo. Pasando al trípode, José toma varias más, mientras que Alfonso se sienta y posa, paciente y naturalmente, durante unos veinte minutos.
Mi deseo se ha hecho realidad: Puedo estar de pie y admirar a Alfonso de cerca. Dos veces nuestros ojos se encuentran y tengo que alejarme de su mirada turbia.
—Suficientes sentado —dice Zaira de nuevo—. ¿De pie, Sr. Alfonso? —pregunta.
Él se pone de pie y Travis se escabulle para quitar la silla. El disparador en la Nikon de
José comienza a hacer clic de nuevo.
—Creo que tenemos suficientes —anuncia José, cinco minutos más tarde.
—Grandioso —dice Zai—. Gracias de nuevo, Sr. Alfonso. —Le da la mano, al igual que José.
—Estoy ansioso por leer el artículo, señorita Nara —murmura Alfonso y se vuelve hacia mí, de pie junto a la puerta—. ¿Podría caminar conmigo, señorita Chaves? —pregunta.
—Claro —digo, totalmente desconcertada. Miro ansiosamente a Zai, quien se encoge
de hombros. Me doy cuenta de que José tiene el ceño fruncido detrás de ella.
—Buen día para todos —dice Alfonso mientras abre la puerta, parándose a un lado para que yo pueda ir primero.
Infierno Santo... ¿qué es esto? ¿Qué quiere? Me detengo en el pasillo del hotel, moviéndome nerviosamente mientras Alfonso sale de la habitación, seguido por el Sr. corte de militar en su traje impecable.
—Yo te llamo, Taylor —murmura a corte de militar. Taylor camina por el pasillo y
Pedro vuelve sus ardientes ojos grises hacia mí. Mierda… ¿hice algo malo?—. Me preguntaba si te gustaría acompañarme a tomar café esta mañana.
Mi corazón salta de golpe hasta mi boca. ¿Una cita? Pedro Alfonso me está pidiendo una
cita. Pregunta si deseo tomar un café. Tal vez piensa que no te has despertado todavía, mi subconsciente gime en un modo burlón otra vez. Me aclaro la garganta tratando de controlar mis nervios.
—Debo llevar a todos a casa —murmuro en tono de disculpa, retorciendo mis manos y dedos frente a mí.
—¡Taylor! —llama, haciéndome saltar. Taylor, que se había retirado por el pasillo, se da la vuelta y se dirige de nuevo hacia nosotros—. ¿Regresan a la universidad? —pregunta Alfonso, su voz suave e inquietante. Asiento con la cabeza, demasiado aturdida como para hablar—. Taylor puede llevarlos. Es mi chofer. Tenemos un amplio 4x4 aquí, así que podrá también con el equipo.
—¿Señor Alfonso? —pregunta Taylor cuando llega hasta nosotros, dejando algo de
distancia.
—Por favor, ¿puedes llevar al fotógrafo, su ayudante y a la señorita Nara de vuelta a casa?
—Por supuesto, señor —responde Taylor.
—Ahí lo tienes. Ahora, ¿puedes acompañarme a tomar un café? —Alfonso sonríe como si fuera un hecho.
Frunzo el ceño ante él.
—Um, Sr. Alfonso, eh… esto realmente... mire, Taylor no tiene que llevarlos a casa. —Le doy una breve mirada a Taylor, quien se mantiene estoicamente impasible—. Puedo cambiar de vehículo con Zaira, si me da un momento.
Alfonso muestra una deslumbrante, descontrolada, natural y gloriosa sonrisa mostrando
los dientes. Oh mi... y abre la puerta de la suite para que pueda volver a entrar. Me deslizo alrededor de él para entrar en la habitación, encontrando a Zaira sumergida en una discusión con José.
—Paula, creo que definitivamente le gustas —dice sin preámbulos. José me mira con desaprobación—. Pero no confío en él —añade. Levanto mi mano hacia arriba con la esperanza de que deje de hablar. Por algún milagro, lo hace.
—Zai, si tomas el Beetle, ¿puedo quedarme con tu auto?
—¿Por qué?
—Pedro Alfonso me ha pedido que vaya a tomar un café con él.
Su boca se abre. ¡Zai sin palabras! Saboreo el momento. Me toma por el brazo y me arrastra hacia el dormitorio fuera de la sala de estar de la suite.
—Pau, hay algo en él. —Su tono de voz está lleno de advertencia—. Es hermoso, estoy de acuerdo, pero creo que es peligroso. Especialmente para alguien como tú.
—¿Qué quieres decir con alguien como yo? —demando ofendida.
—Alguien inocente como tú, Pau. Sabes a qué me refiero —dice un poco irritada. Me sonrojo.
—Zai, es sólo café. Empiezo mis exámenes esta semana y tengo que estudiar, así que no estaré mucho tiempo.
Frunce los labios, como si considerara mi argumento. Finalmente toma las llaves de su auto de su bolsillo y las coloca en mi mano. Le entrego las mías.
—Te veré más tarde. No te quedes mucho o voy a enviar un equipo de búsqueda y rescate.
—Gracias. —La abrazo.
Holaaa!! Esperamos que le guste y COMENTEN, por favor. De verdad, nosotras no sabemos si les gusta o no la nove y nos encantaría que nos den su opinión de si vale la pena o no seguir tomando parte de nuestro tiempo en subir la novela.
Si quiere que se la pasemos avisen por faaaas!!
Comenten, critiquen, bardeen, ALGO, acá o en nuestros tw's @soloosoiimica y/o @paisbrenda
sábado, 24 de agosto de 2013
Capitulo 4
El sábado en la tienda es una pesadilla. Estamos asediados por personas que quieren arreglar sus casas ellos mismos.
El Sr. y la Sra. Clayton, John y Patrick, los otros dos trabajadores de medio tiempo y yo estamos corriendo. Pero hay un momento de calma alrededor de la hora del almuerzo y la Sra. Clayton me pide que verifique algunas de las órdenes, mientras estoy sentada detrás del mostrador de la caja discretamente comiendo mi bagel. Estoy enfrascada en la tarea, verificando los números del catálogo con los artículos que necesitamos y los elementos que hemos pedido, mis ojos moviéndose rápidamente del libro de órdenes a la pantalla de la computadora y de regreso, mientras corroboro que las entradas coincidan.
Entonces, por alguna razón, levanto la vista... y me encuentro atrapada en la atrevida mirada gris de Pedro Alfonso, quien está de pie en el mostrador, mirándome fijamente.
Insuficiencia cardíaca.
—Señorita Chaves. Qué sorpresa tan agradable. —Su mirada es firme e intensa.
Mierda. ¿Qué diablos está haciendo él aquí, con su cabello prolijamente despeinado, ropa de exterior, con su sweater tejido color crema, jeans y botas de caminar? Creo que mi boca se ha abierto y no puedo localizar mi cerebro o mi voz.
—Sr. Alfonso —susurro, porque eso es todo lo que puedo lograr. Hay un dejo de sonrisa en sus labios y sus ojos brillan con humor, como si estuviera disfrutando de alguna broma privada.
—Estaba por el área —dijo a modo de explicación—. Necesito reabastecer el stock de
algunas cosas. Es un placer verla de nuevo, Srta. Chaves.—Su voz es suave y profunda como el chocolate derretido con caramelo… o algo.
Sacudo mi cabeza para reunir mis ideas. Mi corazón está latiendo frenéticamente y por alguna razón, me estoy sonrojando furiosamente bajo su persistente escrutinio. Estoy anonadada por la visión de él parado frente a mi. Mis recuerdos no le hacían justicia.
No es simplemente atractivo, es el epítome de la belleza masculina, te quita la respiración y está aquí. Aquí en la ferretería Clayton. Imagínate. Finalmente, mis funciones cognitivas son restauradas y reconectadas con el resto de mi cuerpo.
—Paula. Mi nombre es Paula —logro modular—. ¿En qué puedo ayudarlo, Sr. Alfonso?
Él sonríe y de nuevo es como si fuera el dueño de algún gran secreto. Es tan desconcertante. Tomando una profunda respiración, pongo mi cara profesional de he-trabajado-en-esta-tienda-por-años. Puedo hacer esto.
—Hay algunas cosas que necesito. Para empezar, me gustaría algunos organizadores de cables —murmura, sus ojos grises tranquilos pero divertidos.
¿Organizadores de cables?
—Tenemos de varios largos. ¿Desea que le muestre? —digo, mi voz suave y profunda.
Tómalo con calma, Chaves. Un ligero fruncimiento de cejas marca la bella frente de Alfonso.
—Por favor. Guíeme, Srita. Chaves —dice.
Trato de parecer despreocupada mientras salgo del mostrador, pero en realidad, estoy concentrándome duramente en no caerme con mis propios pies, mis piernas repentinamente tienen la consistencia de la gelatina.
Estoy tan feliz de haber decidido usar mis mejores jeans esta mañana.
—Están con los insumos eléctricos, pasillo ocho. —Mi voz es un poco demasiado fuerte. Miro hacia él y me arrepiento casi de inmediato. Demonios, es atractivo. Me sonrojo.
—Después de usted —murmura, haciendo un gesto con sus manos de largos dedos, bellamente arregladas.
Con mi corazón casi ahogándome, porque está en mi garganta tratando de escapar por mi boca, me dirijo a uno de los pasillos de la sección eléctrica. ¿Por qué está en Portland?
¿Por qué está aquí, en Clayton? Y desde una pequeña y casi no usada parte de mi cerebro —probablemente localizada en la base de mi bulbo raquídeo, en donde habita mi subconciente— llega el pensamiento: está aquí para verte. ¡No puede ser!
Lo rechazo inmediatamente. ¿Por qué este hombre de ciudad, hermoso y poderoso querría verme?
La idea es absurda y la pateo fuera de mi cabeza.
—¿Está en Portland por negocios? —pregunto y mi voz es muy aguda, como si hubiera aplastado mi dedo con una puerta o algo. ¡Demonios! ¡Trata de parecer tranquila, Paula!
—Estaba visitando la división de granjas de la WSU. Tiene base en Vancouver. Actualmente, estoy fundando algunas investigaciones sobre la rotación de ganado y la ciencia del suelo —dice con naturalidad.
¿Ves? No está aquí para encontrarte en absoluto, mi subconsciente se burla de mí, fuerte, orgulloso y enfadado. Me sonrojo ante mis caprichosos y tontos pensamientos.
—¿Todo es parte de tu plan alimenta-al-mundo? —pregunto
—Algo así —reconoce y sus labios se curvan en una media sonrisa.
Mira a la selección de organizadores de cables que tenemos en Clayton. ¿Qué demonios va a hacer con esos? No puedo imaginarlo como un tipo de persona “hagalo usted mismo” en absoluto. Sus dedos viajan por varios de los paquetes mostrados y por alguna razón inexplicable, tengo que mirar para otro lado. Se inclina y elige un paquete.
—Estos funcionarán —dice con su tan secreta sonrisa y me sonrojo.
—¿Algo más?
—Me gustaría un poco de cinta para enmascarar.
¿Cinta de enmascarar?
—¿Está redecorando? —Las palabras salen antes de que pueda detenerlas.
¿Seguramente contrata trabajadores o tiene un equipo para ayudarlo a decorar?
—No, no redecorando —dice rápidamente, luego sonríe burlonamente y tengo el incómodo sentimiento de que se está riendo de mí.
¿Soy tan graciosa? ¿Me veo graciosa?
—Por aquí —murmuro avergonzada—. La cinta de enmascarar está en el pasillo de decoración.
—¿Trabajas aquí desde hace mucho? —Su voz es baja y me está mirando, sus ojos grises concentrados fuertemente. Me sonrojo aún más brillantemente. ¿Por qué demonios tiene ese efecto sobre mí? Siento como si tuviera catorce años, inoportuna como siempre y fuera de lugar. ¡Ojos al frente, Chaves!
—Cuatro años —mascullo mientras alcanzamos nuestro objetivo. Para distraerme, me inclino hacia abajo y escojo los dos anchos de cinta de enmascarar que tenemos en stock.
—Tomaré esa —dice Alfonso, apuntando suavemente a la más ancha, la cual le paso.
Nuestros dedos se rozan muy brevemente y la corriente está ahí de nuevo, corriendo a través de mí como si hubiera tocado un cable expuesto. Me atraganto involuntariamente cuando lo siento, todo el camino hacia abajo a algún lugar oscuro e inexplorado, profundo en mi barriga. Desesperadamente, busco alrededor por mi equilibrio.
—¿Algo más? —Mi voz es áspera y agitada.
—Algo de cuerda, creo. —Su voz refleja la mía, áspera.
—Por aquí. —Inclino mi cabeza hacia abajo para esconder mi recurrente sonrojo y me dirijo al pasillo. —¿De qué tipo buscaba? Tenemos cuerda sintética y natural de filamento… trenzada… cuerda de cable… —Me detengo ante su expresión, sus ojos oscureciéndose. Dios santo.
—Llevaré cuatro metros y medio de la soga natural de filamento, por favor.
Rápidamente, con dedos temblorosos, mido los cuatro metros y medio en la regla fija, consciente de su mirada gris y cálida sobre mí. No me atrevo a mirarlo. Jesús, ¿sería posible estar aún más conciente de mí misma? Tomando mi cuchillo Stanley del bolsillo trasero de mis jeans, la corto y la enrollo prolijamente antes de atarla en un nudo corredizo. Por algún milagro, me las arreglo para no cortarme un dedo con mi cuchillo.
—¿Fuiste una niña exploradora? —pregunta, labios esculturales y sensuales curvados
en sorpresa. ¡No mires su boca!
—Las actividades de grupo organizados no son realmente lo mío, Sr. Alfonso.
Levanta una ceja.
—¿Qué es lo tuyo, Paula? —pregunta, su voz suave y su sonrisa secreta de vuelta.
Lo miro, incapaz de expresarme. Estoy sobre placas tectónicas en movimiento. Trata de parecer tranquila, Pau, mi torturado subconsciente me ruega de rodillas.
—Libros —susurro, pero por dentro, mi subconsciente está gritando: ¡Tú! ¡Tú eres lo que me interesa! Lo callo de inmediato, mortificada porque mi psiquis esta teniendo ideas por encima de su nivel.
—¿Qué clase de libros? —Inclina su cabeza hacia un lado. ¿Por qué está tan interesado?
—Oh, ya sabes… lo usual. Los clásicos. Literatura británica, mayormente.
Frota su barbilla con su largo dedo índice y pulgar mientras contempla mi respuesta. O tal vez está muy aburrido y está intentando ocultarlo.
—¿Algo más que necesites? —Necesito poder superar este tema, esos dedos en en ese rostro son tan seductores.
—No lo sé. ¿Qué más me recomendarías?
¿Qué te recomendaría? Ni siquiera sé que estás haciendo.
—¿Para un hazlo-tú-mismo?
Asiente, sus ojos grises vivos con un secreto humor. Me sonrojo y mis ojos vuelan involuntariamente por sus cómodos jeans.
—Overoles —replico y sé que ya no controlo lo que está saliendo de mi boca.
Él levanta una ceja, sorprendido de nuevo.
—No querrás arruinar tu ropa. —Hago un gesto vago en dirección a sus jeans.
—Siempre podría quitármelos —replica.
—Um. —Siento el color en mis mejillas subiendo de nuevo. Debo estar del color del manifiesto comunista. Deja de hablar. Deja de hablar AHORA.
—Llevaré algunos overoles. El cielo no permita que arruine algo de ropa —dice secamente.
Trato de alejar la inconveniente imagen de él sin jeans.
—¿Necesita algo más? —pregunto tan rápido como le entrego los overoles azules.
Él ignora mi pregunta.
—¿Cómo va el artículo? —Finalmente me ha hecho una pregunta normal, lejos de todas las indirectas y la confusa conversación de doble sentido… Una pregunta que puedo responder. Tomo mis pensamientos firmemente con mis manos como si fuera algo de vida o muerte y elijo la honestidad.
—No voy a escribirlo. Zaira lo hará. La Srta. Nara. Mi compañera de cuarto, ella es la escritora. Está muy feliz por eso. Es la editora de la revista y estaba devastada por no poder hacer la entrevista en persona. —Siento que finalmente puedo respirar, al menos un tema normal de conversación—. Su única preocupación es no tener fotografías originales de usted.
Alfonso levanta una ceja.
—¿Qué clase de fotografías quiere?
De acuerdo. No había imaginado esto en su respuesta. Sacudo mi cabeza, porque simplemente no lo sé.
—Bueno, estoy por aquí. Tal vez mañana… —Se calla.
—¿Estaría dispuesto a ir a una sesión de fotos? —Mi voz es aguda de nuevo. Zai estará en el séptimo cielo si logro conseguir esto. Y tal vez lo veas de nuevo mañana, ese oscuro lugar en la base de mi cerebro me susurra seductoramente. Alejo el pensamiento: de todos los tontos, ridículos…
—Zai estará encantada, si conseguimos un fotógrafo. —Estoy tan contenta. Le sonrío ampliamente. Sus labios se se abren, como si estuviera tomando una repentina bocanada de aire y parpadea. Por una fracción de segundo, parece de alguna forma perdido y la tierra se mueve un poco de su eje, las placas tectónicas moviéndose a una nueva posición.
Oh, dios. La mirada perdida de Pedro Alfonso.
—Hazme saber sobre mañana. —Alcanzando su bolsillo trasero, saca su billetera—. Mi tarjeta. Tiene mi número de celular en ella. Necesitas llamar antes de las diez de la mañana.
—De acuerdo. —Lo miro de nuevo. Zai estará encantada.
—¡Pau!
Paul se ha materializado al otro final del pasillo. Es el hermano más joven del Sr. Clayton. Oí que había llegado a casa desde Princeton, pero no esperaba verlo hoy.
—Er, discúlpeme por un momento, Sr. Alfonso. —Grey frunce el ceño mientras me giro.
Paul siempre ha sido un amigo y en este extraño momento que estoy teniendo con el rico, poderoso, asombroso y extremadamente atractivo y controlador Alfonso, es genial hablar con alguien normal. Paul me abraza fuerte tomándome por sorpresa.
—Pau, hola, ¡es tan bueno verte! —dice.
—Hola, Paul. ¿Cómo estás? ¿Estás en casa por el cumpleaños de tu hermano?
—Síp. Te ves bien, Paula, muy bien. —Me mira mientras me examina a la distancia de un brazo. Luego me suelta, pero mantiene un brazo posesivo sobre mi hombro.
Cambio mi peso de un pie al otro, avergonzada. Es bueno ver a Paul, pero siempre ha sido confianzudo.
Cuando miro hacia Pedro Alfonso, está mirándonos como un halcón, sus ojos grises oscuros y especulativos, su boca en una dura línea. Ha cambiado del extraño y atento cliente a alguien más, alguien frío y distante.
—Paul, estoy con un cliente. Alguien que deberías conocer —digo, tratando de disuadir el antagonismo que veo en los ojos de Alfonso. Arrastro a Paul para presentarlo y se miden mutuamente. La atmósfera es súbitamente ártica
—. Er, Paul, este es Pedro Alfonso. Sr. Alfonso, este es Paul Clayton. Su hermano es el dueño del lugar. —Y por alguna extraña razón, siento que debo explicarme un poco más. —Conozco a Paul desde que trabajo aquí, aunque no nos vemos tan seguido. Ha vuelto de Princeton donde estudia administración de empresas. —Estoy balbuceando… ¡Detente ahora!
—Sr. Clayton. —Pedro mantiene su mano extendida, su mirada ilegible.
—Sr. Alfonso. —Paul devuelve el saludo—. Espera… ¿no es el Pedro Alfonso? ¿De empresas Holdings Alfonso's?
Paul va de insípido a asombrado en menos de un nanosegundo. Alfonso le ofrece una sonrisa educada que no llega a sus ojos.
—Guau… ¿hay algo que pueda ofrecerle?
—Paula lo tiene bajo control, Sr. Clayton. Ella ha sido muy atenta. —Su expresión es impasible pero sus palabras… es como si estuviera diciendo algo completamente distinto. Es desconcertante.
—Genial —responde Paul—. Te veo luego, Pau.
—Seguro, Paul. —Lo miro desaparecer en el almacén—. ¿Algo más, Sr. Alfonso?
—Sólo estas cosas. —Su tono es cortante y frío. Diablos… ¿Lo habré ofendido?
Tomando una profunda respiración, me giro y voy hacia la caja. ¿Cuál es su problema?
Junto la soga, overoles, cinta de enmascarar y organizadores de cables en el mostrador.
—Serían cuarenta y tres dólares, por favor. —Miro a Alfonso y deseo no haberlo hecho.
Está mirandome de cerca, sus ojos grises humeantes e intensos. Es inquietante—. ¿Le gustaría una bolsa? —pregunto mientras recibo su tarjeta de crédito.
—Por favor, Paula. —Su lengua acaricia mi nombre y mi corazón una vez más está frenético. Casi no puedo respirar. De prisa, pongo sus cosas en una bolsa de plástico
—. ¿Me llamarás si quieres que haga la sesión de fotos? —Es todo sobre negocios otra vez. Asiento, muda de nuevo y devuelvo su tarjeta de crédito.
—Bien. Hasta mañana, quizás. —Se gira para irse, luego hace una pausa—. Oh… y Paula, me alegra que la Srta. Nara no haya podido hacer la entrevista. —
Sonríe, luego sale con renovado interés fuera de la tienda, colocando la bolsa plástica sobre su hombro, dejándome como una temblorosa masa de iracundas hormonas femeninas. Paso varios minutos mirando la puerta cerrada por la que salió antes de volver al planeta tierra.
De acuerdo. Me gusta. Ahí, lo he admitido a mí misma. No puedo esconderme más de mis sentimientos. Nunca antes me he sentido así. Lo encuentro atractivo, muy atractivo. Pero es una causa perdida, lo sé y suspiro con un amargo resentimiento. Fue solo una coincidencia, su llegada aquí. Pero aún así, puedo admirarlo desde lejos, ¿no?
Ningún mal puede venir de eso. Y si encuentro un fotógrafo, puedo admirarlo seriamente mañana. Muerdo mi labio en anticipación y me encuentro a mi misma entusiasmada como una colegiala. Necesito llamar a Zai y organizar una sesión de fotos.
Holaa, hoy subimos dos ya que ayer no pudimos subir debido a unos problemitas :D
POR FAVOR digan si quieren que se la pasemos, plzzzz!!!
Esperamos les gusten y comenten, acá o en nuestros tw's @paisbrenda y @soloosoiimica
Capitulo 3
Mi corazón está latiendo con fuerza. El ascensor llega al primer piso y me apresuro a salir tan pronto como las puertas se abren, tropezando una vez, pero afortunadamente sin caerme en el inmaculado suelo de piedra arenisca. Corro por las anchas puertas de vidrio y estoy libre en el fresco, limpio y húmedo aire de Seattle. Levantando mi rostro, doy la bienvenida a la refrescante
lluvia.
Cierro mis ojos, tomo una profunda y purificante respiración y trato de recuperar lo que queda de mi equilibrio.
Ningún hombre me ha afectado de la manera en que Pedro Alfonso lo ha hecho y no puedo entender por qué. ¿Es su aspecto? ¿Su educación? ¿Riqueza? ¿Poder? No entiendo mi reacción irracional. Exhalo un gran suspiro de alivio. ¿Qué, en nombre de los cielos, fue todo eso? Apoyada en uno de los pilares de acero del edificio, intento valientemente calmarme y ordenar mis pensamientos. Sacudo mi cabeza. Santa mierda, ¿qué fue eso? Mi corazón se estabiliza a su ritmo regular y puedo respirar normalmente de nuevo. Me dirijo al automóvil.
Mientras dejo los límites de la ciudad atrás, me empiezo a sentir estúpida y avergonzada al reproducir la entrevista en mi mente. Sin duda estoy reaccionando exageradamente a algo que es imaginario. Bien, así que es muy atractivo, seguro, dominante, a gusto consigo mismo… pero por otro lado, es arrogante y debido a sus modales impecables, es autocrático y frío. Bueno, en la superficie.
Un escalofrío involuntario corre por mi columna. Puede ser arrogante, pero entonces tiene derecho a serlo: ha logrado tanto siendo tan joven. No soporta a los tontos, pero ¿por qué habría
de hacerlo? De nuevo, me irrita que Zaira no me diera una breve biografía.
Mientras me desplazo por la I-5 mi mente continúa vagando. Estoy realmente perpleja
en cuanto a lo que hace que alguien esté tan motivado para tener éxito. Algunas de sus
respuestas fueron tan crípticas, como si tuviera una agenda escondida. Y las preguntas
de Zai ¡ugh! ¡La adopción y preguntarle si era gay! Me estremezco. No puedo creer que dije eso. ¡Tierra, trágame ahora! Cada vez que piense en esa pregunta en el futuro,
temblaré de vergüenza. ¡Maldita Zaira Nara!
Compruebo el velocímetro. Estoy manejando con más cautela de lo que lo haría en cualquier otra ocasión. Y sé que es el recuerdo de dos penetrantes ojos grises mirándome, y una voz severa diciéndome que conduzca con cuidado. Sacudiendo la cabeza, me doy cuenta de que Alfonso es más como un hombre del doble de su edad.
Olvídalo Paula, me regaño. Decido que, en términos generales, ha sido una experiencia muy interesante, pero no debería pensar en ello. Olvidalo. Nunca tengo que volver a verlo. Inmediatamente estoy animada por la idea. Enciendo el reproductor de MP3 y subo el volumen, me reclino y escucho el golpeteo de la música indie rock mientras presiono el acelerador. Al entrar en la I-5, me doy cuenta de que puedo conducir tan rápido como yo quiera.
Vivimos en una pequeña comunidad de dúplexs en Vancouver, Washington, cerca del campus de la WSU. Tengo suerte: los padres de Zai compraron el lugar para ella y pago una miseria de alquiler.Ha sido mi hogar por cuatro años ahora. A medida que me detengo afuera, sé que Zai querrá una historia muy detallada y es obstinada.
Bueno, al menos tiene la mini grabadora. Por suerte no tendré que explicar mucho más
de lo que se dijo durante la entrevista.
—¡Pau! Estás de vuelta. —Zai se encuentra en nuestra sala de estar, rodeada de libros. Claramente ha estudiado para los exámenes finales, a pesar de que todavía está en su pijama de franela color rosa decorado con lindos conejitos, el que reserva para después de romper con sus novios, para variadas enfermedades y para estados depresivos en general.
Avanza hacia mí y me abraza con fuerza
—. Estaba empezando a preocuparme. Esperaba que regresaras más temprano.
—Ah, pensé que demoré poco tiempo, teniendo en cuenta que la entrevista se prolongó. —Muevo la mini grabadora hacia a ella.
—Pau, muchas gracias por hacer esto. Estoy en deuda, lo sé. ¿Cómo fue? ¿Cómo era él? —Oh, no... aquí vamos, el Interrogatorio Zaira Nara.
Me esfuerzo por responder a su pregunta. ¿Qué puedo decir?
—Me alegro de que haya terminado y que no tengo que volver a verlo. Fue bastante intimidante, sabes. —Me encojo de hombros—. Es muy centrado, incluso intenso y joven. Muy joven.
Zai me mira inocentemente. Le frunzo el ceño.
—No parezcas tan inocente. ¿Por qué no me diste una biografía? Me hizo sentir como una idiota por limitarme a la investigación básica. —Zai pone una mano sobre su
boca.
—Caray, Pau, lo siento... no pensé.
Resoplo.
—En su mayoría fue cortés y formal, un poco estirado, como si fuera mayor antes de tiempo. No habla como un hombre de veintitantos años. ¿Cuántos años tiene de todos modos?
—Veintisiete. Por Dios, Paula, lo siento. Debería haberte informado, pero tenía tanto pánico. Entrégame la mini grabadora y empezaré a transcribir la entrevista.
—Te ves mejor. ¿Has tomado tu sopa? —pregunto, dispuesta a cambiar de tema.
—Sí y estaba deliciosa, como siempre. Me siento mucho mejor. —Me sonríe con gratitud. Miro mi reloj.
—Tengo que correr. Todavía puedo hacer mi turno en Clayton’s.
—Pau, estarás agotada.
—Estaré bien. Te veré más tarde.
He trabajado en Clayton’s desde que empecé en la WSU. Es la mayor tienda independiente de herramientas en el área de Portland, durante los cuatro años que he trabajado aquí, he llegado a conocer un poco sobre la mayoría de los productos que vendemos... aunque, irónicamente, soy una mierda en HTM (hazlo tu mismo). Dejo todo eso a mi papá.
Soy más del tipo de chica de hacerse-ovillo-con-un-libro-en-una-cómoda-silla-junto-al-fuego. Me alegro de que puedo hacer mi turno, ya que me da algo en que concentrarme que no sea Pedro Alfonso.
Estamos ocupados: es el inicio de la temporada de verano, y la gente está redecorando sus hogares. La Sra. Clayton está encantada de verme.
—¡Pau! Pensé que no ibas a venir hoy.
—Mi cita no duró tanto como pensaba. Puedo hacer un par de horas.
—Estoy realmente contenta de verte.
Me envía a la bodega para comenzar a reordenar estantes y pronto estoy absorta en la tarea.
Cuando llego a casa más tarde, Zaira está usando los auriculares y trabajando en su portátil. Su nariz aún es rosada, pero tiene sus dientes en una historia, por lo que está concentrada y escribiendo frenéticamente. Estoy completamente agotada, exhausta por el largo viaje, la agotadora entrevista y por salir apresurada hacia Clayton’s.
Me desplomo en el sofá, pensando en el ensayo que tengo que terminar y todo el estudio que no he hecho hoy porque estaba retrasada con... él.
—Tienes algunas cosas buenas aquí, Pau. Bien hecho. No puedo creer que no aceptaras su oferta de mostrarte los alrededores. Obviamente quería pasar más tiempo contigo. —Me da una fugaz mirada burlona.
Me sonrojo y mi ritmo cardíaco aumenta inexplicablemente. Esa no era la razón,
¿verdad? Él sólo quería mostrarme los alrededores para que yo pudiera ver que era el
señor de todo lo que veía. Me doy cuenta que me estoy mordiendo el labio, y espero
que Zai no se dé cuenta. Pero ella parece absorta en su transcripción.
—He oído lo que quieres decir con eso de formal. ¿Tomaste notas? —pregunta.
—Um... no, no lo hice.
—Eso está bien. Todavía puedo hacer un buen artículo con esto. Es una pena que no tengamos algunas fotografías originales. Atractivo hijo de puta, ¿no?
Me ruborizo.
—Supongo que sí. —Trato de sonar desinteresada y creo que lo logro.
—Oh, vamos Paula, ni siquiera tú puedes ser inmune a su apariencia. —Arquea una ceja perfecta en mi dirección.
¡Mierda! La distraigo con halagos, siempre es una buena táctica.
—Probablemente habrías conseguido mucho más de él.
—Dudo eso, Pau. Vamos, prácticamente te ofreció un trabajo. Teniendo en cuenta que te he endosado esto a último minuto, lo hiciste muy bien. —Levanta la vista hacia mí especulativamente. Hago una retirada precipitada a la cocina.
—¿Y qué pensaste realmente de él? —Maldita sea, es curiosa. ¿Por qué no puede
simplemente dejar pasar esto? Piensa en algo, rápido.
—Él está muy motivado, es controlador, arrogante… realmente aterrador, pero muy carismático. Puedo entender la fascinación —agrego sinceramente, mientras la miro desde la puerta, esperando que esto la calle de una vez por todas.
—¿Tú, fascinada por un hombre? Esta es la primera vez —resopla.
Empiezo a reunir los ingredientes para un sándwich para que no pueda ver mi rostro.
—¿Por qué querías saber si era gay? Dicho sea de paso, esa fue la pregunta más vergonzosa. Estaba mortificaday él también estaba enojado de que se la hiciera. —Fruncí el ceño ante el recuerdo.
—Siempre que está en las páginas de sociedad nunca tiene una cita.
—Fue vergonzoso. Todo el asunto fue vergonzoso. Me alegro de que nunca tendré que posar los ojos en él.
—Oh, Paula, no puede haber sido tan malo. Creo que suena un poco como si le gustases.
¿Yo le gusto? Ahora Zai está siendo ridícula.
—¿Quieres un sándwich?
—Por favor.
No hablamos más de Pedro Alfonso esa noche, para mi alivio. Una vez que hemos cenado, soy capaz de sentarme a la mesa del comedor con Zai y, mientras ella trabaja en su artículo, yo trabajo en mi ensayo sobre Tess de los D'Urbervilles. Maldita sea, pero esa mujer estaba en el lugar, momento y siglo equivocado.
Para el momento en el que termino es medianoche y hace mucho que Zai se ha ido a la cama. Me dirijo a mi habitación, agotada pero contenta de que he logrado tanto para un lunes.
Me hundo en mi cama de hierro blanco, envolviéndome en la manta de mi madre, cierro mis ojos y estoy instantáneamente dormida. Esa noche sueño con lugares oscuros, inóspitos pisos blancos, fríos y ojos grises.
El resto de la semana, me sumergo en mis estudios y mi trabajo en Clayton’s. Zai también está ocupada, recopilando la última edición de su revista de estudiantes antes de tener que relegarla al nuevo editor mientras que también tiene que prepararse para sus finales. Para el miércoles ella está mucho mejor y ya no tengo que soportar la visión de su pijama de franela con demasiados conejos. Llamo a mi madre en Georgia para ver cómo está, pero también para que pueda desearme suerte en mis exámenes finales.
Procede a hablarme de su última aventura en la fabricación de velas: mi madre es aficionada a nuevos proyectos empresariales. Fundamentalmente está aburrida y quiere algo en que ocupar su tiempo, pero tiene la capacidad de concentración de un pez dorado. Será algo nuevo la próxima semana. Me preocupa. Espero que no haya hipotecado la casa para financiar este último plan. Y espero que Bob —su marido relativamente nuevo y mucho mayor— mantenga un ojo en ella ahora que ya no estoy allí. Parece más centrado que el esposo número tres.
—¿Cómo están las cosas contigo, Pauli?
Por un momento, dudo y tengo toda la atención de mamá.
—Estoy bien.
—¡Paula! ¿Has conocido a alguien? —Wow... ¿cómo hace eso? La emoción en su voz es palpable.
—No, mamá, no es nada. Serás la primera en saber si lo hago.
—Pau, realmente necesita salir más, cariño. Me preocupas.
—Mamá, estoy bien. ¿Qué tal Bob? —Como siempre, la distracción es la mejor política.
Más tarde esa noche llamo a Ray, mi padrastro, el esposo número dos de mamá, el hombre al que considero mi padre y cuyo apellido llevo. Es una breve conversación.
De hecho, más que una conversación, es más como una serie de gruñidos de un solo lado en respuesta a mi gentil persuasión. Ray no es hablador. Pero todavía está vivo, todavía está viendo fútbol en la televisión, yendo al bowling y a pescar con moscas o haciendo muebles cuando no hace otras cosas. Ray es un hábil carpintero y la razón por la que conozco la diferencia entre un halcón y un serrucho. Todo parece ir bien con él.
Viernes por la noche, Zai y yo estamos debatiendo qué hacer con nuestra noche: queremos algo de tiempo fuera de nuestros estudios, de nuestro trabajo y del periódico de alumnos… cuando suena el timbre. De pie delante de nuestra puerta está mi buen amigo José con una botella de champán.
—¡José! ¡Me alegro de verte! —Le doy un abrazo rápido—. Adelante.
José es la primera persona que conocí cuando llegué a WSU, luciendo igual de perdido y solo que yo. Reconocimos un espíritu afín en cada uno de nosotros ese día y hemos sido amigos desde entonces. No sólo compartimos un sentido del humor, también descubrimos que tanto Ray y José Padre estaban en la misma unidad del ejército juntos. Como resultado, nuestros padres se han convertido en grandes amigos también.
José está estudiando ingeniería y es el primero de su familia que logra ir a la universidad. Es muy brillante, pero su verdadera pasión es la fotografía. Tiene un gran ojo para una buena imagen.
—Tengo noticias. —Él sonríe, sus ojos oscuros pestañean.
—No me digas: has logrado no ser expulsado por una semana más —me burlo y él me frunce el ceño bromeando.
—La Galería de Portland Place va a exponer mis fotos el mes que viene.
—Eso es increíble. ¡Felicitaciones! —Muy contenta por él, lo abrazo de nuevo. Zai también le sonríe.
—¡Así se hace José! Debería poner esto en el periódico. Nada como cambios editoriales de último momento en un viernes en la noche. —Sonríe ella.
—Vamos a celebrar. Quiero que vengas a la apertura. —José me mira atentamente. Me sonrojo—. Ambas, por supuesto —añade, mirando nerviosamente a Zai.
José y yo somos buenos amigos, pero sé que en el fondo, le gustaría ser más. Es lindo y divertido, pero no es para mí. Es más como el hermano que nunca tuve. Zaira a menudo se burla de mí, de que me falta el gen de necesitar un novio, pero la verdad es que, simplemente no he conocido a nadie que... bueno, por quien me sienta atraída, a pesar de que parte de mí anhela esas rodillas temblorosas , el corazón en mi boca, mariposas en mi vientre, noches sin dormir.
A veces me pregunto si hay algo mal en mí. Quizás he pasado demasiado tiempo en compañía de mis héroes literarios románticos y por lo tanto, mis ideales y expectativas son demasiado altos. Pero en la realidad, nadie nunca me ha hecho sentir así.
Hasta hace muy poco, la desagradable y todavía pequeña voz de mi inconsciente me susurra. ¡NO! Destierro el pensamiento de inmediato. No voy a ir allí, no después de esa dolorosa entrevista. ¿Es gay Sr. Alfonso? Me estremezco ante el recuerdo. Sé que he soñado con él casi todas las noches desde entonces, pero eso es sólo para purgar la terrible experiencia de mi sistema, ¿verdad?
Veo a José abrir la botella de champán. Es alto, en sus pantalones vaqueros y camiseta es todo hombros y músculos, piel bronceada, cabello oscuro y ardientes ojos oscuros.
Sí, José es bastante caliente, pero creo que por fin capta el mensaje: sólo somos amigos. El corcho hace un fuerte chasquido, José mira hacia arriba y sonríe.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Capitulo 2
Tan joven… y atractivo, muy atractivo. Es alto, está vestido con un fino traje gris, camisa blanca, corbata negra, rebelde cabello e intensos y brillantes ojos grises que me observan sagazmente. Me toma un momento encontrar mi voz.
—Um… de hecho… —murmuro. Si este tipo está en sus treinta entonces estoy completamente sorprendida. Aturdida, pongo mi mano en la suya y nos damos un apretón. Cuando nuestros dedos se tocan, siento un raro y excitante hormigueo recorriéndome. Aparto mi mano apresuradamente, avergonzada. Debe ser la estática. Parpadeo rápidamente, mis pestañas igualando el ritmo de mi corazón—. La Srta. Nara está indispuesta, así que me envió a mí. Espero que no le moleste, Sr. Alfonso.
—¿Y usted es? —Su voz es cálida, posiblemente divertida, pero es difícil saberlo por lo impasible de su expresión. Parece ligeramente interesado, pero más que eso, cortés.
—Paula Chaves. Estoy estudiando Literatura Inglesa con Zai, um… Zaira… um… la Srta. Nara, en la Washington State.
—Ya veo —dice simplemente. Creo que veo el fantasma de una sonrisa en su expresión, pero no estoy segura.
—¿Le gustaría tomar asiento? —Me señala el sofá de cuero blanco con forma de “L”.
Su oficina es demasiado grande para sólo un hombre. Frente a las ventanas que van
desde el piso hasta el techo, hay un enorme escritorio moderno de madera oscura en el
que seis personas podrían comer cómodamente. Hace juego con la mesa de café junto
al sofá. Todo lo demás es blanco: el techo, los pisos y las paredes, excepto aquella
junto a la puerta en la que cuelga un mosaico de pequeñas pinturas, treinta y seis de
ellas arregladas formando un cuadrado. Son exquisitas, una serie de objetos mundanos
y olvidados pintados con detalles tan preciosos que lucen como fotografías. Puestas
juntas, son impresionantes.
—Un artista local. Trouton —dice Alfonso cuando atrapa mi mirada.
—Son adorables. Elevan lo ordinario hasta lo extraordinario —murmuro, distraída por
él y por las pinturas. Inclina su cabeza hacia un lado y me observa atentamente.
—No podría estar más de acuerdo, Srta. Chaves —responde, su voz es suave y por
alguna razón inexplicable, me encuentro a mí misma sonrojándome.
Fuera de las pinturas, el resto de la oficina es fría, limpia y clínica. Me pregunto si eso
refleja la personalidad del Adonis que se hunde con gracia en una de las sillas de cuero
blanco frente a mí. Sacudo la cabeza, alterada por la dirección que toman mis
pensamientos, y recupero las preguntas de Zai de mi cartera. Después, pongo la mini
grabadora y soy tan torpe, que la dejo caer dos veces en la mesa de café enfrente de mí.
El Sr. Alfonso no dice nada, esperando pacientemente —espero— mientras yo me
avergüenzo y me pongo más nerviosa. Cuando me armo de valor para mirarlo, él me
está observando, una mano relajada contra su regazo y la otra ahuecando su barbilla,
deslizando su largo dedo índice a través de sus labios. Creo que está intentando
suprimir una sonrisa.
—Lo lamento —tartamudeo—. No estoy acostumbrada a esto.
—Tómese todo el tiempo que necesite, Srta. Chaves —dice él.
—¿Le molesta si grabo sus respuestas?
—Después de que se ha tomado tantas molestias poniendo la grabadora, ¿me pregunta
ahora?
Me sonrojo. ¿Se está burlando? Eso espero. Parpadeo hacia él, insegura de qué decir, y
creo que le doy lástima porque cede. —No, no me molesta.
—¿Zai, quiero decir, la Srta. Nara, le explicó para qué era la entrevista?
—Sí. Para que aparezca en la publicación de la graduación del periódico escolar dado
que seré quien confiera los diplomas en la ceremonia de graduación de este año.
¡Oh! Estas son noticias nuevas para mí y estoy temporalmente preocupada por el
pensamiento de que alguien no mucho mayor que yo —de acuerdo, quizá seis años o
algo así, y bien, mega exitoso, pero aun así— va a entregarme mi diploma. Frunzo el
ceño, trayendo mi caprichosa atención de vuelta a la tarea que tengo en mano.
—Bien. —Trago nerviosamente—. Tengo algunas preguntas, Sr. Alfonso. —Acomodo un
mechón rebelde de mi cabello tras mi oreja.
—Pensé que las tendría —dice, inexpresivo. Se está riendo de mí. Mis mejillas se
calientan al darme cuenta de eso, me enderezo y cuadro los hombros en un intento de
verme más alta e intimidante. Presionando el botón de grabación en la grabadora,
intento lucir profesional.
—Es usted muy joven para haber acumulado un imperio así. ¿A qué le debe su éxito? —Lo miro. Su sonrisa es triste, pero luce vagamente decepcionado.
—Los negocios son siempre sobre las personas, Srta. Chaves, y soy muy bueno
juzgándolas. Sé qué las enoja, qué las hace prosperar y qué no, qué las inspira y cómo
incentivarlas. Doy empleo a un equipo excepcional y los recompenso bien. —Hace
una pausa y fija una mirada gris en mí—. Mi creencia es conseguir el éxito en
cualquier plan que uno tenga, para convertirse uno mismo en el maestro de dicho plan,
conocerlo por dentro y por fuera, conocer cada detalle. Trabajo duro, muy duro para
hacer eso. Tomo decisiones basadas en la lógica y los hechos. Tengo un instinto
natural que puede descubrir y nutrir una buena y sólida idea y a buenas personas. La
línea final siempre está reducida a las buenas personas.
—Quizá sólo tiene suerte. —Esto no está en la lista de Zai, pero él es tan arrogante.
Sus ojos destellan momentáneamente, sorprendidos.
—No me adhiero a la suerte o a la oportunidad, Srta. Chaves. Entre más duro trabajo
más suerte parezco tener. Realmente se trata de tener a las personas correctas en su
equipo y dirigir sus energías adecuadamente. Creo que fue Harvey Firestone quien dijo “El crecimiento y el desarrollo de las personas es la tarea más importante del
liderazgo”.
—Suena como un controlador. —Las palabras están fuera de mi boca antes de que
pueda detenerlas.
—Oh, practico el control en todas las cosas, Srta. Chaves —dice sin un rastro de humor
en su sonrisa. Lo miro, y él sostiene mi mirada firmemente, imperturbable. Mi pulso se
acelera, y mi cara se sonroja de nuevo.
¿Por qué tiene un efecto tan desconcertante en mí? ¿Su abrumadora y atractiva
apariencia quizás? ¿La forma en que me mira? ¿La forma en que frota suavemente su
dedo índice sobre su labio inferior? Me gustaría que dejara de hacer eso.
—Además, se adquiere un inmenso poder asegurándote a ti mismo en tus fantasías
secretas que naciste para controlar las cosas —continúa, su voz suave.
—¿Siente que tiene un inmenso poder? —Controlador.
—Empleo a alrededor de cuarenta mil personas, Srta. Chaves. Eso me da un cierto
sentido de responsabilidad… poder, si así prefiere. Si decidiera que ya no estaba
interesado en el negocio de las telecomunicaciones y vendo todo, veinte mil personas
lucharían para realizar los pagos de su hipoteca después de aproximadamente un mes.
Me quedo boquiabierta. Estoy pasmada por su falta de humildad.
—¿Y no tiene un comité ante el que responder? —pregunto, disgustada.
—Soy el dueño de mi compañía. No tengo que responder ante un comité. —Levanta
una ceja hacia mí. Me sonrojo. Por supuesto, sabría esto si hubiera hecho algo de
investigación. Pero Dios, es tan arrogante. Cambio de enfoque.
—¿Y tiene intereses fuera de su trabajo?
—Tengo intereses variados, Srta. Chaves. —El fantasma de una sonrisa llega a sus
labios—. Muy variados. —Y por alguna razón, estoy confundida y acalorada por su
firme mirada. Sus ojos están encendidos con algún pensamiento impío.
—Pero si trabaja tan duramente, ¿qué hace para relajarse?
—¿Relajarme? —Sonríe, revelando unos perfectos dientes blancos. Dejo de respirar.
Realmente es guapo. Nadie debería ser así de atractivo.
—Bueno, para “relajarme” como usted dice, navego, vuelo, disfruto de varias
actividades físicas. —Se mueve en su silla—. Soy un hombre muy rico, Srta. Chaves, y
tengo caros e interesantes pasatiempos.
Echo un rápido vistazo a las preguntas de Zai, queriendo salir de este tema.
—Usted invierte en el sector manufacturero. ¿Por qué en ese específicamente? —
pregunto. ¿Por qué me hace sentir tan incómoda?
—Me gusta construir cosas. Me gusta saber cómo funcionan, qué hace que se muevan,
cómo construirlas y desmontarlas. Y adoro los barcos. ¿Qué puedo decir?
—Eso suena como su corazón hablando en lugar de la lógica y los hechos.
Su boca hace una mueca y me mira, evaluándome.
—Posiblemente. Aunque hay gente que diría que no tengo corazón.
—¿Por qué dirían eso?
—Porque me conocen bien. —Sus labios se curvan en una sonrisa torcida.
—¿Dirían sus amigos que es fácil conocerlo? —Y me arrepiento de la pregunta tan
pronto como la digo. No está en la lista de Zai.
—Soy una persona muy privada, Srta. Chaves. Hago mucho para proteger mi
privacidad. No suelo dar entrevistas —termina.
—¿Por qué estuvo de acuerdo en hacer ésta?
—Porque soy benefactor de la Universidad, y a pesar de los intentos, no pude
conseguir que la Srta. Nara me dejara en paz. Acosó y acosó a mi gente de
RRPP, y admiro esa clase de tenacidad.
Sé lo tenaz que Zai puede ser. Ese es el por qué estoy sentada aquí retorciéndome
incómodamente bajo su penetrante mirada cuando debería estar estudiando para los
exámenes.
—También invierte en tecnologías de cultivo. ¿Por qué está interesado en esta área?
—No podemos comer dinero, Srta. Chaves, y hay demasiada gente en este planeta que
no tienen suficiente para comer.
—Eso suena muy filantrópico. ¿Es algo por lo que se siente apasionado? ¿Alimentar a
los pobres del mundo?
Se encoge de hombros, muy evasivo.
—Es un negocio astuto —murmura, aunque creo que no está siendo sincero. No tiene
sentido… ¿alimentar a los pobres del mundo? No puedo ver los beneficios financieros
de esto, sólo la integridad del ideal. Echo un vistazo a la siguiente pregunta, confusa
por su actitud.
—¿Tiene una filosofía? Si la tiene, ¿cuál es?
—No tengo una filosofía como tal. Quizás un principio rector, el de Carnegie: “El
hombre que adquiere la habilidad para asumir plena posesión de su mente puede
tomar posesión de todo lo demás a lo que tiene derecho.” Soy muy singular, tenaz. Me
gusta el control: de mí mismo y de aquellos a mí alrededor.
—¿Así que quiere poseer cosas? —Eres un controlador.
—Quiero merecer poseerlas, pero sí, en pocas palabras, lo hago.
—Suena como el consumidor final.
—Lo soy. —Sonríe, pero la sonrisa no llega a sus ojos. De nuevo esto no concuerda
con alguien que quiere alimentar al mundo, por lo que no puedo evitar pensar que
estamos hablando de otra cosa, pero estoy absolutamente desconcertada en cuanto a lo
qué es. Trago saliva. La temperatura en la habitación está elevándose, o tal vez soy
sólo yo. Sólo quiero que esta entrevista termine. Seguramente Zai tiene suficiente
material ahora, ¿no? Echo un vistazo a la siguiente pregunta.
—Usted fue adoptado. ¿Hasta qué punto cree que eso afectó su forma de ser? —Oh,
esto es personal. Lo miro, esperando que no esté ofendido. Frunce el ceño.
—No tengo modo de saberlo.
Mi interés se ha despertado.
—¿Qué edad tenía cuando fue adoptado?
—Ese es un material de registro público, Srta. Chaves. —Su tono es severo. Me sonrojo,
de nuevo. Mierda. Sí, por supuesto: si hubiera sabido que iba a hacer esta entrevista,
habría hecho alguna investigación. Avanzo rápidamente.
—Ha tenido que sacrificar una vida en familia por su trabajo.
—Esa no es una pregunta. —Es seco.
—Lo siento. —Me retuerzo, y él me hace sentir como si fuera una niña perdida. Lo
intento de nuevo—. ¿Ha tenido que sacrificar una vida en familia por su trabajo?
—Tengo una familia. Tengo un hermano, una hermana y dos padres cariñosos. No
estoy interesado en extender mi familia más allá de eso.
—¿Es usted gay, señor Alfonso?
Inhala fuertemente, y me avergüenzo, mortificada. Mierda. ¿Por qué no empleé alguna
clase de filtro antes de leer esto directamente? ¿Cómo puedo decirle que sólo estoy
leyendo las preguntas? ¡Maldita sea Zai y su curiosidad!
—No Paula, no lo soy. —Eleva las cejas, un brillo frío en sus ojos. No parece
contento.
—Pido disculpas. Está umm… escrito aquí. —Es la primera vez que ha dicho mi
nombre. Mi pulso se acelera, y mis mejillas están ardiendo otra vez. Nerviosa, pongo
mi cabello suelto detrás de la oreja.
Ladea la cabeza hacia un lado.
—¿Estas no son sus propias preguntas?
La sangre se drena de mi cabeza. Oh no.
—Esto… no. Zai, la Srta. Nara, compiló las preguntas.
—¿Son compañeras en el periódico estudiantil? —Oh mierda. No tengo nada que ver
con el periódico estudiantil. Es su actividad extracurricular, no la mía. Mi cara está en
llamas.
—No. Es mi compañera de habitación.
Se frota el mentón en silenciosa deliberación, sus ojos grises evaluándome.
—¿Te ofreciste voluntaria para hacer esta entrevista? —pregunta, su voz mortalmente
tranquila.
Espera, ¿quién se supone que está entrevistando a quién? Sus ojos me queman, y estoy
obligada a contestar la verdad.
—Estaba obligada. Ella no está bien. —Mi voz es débil y apenada.
—Eso explica muchas cosas.
Llaman a la puerta, y la Rubia Número Dos entra.
—Señor Alfonso, perdóneme por interrumpir, pero su siguiente reunión es en dos
minutos.
—No hemos terminado aquí, Andrea. Por favor cancela mi siguiente reunión.
Andrea duda, mirándolo. Parece perdida. Él vuelve la cabeza lentamente para hacerle
frente y levanta las cejas. Ella se ruboriza de un color rosa brillante. Oh bien. No soy sólo
yo.
—Muy bien, Sr. Alfonso —murmura, luego sale. Él frunce el ceño, y vuelve su atención
de nuevo hacia mí.
—¿Dónde estábamos, Srta. Chaves?
Oh, estamos de vuelta al “Srta. Chaves” ahora.
—Por favor no permita que lo interrumpa.
—Quiero saber acerca de usted. Creo que es lo justo. —Sus ojos grises están
encendidos con curiosidad. Doble mierda. ¿Adónde va con esto? Sitúa los codos en los
brazos de la silla y junta los dedos frente a su boca. Su boca… distrae mucho. Trago
saliva.
—No hay mucho que saber —digo, sonrojándome otra vez.
—¿Cuáles son sus planes después de graduarse?
Me encojo de hombros, confundida por su interés. Venir a Seattle con Zai, encontrar un
lugar, encontrar trabajo. Realmente no he pensado más allá de mis exámenes finales.
—No he hecho planes, Sr. Alfonso. Sólo necesito superar mis exámenes finales. —Para los
cuales debería estar estudiando ahora en lugar de estar sentada en tu grandiosa, ostentosa y estéril
oficina, sintiéndome incómoda bajo tu penetrante mirada.
—Llevamos a cabo un programa de pasantías excelente aquí —dice tranquilamente.
Levanto las cejas con sorpresa. ¿Está ofreciéndome un trabajo?
—Oh. Lo tendré en cuenta —murmuro, completamente confundida—. Aunque no
estoy segura de encajar aquí. —Oh no. Estoy reflexionando en voz alta otra vez.
—¿Por qué dice eso? —Ladea su cabeza a un lado, intrigado, un indicio de sonrisa
jugando en sus labios.
—Es obvio, ¿no? —Soy descoordinada, desaliñada, y no soy rubia.
—No para mí —murmura. Su mirada es intensa, todo el humor se ha ido, y extraños
músculos en lo profundo de mi vientre se aprietan de pronto. Aparto los ojos de su
escrutinio y miro ciegamente hacia abajo a mis dedos anudados. ¿Qué está pasando?
Tengo que irme, ahora. Me inclino hacia delante para recuperar la grabadora.
—¿Quiere que le enseñe los alrededores? —pregunta.
—Estoy segura de que está demasiado ocupado, Sr. Alfonso, y tengo que hacer un largo
viaje en coche.
—¿Está conduciendo de vuelta a la WSU en Vancouver? —Suena sorprendido,
preocupado incluso. Mira hacia fuera por la ventana. Ha comenzado a llover—.
Bueno, es mejor que conduzca con cuidado. —Su tono es duro, autoritario. ¿Por qué
debería preocuparse?—. ¿Ha conseguido todo lo que necesita? —añade.
—Sí señor —respondo, guardando la grabadora en mi cartera. Sus ojos se estrechan
especulativamente.
—Gracias por la entrevista, Sr. Alfonso.
—El placer ha sido todo mío —dice, educado como siempre.
Cuando me levanto, él se levanta y me tiende la mano.
—Hasta que nos encontremos de nuevo, Srta. Chaves. —Y suena como un desafío, o
una amenaza, no estoy segura de qué.
Frunzo el ceño. ¿Cuándo vamos a encontrarnos
otra vez? Sacudo su mano una vez más, asombrada de que esa extraña energía entre
nosotros siga ahí. Deben ser mis nervios.
—Sr. Alfonso. —Asiento hacia él. Moviéndose con una ágil elegancia atlética hacia la
puerta, la abre de par en par.
—Sólo asegurándome de que llegue a la puerta, Srta. Alfonso. —Me brinda una pequeña
sonrisa. Obviamente se está refiriendo a mi anterior poco elegante entrada a su oficina.
Me sonrojo.
—Eso es muy considerado, Sr. Alfonso —digo bruscamente, y su sonrisa se ensancha. Me
alegro de que me encuentres entretenida, frunzo el ceño interiormente, caminando hacia el
vestíbulo. Estoy sorprendida cuando me sigue fuera. Andrea y Olivia alzan la vista,
igualmente sorprendidas.
—¿Tiene un abrigo —pregunta Alfonso.
—Sí. —Olivia se levanta de un salto y recupera mi chaqueta, la cual le es arrebatada
por Grey antes de que pueda entregármela. La sostiene y, sintiéndome ridículamente
tímida, me encojo dentro de ella. Alfonso sitúa sus manos por un momento en mis
hombros. Jadeo ante el contacto. Si nota mi reacción, no dice nada. Su largo dedo
índice presiona el botón convocando el ascensor, y permanecemos de pie esperando...
Torpemente por mi parte, fríamente dueño de sí mismo por la suya. Las puertas se
abren, y me apresuro a entrar desesperada por escapar. Realmente necesito salir de aquí.
Cuando me vuelvo para mirarlo, está inclinado contra la puerta junto al ascensor con
una mano en la pared. Realmente es muy, muy atractivo. Es una distracción. Sus
ardientes ojos grises me miran.
—Paula —dice como despedida.
—Alfonso —respondo. Y gracias a Dios, las puertas se cierran
Y LARGAMOS CON EL SEGUNDO CAPITULO!!!! Ah
Los primeros capítulos van a ser un poco "tediosos" pero todo esto así da la gran introducción a lo que es la novela :) Esperamos les guste y no rompan las bolas, ahq.
Quería aclarar, NO vamos a cortar la novela, sino que vamos a dividir los capítulos, no se si entienden. Lo que pasa es que los caps. del libro son mooooy largos entonces nosotras dividimos un capitulo del libro en dos o tres en la nove. Eso.
AH, Y DICE MICA QUE LAS QUIERE y que es muy linda *tos*tos jajaja*saque lo otro* ♥ Jajaja
Comenten acá o en nuestros tw's @soloosoiimica o @paisbrenda
Ahora si, kisses y nos leemos el viernes!!
—Um… de hecho… —murmuro. Si este tipo está en sus treinta entonces estoy completamente sorprendida. Aturdida, pongo mi mano en la suya y nos damos un apretón. Cuando nuestros dedos se tocan, siento un raro y excitante hormigueo recorriéndome. Aparto mi mano apresuradamente, avergonzada. Debe ser la estática. Parpadeo rápidamente, mis pestañas igualando el ritmo de mi corazón—. La Srta. Nara está indispuesta, así que me envió a mí. Espero que no le moleste, Sr. Alfonso.
—¿Y usted es? —Su voz es cálida, posiblemente divertida, pero es difícil saberlo por lo impasible de su expresión. Parece ligeramente interesado, pero más que eso, cortés.
—Paula Chaves. Estoy estudiando Literatura Inglesa con Zai, um… Zaira… um… la Srta. Nara, en la Washington State.
—Ya veo —dice simplemente. Creo que veo el fantasma de una sonrisa en su expresión, pero no estoy segura.
—¿Le gustaría tomar asiento? —Me señala el sofá de cuero blanco con forma de “L”.
Su oficina es demasiado grande para sólo un hombre. Frente a las ventanas que van
desde el piso hasta el techo, hay un enorme escritorio moderno de madera oscura en el
que seis personas podrían comer cómodamente. Hace juego con la mesa de café junto
al sofá. Todo lo demás es blanco: el techo, los pisos y las paredes, excepto aquella
junto a la puerta en la que cuelga un mosaico de pequeñas pinturas, treinta y seis de
ellas arregladas formando un cuadrado. Son exquisitas, una serie de objetos mundanos
y olvidados pintados con detalles tan preciosos que lucen como fotografías. Puestas
juntas, son impresionantes.
—Un artista local. Trouton —dice Alfonso cuando atrapa mi mirada.
—Son adorables. Elevan lo ordinario hasta lo extraordinario —murmuro, distraída por
él y por las pinturas. Inclina su cabeza hacia un lado y me observa atentamente.
—No podría estar más de acuerdo, Srta. Chaves —responde, su voz es suave y por
alguna razón inexplicable, me encuentro a mí misma sonrojándome.
Fuera de las pinturas, el resto de la oficina es fría, limpia y clínica. Me pregunto si eso
refleja la personalidad del Adonis que se hunde con gracia en una de las sillas de cuero
blanco frente a mí. Sacudo la cabeza, alterada por la dirección que toman mis
pensamientos, y recupero las preguntas de Zai de mi cartera. Después, pongo la mini
grabadora y soy tan torpe, que la dejo caer dos veces en la mesa de café enfrente de mí.
El Sr. Alfonso no dice nada, esperando pacientemente —espero— mientras yo me
avergüenzo y me pongo más nerviosa. Cuando me armo de valor para mirarlo, él me
está observando, una mano relajada contra su regazo y la otra ahuecando su barbilla,
deslizando su largo dedo índice a través de sus labios. Creo que está intentando
suprimir una sonrisa.
—Lo lamento —tartamudeo—. No estoy acostumbrada a esto.
—Tómese todo el tiempo que necesite, Srta. Chaves —dice él.
—¿Le molesta si grabo sus respuestas?
—Después de que se ha tomado tantas molestias poniendo la grabadora, ¿me pregunta
ahora?
Me sonrojo. ¿Se está burlando? Eso espero. Parpadeo hacia él, insegura de qué decir, y
creo que le doy lástima porque cede. —No, no me molesta.
—¿Zai, quiero decir, la Srta. Nara, le explicó para qué era la entrevista?
—Sí. Para que aparezca en la publicación de la graduación del periódico escolar dado
que seré quien confiera los diplomas en la ceremonia de graduación de este año.
¡Oh! Estas son noticias nuevas para mí y estoy temporalmente preocupada por el
pensamiento de que alguien no mucho mayor que yo —de acuerdo, quizá seis años o
algo así, y bien, mega exitoso, pero aun así— va a entregarme mi diploma. Frunzo el
ceño, trayendo mi caprichosa atención de vuelta a la tarea que tengo en mano.
—Bien. —Trago nerviosamente—. Tengo algunas preguntas, Sr. Alfonso. —Acomodo un
mechón rebelde de mi cabello tras mi oreja.
—Pensé que las tendría —dice, inexpresivo. Se está riendo de mí. Mis mejillas se
calientan al darme cuenta de eso, me enderezo y cuadro los hombros en un intento de
verme más alta e intimidante. Presionando el botón de grabación en la grabadora,
intento lucir profesional.
—Es usted muy joven para haber acumulado un imperio así. ¿A qué le debe su éxito? —Lo miro. Su sonrisa es triste, pero luce vagamente decepcionado.
—Los negocios son siempre sobre las personas, Srta. Chaves, y soy muy bueno
juzgándolas. Sé qué las enoja, qué las hace prosperar y qué no, qué las inspira y cómo
incentivarlas. Doy empleo a un equipo excepcional y los recompenso bien. —Hace
una pausa y fija una mirada gris en mí—. Mi creencia es conseguir el éxito en
cualquier plan que uno tenga, para convertirse uno mismo en el maestro de dicho plan,
conocerlo por dentro y por fuera, conocer cada detalle. Trabajo duro, muy duro para
hacer eso. Tomo decisiones basadas en la lógica y los hechos. Tengo un instinto
natural que puede descubrir y nutrir una buena y sólida idea y a buenas personas. La
línea final siempre está reducida a las buenas personas.
—Quizá sólo tiene suerte. —Esto no está en la lista de Zai, pero él es tan arrogante.
Sus ojos destellan momentáneamente, sorprendidos.
—No me adhiero a la suerte o a la oportunidad, Srta. Chaves. Entre más duro trabajo
más suerte parezco tener. Realmente se trata de tener a las personas correctas en su
equipo y dirigir sus energías adecuadamente. Creo que fue Harvey Firestone quien dijo “El crecimiento y el desarrollo de las personas es la tarea más importante del
liderazgo”.
—Suena como un controlador. —Las palabras están fuera de mi boca antes de que
pueda detenerlas.
—Oh, practico el control en todas las cosas, Srta. Chaves —dice sin un rastro de humor
en su sonrisa. Lo miro, y él sostiene mi mirada firmemente, imperturbable. Mi pulso se
acelera, y mi cara se sonroja de nuevo.
¿Por qué tiene un efecto tan desconcertante en mí? ¿Su abrumadora y atractiva
apariencia quizás? ¿La forma en que me mira? ¿La forma en que frota suavemente su
dedo índice sobre su labio inferior? Me gustaría que dejara de hacer eso.
—Además, se adquiere un inmenso poder asegurándote a ti mismo en tus fantasías
secretas que naciste para controlar las cosas —continúa, su voz suave.
—¿Siente que tiene un inmenso poder? —Controlador.
—Empleo a alrededor de cuarenta mil personas, Srta. Chaves. Eso me da un cierto
sentido de responsabilidad… poder, si así prefiere. Si decidiera que ya no estaba
interesado en el negocio de las telecomunicaciones y vendo todo, veinte mil personas
lucharían para realizar los pagos de su hipoteca después de aproximadamente un mes.
Me quedo boquiabierta. Estoy pasmada por su falta de humildad.
—¿Y no tiene un comité ante el que responder? —pregunto, disgustada.
—Soy el dueño de mi compañía. No tengo que responder ante un comité. —Levanta
una ceja hacia mí. Me sonrojo. Por supuesto, sabría esto si hubiera hecho algo de
investigación. Pero Dios, es tan arrogante. Cambio de enfoque.
—¿Y tiene intereses fuera de su trabajo?
—Tengo intereses variados, Srta. Chaves. —El fantasma de una sonrisa llega a sus
labios—. Muy variados. —Y por alguna razón, estoy confundida y acalorada por su
firme mirada. Sus ojos están encendidos con algún pensamiento impío.
—Pero si trabaja tan duramente, ¿qué hace para relajarse?
—¿Relajarme? —Sonríe, revelando unos perfectos dientes blancos. Dejo de respirar.
Realmente es guapo. Nadie debería ser así de atractivo.
—Bueno, para “relajarme” como usted dice, navego, vuelo, disfruto de varias
actividades físicas. —Se mueve en su silla—. Soy un hombre muy rico, Srta. Chaves, y
tengo caros e interesantes pasatiempos.
Echo un rápido vistazo a las preguntas de Zai, queriendo salir de este tema.
—Usted invierte en el sector manufacturero. ¿Por qué en ese específicamente? —
pregunto. ¿Por qué me hace sentir tan incómoda?
—Me gusta construir cosas. Me gusta saber cómo funcionan, qué hace que se muevan,
cómo construirlas y desmontarlas. Y adoro los barcos. ¿Qué puedo decir?
—Eso suena como su corazón hablando en lugar de la lógica y los hechos.
Su boca hace una mueca y me mira, evaluándome.
—Posiblemente. Aunque hay gente que diría que no tengo corazón.
—¿Por qué dirían eso?
—Porque me conocen bien. —Sus labios se curvan en una sonrisa torcida.
—¿Dirían sus amigos que es fácil conocerlo? —Y me arrepiento de la pregunta tan
pronto como la digo. No está en la lista de Zai.
—Soy una persona muy privada, Srta. Chaves. Hago mucho para proteger mi
privacidad. No suelo dar entrevistas —termina.
—¿Por qué estuvo de acuerdo en hacer ésta?
—Porque soy benefactor de la Universidad, y a pesar de los intentos, no pude
conseguir que la Srta. Nara me dejara en paz. Acosó y acosó a mi gente de
RRPP, y admiro esa clase de tenacidad.
Sé lo tenaz que Zai puede ser. Ese es el por qué estoy sentada aquí retorciéndome
incómodamente bajo su penetrante mirada cuando debería estar estudiando para los
exámenes.
—También invierte en tecnologías de cultivo. ¿Por qué está interesado en esta área?
—No podemos comer dinero, Srta. Chaves, y hay demasiada gente en este planeta que
no tienen suficiente para comer.
—Eso suena muy filantrópico. ¿Es algo por lo que se siente apasionado? ¿Alimentar a
los pobres del mundo?
Se encoge de hombros, muy evasivo.
—Es un negocio astuto —murmura, aunque creo que no está siendo sincero. No tiene
sentido… ¿alimentar a los pobres del mundo? No puedo ver los beneficios financieros
de esto, sólo la integridad del ideal. Echo un vistazo a la siguiente pregunta, confusa
por su actitud.
—¿Tiene una filosofía? Si la tiene, ¿cuál es?
—No tengo una filosofía como tal. Quizás un principio rector, el de Carnegie: “El
hombre que adquiere la habilidad para asumir plena posesión de su mente puede
tomar posesión de todo lo demás a lo que tiene derecho.” Soy muy singular, tenaz. Me
gusta el control: de mí mismo y de aquellos a mí alrededor.
—¿Así que quiere poseer cosas? —Eres un controlador.
—Quiero merecer poseerlas, pero sí, en pocas palabras, lo hago.
—Suena como el consumidor final.
—Lo soy. —Sonríe, pero la sonrisa no llega a sus ojos. De nuevo esto no concuerda
con alguien que quiere alimentar al mundo, por lo que no puedo evitar pensar que
estamos hablando de otra cosa, pero estoy absolutamente desconcertada en cuanto a lo
qué es. Trago saliva. La temperatura en la habitación está elevándose, o tal vez soy
sólo yo. Sólo quiero que esta entrevista termine. Seguramente Zai tiene suficiente
material ahora, ¿no? Echo un vistazo a la siguiente pregunta.
—Usted fue adoptado. ¿Hasta qué punto cree que eso afectó su forma de ser? —Oh,
esto es personal. Lo miro, esperando que no esté ofendido. Frunce el ceño.
—No tengo modo de saberlo.
Mi interés se ha despertado.
—¿Qué edad tenía cuando fue adoptado?
—Ese es un material de registro público, Srta. Chaves. —Su tono es severo. Me sonrojo,
de nuevo. Mierda. Sí, por supuesto: si hubiera sabido que iba a hacer esta entrevista,
habría hecho alguna investigación. Avanzo rápidamente.
—Ha tenido que sacrificar una vida en familia por su trabajo.
—Esa no es una pregunta. —Es seco.
—Lo siento. —Me retuerzo, y él me hace sentir como si fuera una niña perdida. Lo
intento de nuevo—. ¿Ha tenido que sacrificar una vida en familia por su trabajo?
—Tengo una familia. Tengo un hermano, una hermana y dos padres cariñosos. No
estoy interesado en extender mi familia más allá de eso.
—¿Es usted gay, señor Alfonso?
Inhala fuertemente, y me avergüenzo, mortificada. Mierda. ¿Por qué no empleé alguna
clase de filtro antes de leer esto directamente? ¿Cómo puedo decirle que sólo estoy
leyendo las preguntas? ¡Maldita sea Zai y su curiosidad!
—No Paula, no lo soy. —Eleva las cejas, un brillo frío en sus ojos. No parece
contento.
—Pido disculpas. Está umm… escrito aquí. —Es la primera vez que ha dicho mi
nombre. Mi pulso se acelera, y mis mejillas están ardiendo otra vez. Nerviosa, pongo
mi cabello suelto detrás de la oreja.
Ladea la cabeza hacia un lado.
—¿Estas no son sus propias preguntas?
La sangre se drena de mi cabeza. Oh no.
—Esto… no. Zai, la Srta. Nara, compiló las preguntas.
—¿Son compañeras en el periódico estudiantil? —Oh mierda. No tengo nada que ver
con el periódico estudiantil. Es su actividad extracurricular, no la mía. Mi cara está en
llamas.
—No. Es mi compañera de habitación.
Se frota el mentón en silenciosa deliberación, sus ojos grises evaluándome.
—¿Te ofreciste voluntaria para hacer esta entrevista? —pregunta, su voz mortalmente
tranquila.
Espera, ¿quién se supone que está entrevistando a quién? Sus ojos me queman, y estoy
obligada a contestar la verdad.
—Estaba obligada. Ella no está bien. —Mi voz es débil y apenada.
—Eso explica muchas cosas.
Llaman a la puerta, y la Rubia Número Dos entra.
—Señor Alfonso, perdóneme por interrumpir, pero su siguiente reunión es en dos
minutos.
—No hemos terminado aquí, Andrea. Por favor cancela mi siguiente reunión.
Andrea duda, mirándolo. Parece perdida. Él vuelve la cabeza lentamente para hacerle
frente y levanta las cejas. Ella se ruboriza de un color rosa brillante. Oh bien. No soy sólo
yo.
—Muy bien, Sr. Alfonso —murmura, luego sale. Él frunce el ceño, y vuelve su atención
de nuevo hacia mí.
—¿Dónde estábamos, Srta. Chaves?
Oh, estamos de vuelta al “Srta. Chaves” ahora.
—Por favor no permita que lo interrumpa.
—Quiero saber acerca de usted. Creo que es lo justo. —Sus ojos grises están
encendidos con curiosidad. Doble mierda. ¿Adónde va con esto? Sitúa los codos en los
brazos de la silla y junta los dedos frente a su boca. Su boca… distrae mucho. Trago
saliva.
—No hay mucho que saber —digo, sonrojándome otra vez.
—¿Cuáles son sus planes después de graduarse?
Me encojo de hombros, confundida por su interés. Venir a Seattle con Zai, encontrar un
lugar, encontrar trabajo. Realmente no he pensado más allá de mis exámenes finales.
—No he hecho planes, Sr. Alfonso. Sólo necesito superar mis exámenes finales. —Para los
cuales debería estar estudiando ahora en lugar de estar sentada en tu grandiosa, ostentosa y estéril
oficina, sintiéndome incómoda bajo tu penetrante mirada.
—Llevamos a cabo un programa de pasantías excelente aquí —dice tranquilamente.
Levanto las cejas con sorpresa. ¿Está ofreciéndome un trabajo?
—Oh. Lo tendré en cuenta —murmuro, completamente confundida—. Aunque no
estoy segura de encajar aquí. —Oh no. Estoy reflexionando en voz alta otra vez.
—¿Por qué dice eso? —Ladea su cabeza a un lado, intrigado, un indicio de sonrisa
jugando en sus labios.
—Es obvio, ¿no? —Soy descoordinada, desaliñada, y no soy rubia.
—No para mí —murmura. Su mirada es intensa, todo el humor se ha ido, y extraños
músculos en lo profundo de mi vientre se aprietan de pronto. Aparto los ojos de su
escrutinio y miro ciegamente hacia abajo a mis dedos anudados. ¿Qué está pasando?
Tengo que irme, ahora. Me inclino hacia delante para recuperar la grabadora.
—¿Quiere que le enseñe los alrededores? —pregunta.
—Estoy segura de que está demasiado ocupado, Sr. Alfonso, y tengo que hacer un largo
viaje en coche.
—¿Está conduciendo de vuelta a la WSU en Vancouver? —Suena sorprendido,
preocupado incluso. Mira hacia fuera por la ventana. Ha comenzado a llover—.
Bueno, es mejor que conduzca con cuidado. —Su tono es duro, autoritario. ¿Por qué
debería preocuparse?—. ¿Ha conseguido todo lo que necesita? —añade.
—Sí señor —respondo, guardando la grabadora en mi cartera. Sus ojos se estrechan
especulativamente.
—Gracias por la entrevista, Sr. Alfonso.
—El placer ha sido todo mío —dice, educado como siempre.
Cuando me levanto, él se levanta y me tiende la mano.
—Hasta que nos encontremos de nuevo, Srta. Chaves. —Y suena como un desafío, o
una amenaza, no estoy segura de qué.
Frunzo el ceño. ¿Cuándo vamos a encontrarnos
otra vez? Sacudo su mano una vez más, asombrada de que esa extraña energía entre
nosotros siga ahí. Deben ser mis nervios.
—Sr. Alfonso. —Asiento hacia él. Moviéndose con una ágil elegancia atlética hacia la
puerta, la abre de par en par.
—Sólo asegurándome de que llegue a la puerta, Srta. Alfonso. —Me brinda una pequeña
sonrisa. Obviamente se está refiriendo a mi anterior poco elegante entrada a su oficina.
Me sonrojo.
—Eso es muy considerado, Sr. Alfonso —digo bruscamente, y su sonrisa se ensancha. Me
alegro de que me encuentres entretenida, frunzo el ceño interiormente, caminando hacia el
vestíbulo. Estoy sorprendida cuando me sigue fuera. Andrea y Olivia alzan la vista,
igualmente sorprendidas.
—¿Tiene un abrigo —pregunta Alfonso.
—Sí. —Olivia se levanta de un salto y recupera mi chaqueta, la cual le es arrebatada
por Grey antes de que pueda entregármela. La sostiene y, sintiéndome ridículamente
tímida, me encojo dentro de ella. Alfonso sitúa sus manos por un momento en mis
hombros. Jadeo ante el contacto. Si nota mi reacción, no dice nada. Su largo dedo
índice presiona el botón convocando el ascensor, y permanecemos de pie esperando...
Torpemente por mi parte, fríamente dueño de sí mismo por la suya. Las puertas se
abren, y me apresuro a entrar desesperada por escapar. Realmente necesito salir de aquí.
Cuando me vuelvo para mirarlo, está inclinado contra la puerta junto al ascensor con
una mano en la pared. Realmente es muy, muy atractivo. Es una distracción. Sus
ardientes ojos grises me miran.
—Paula —dice como despedida.
—Alfonso —respondo. Y gracias a Dios, las puertas se cierran
Y LARGAMOS CON EL SEGUNDO CAPITULO!!!! Ah
Los primeros capítulos van a ser un poco "tediosos" pero todo esto así da la gran introducción a lo que es la novela :) Esperamos les guste y no rompan las bolas, ahq.
Quería aclarar, NO vamos a cortar la novela, sino que vamos a dividir los capítulos, no se si entienden. Lo que pasa es que los caps. del libro son mooooy largos entonces nosotras dividimos un capitulo del libro en dos o tres en la nove. Eso.
AH, Y DICE MICA QUE LAS QUIERE y que es muy linda *tos*tos jajaja*saque lo otro* ♥ Jajaja
Comenten acá o en nuestros tw's @soloosoiimica o @paisbrenda
Ahora si, kisses y nos leemos el viernes!!
lunes, 12 de agosto de 2013
Capitulo 1
Frunzo el ceño con frustración hacia mí misma frente al espejo. Maldito sea mi
cabello, sencillamente no se comporta y maldita sea Zaira Nara por estar enferma y someterme a esta terrible experiencia.
Debería estar estudiando para mis exámenes finales, que son la próxima semana, sin embargo, aquí estoy, intentando cepillar mi cabello para que luzca controlado. No debo dormir con el cabello
mojado. No debo dormir con el cabello mojado. Recitando este mantra varias veces, intento, una vez más, tenerlo bajo control con el cepillo. Pongo los ojos en blanco con exasperación, y miro a la pálida chica con cabello rubio y ojos verdes demasiado grandes para su rostro devolviéndome la mirada, y me rindo.
Mi única opción es dominar mi caprichoso cabello con una cola de caballo y esperar que luzca semipresentable.
Zai es mi compañera de habitación y ha elegido el día de hoy, de todos los días posibles, para sucumbir a la gripe. Por lo tanto, no puede asistir a la entrevista que había quedado de hacer, con algún magnate mega-industrial del que jamás he oído hablar, para el periódico escolar. Así que me he ofrecido voluntaria. Tengo exámenes finales con los que quemarme las pestañas, un ensayo que terminar, y se supone que vaya a trabajar esta tarde, pero no, hoy tengo que conducir doscientos sesenta y cinco kilómetros hacia el centro de Seattle para reunirme con el enigmático Gerente General
de Alfonso's Enterprises Holdings Inc.
Como un excepcional empresario, y muy importante benefactor de nuestra universidad, su tiempo es extraordinariamente precioso —mucho más precioso que el mío— pero le ha concedido una entrevista a Zai Una verdadera oportunidad, me dice ella. Malditas sean sus actividades
extracurriculares.
Zaira está acurrucada en el sofá, en la sala.
—Pau, lo lamento. Me tomó nueve meses conseguir esta entrevista. Tomará otros seis meses volver a programarla, y ambas nos habremos graduado para entonces. Como editora, no puedo dejar pasar esta oportunidad. Por favor —me ruega Zai con su áspera y adolorida voz.
¿Cómo lo hace? Incluso enferma, se ve pícara y hermosa, con el cabello castaño en su lugar y los ojos azules brillantes, aunque ahora estén rojos y llorosos. Ignoro mi punzada de simpatía inoportuna.
—Por supuesto que iré, Zai. Deberías regresar a la cama. ¿Quieres algo de Bayaspirina C caliente o Ibupirac?
—Ibupirac, por favor. Aquí están las preguntas y mi mini grabadora. Sólo presiona
“Grabar” aquí. Haz notas, lo transcribiré todo.
—No sé nada de él —murmuro, intentando y fallando en suprimir mi creciente pánico.
—Las preguntas te ayudarán. Ve. Es un largo camino. No quiero que llegues tarde.
—De acuerdo, me voy. Regresa a la cama. Te hice algo de sopa para que calientes más
tarde. —La miro fijamente, con cariño. Sólo por ti, Zai, haría esto.
—Lo haré. Buena suerte. Y gracias, Pau… como de costumbre, eres mi salvavidas.
Recogiendo mi cartera, le sonrío irónicamente, luego salgo directo al auto. No puedo creer que haya dejado a Zai convencerme de esto. Pero entonces Zaira puede convencer a cualquiera de cualquier cosa. Será una periodista excepcional. Es elocuente, fuerte, persuasiva, argumentativa, hermosa… y es mi amiga más, más querida.
Los caminos están despejados cuando salgo de Vancouver, WA, hacia Portland y la I-5. Es temprano, y no tengo que estar en Seattle hasta las dos de la tarde.
Afortunadamente, Zai me ha prestado su Mercedes CLK deportivo. No estoy segura de que Wanda, mi Viejo VW Beetle, conseguiría hacer el trayecto a tiempo.
Oh, conducir el Merc es divertido, y los kilómetros se desvanecen cuando piso el
acelerador al máximo.
Mi destino son las oficinas centrales de la empresa internacional del Sr. Alfonso. Es un enorme edificio de veinte pisos, con cristales curvados y acero, una fantasía arquitectónica utilitaria, con las palabras “Alfonso's House” escritas discretamente en acero sobre las puertas delanteras de vidrio. Faltan quince minutos para las dos cuando llego, enormemente aliviada de no llegar tarde mientras camino hacia el enorme —y francamente intimidante— vestíbulo de cristal, acero y arenisca blanca.
Detrás del sólido escritorio de arenisca, una muy atractiva y bien arreglada rubia me sonríe amablemente. Está usando la chaqueta grisácea y camisa blanca más nítidas que alguna vez he visto. Se ve inmaculada.
—Estoy aquí para ver al Sr. Alfonso. Soy Paula Chaves representando a Zaira Nara.
—Discúlpeme por un momento, Srta. Chaves. —Ella enarca una ceja ligeramente mientras espero tímidamente en frente suyo. Estoy empezando a desear haber pedido prestado uno de los blazer formales de Zai en lugar de usar mi chaqueta azul marino.
He hecho un esfuerzo y me he puesto mi única falda, mis cómodas botas marrones hasta la rodilla y un suéter azul. Para mí, esto es inteligente. Pongo una de las hebras de mi cabello tras mi oreja mientras pretendo que ella no me intimida.
—Si, espera a la Srta. Nara. Firme aquí por favor, Srta. Chaves. Use el último ascensor a la derecha, presione el piso número veinte. —Me sonríe amablemente, divertida sin duda, mientras firmo.
Me entrega un pase de seguridad que tiene la palabra “VISITANTE” estampada muy firmemente en el frente. No puedo evitar esbozar una sonrisilla. Sin duda es obvio que sólo estoy de visita. No encajo aquí, en absoluto. Nada cambia, suspiro para mis adentros. Agradeciéndole, camino hacia la zona de ascensores más allá de los dos hombres de seguridad que están mucho más inteligentemente vestidos que yo con sus trajes negros bien confeccionados.
El ascensor me sacude con una velocidad al límite hacia el piso número veinte. Las puertas se abren y estoy en otro gran vestíbulo, de nuevo, de cristal, acero y arenisca blanca. Me veo frente a otro escritorio de arenisca y otra joven rubia vestida impecablemente de blanco y negro, se levanta para saludarme.
—Señorita Chaves, ¿podría esperar aquí, por favor? —Señala a una zona de espera con sillas de cuero blanco.
Detrás de las sillas de cuero hay una espaciosa sala de reuniones con paredes de vidrio y una mesa de madera oscura igualmente espaciosa, rodeada con al menos veinte sillas a juego. Más allá de ellas, hay una ventana que va desde el piso hasta el techo con una vista del cielo de Seattle que deja ver toda la ciudad hacia el Sur. Es una vista sorprendente y estoy momentáneamente paralizada por ella. Wow.
Me siento, rebusco las preguntas en mi cartera y las reviso, maldiciendo para mis adentros a Zai por no darme una corta biografía. No sé nada de este hombre al que estoy a punto de entrevistar. Él podría tener noventa o treinta años. La incertidumbre es mortificante y mis nervios vuelven a la superficie, poniéndome inquieta. Nunca he estado cómoda con las entrevistas cara a cara, prefiero el anonimato de una discusión grupal en la que me puedo sentar inadvertidamente en la parte trasera de la habitación.
Para ser honesta, prefiero mi propia compañía, leyendo una clásica novela británica, acurrucada en una silla en la biblioteca del campus. No sentada y retorciéndome nerviosamente en un colosal edificio de cristal y piedra.
Pongo los ojos en blanco para mí misma. Cálmate, Chaves. Juzgando por el edificio, que es demasiado frío y moderno, presumo que Alfonso está en sus cuarenta: delgado, bronceado y rubio para encajar con el resto del personal.
Otra elegante rubia impecablemente vestida sale de una gran puerta a la derecha. ¿Qué
es lo que sucede con todas las rubias inmaculadas? Esto parece Stepford. Respirando
hondo, me pongo de pie.
—¿Señorita Chaves? —pregunta la última rubia.
—Sí —grazno, y me aclaro la garganta—. Sí. —Eso sonó más seguro.
—El Sr. Alfonso la verá en un momento. ¿Puedo tomar su chaqueta?
—Oh, por favor. —Lucho para quitarme la chaqueta.
—¿Le han ofrecido algún refresco?
—Um… no. —Oh, Dios, ¿la Rubia Número Uno está en problemas?
La Rubia Número Dos frunce el ceño y le da una mirada a la joven mujer detrás del
escritorio.
—¿Le gustaría té, café, agua? —pregunta, volviendo su atención nuevamente a mí.
—Un vaso de agua. Gracias —murmuro.
—Olivia, por favor tráele a la Srta. Chaves un vaso de agua. —Su voz es severa. Olivia se levanta inmediatamente y se escabulle tras una puerta al otro lado del vestíbulo.
—Mis disculpas, Srta. Chaves, Olivia es nuestra nueva interna. Por favor, siéntese. El Sr. Alfonso la verá en cinco minutos.
Olivia regresa con un vaso de agua helada.
—Aquí tiene, Srta. Chaves.
—Gracias.
La Rubia Número Dos camina hacia el gran escritorio, sus tacones haciendo eco en el piso de arenisca. Se sienta y ambas continúan con su trabajo.
Tal vez el Sr. Alfonso insiste en que todas sus empleadas sean rubias. Me estoy preguntando ociosamente si eso es legal, cuando la puerta de la oficina se abre y un hombre afroamericano alto, atractivo, elegantemente vestido y con cortas rastas sale.
Definitivamente me he puesto la ropa equivocada.
Él se da la vuelta y dice a través de la puerta: —Golf, esta semana, Alfonso.
No escucho la respuesta. Él se da la vuelta, me ve, y sonríe, sus oscuros ojos arrugándose en las esquinas. Olivia ha saltado de su silla y llamado el ascensor. Parece lucirse al saltar de su asiento. ¡Está más nerviosa que yo!
—Buenas tardes, señoritas —dice él mientras sale por la puerta deslizante.
—El Sr. Alfonso la verá ahora, Srta. Chaves. Puede pasar —dice la Rubia Número Dos.
Me pongo de pie temblorosamente, intentando suprimir mis nervios. Recogiendo mi
cartera, abandono mi vaso de agua y me abro paso hacia la puerta parcialmente
abierta.
—No necesita tocar, sólo entre. —Ella sonríe amablemente.
Empujo la puerta para abrirla y entro a trompicones, tropezándome con mis propios
pies y cayendo de cabeza dentro de la oficina.
¡Mierda, yo y mis dos pies izquierdos! Estoy sobre manos y rodillas en el umbral de la
oficina del Sr. Alfonso y amables manos están rodeándome, ayudándome a ponerme de
pie. Estoy tan avergonzada, maldita sea mi torpeza. Tengo que armarme de valor para
levantar la mirada. Dios mío, él es tan joven.
—Señorita Chaves. —Extiende una mano con largos dedos hacia mí una vez estoy
de pie—. Soy Pedro Alfonso. ¿Se encuentra bien? ¿Le gustaría sentarse?
Hello everybody!!! Ah... Acá esta el primer capitulo de esta historia *cuak*
Como ven, son caps. bastantes "largos", ya que cuesta un poco cortarla en donde encaje perfect. No se si entienden? *huecas* AH NO jajajaj...
AHHHHH COMENTEN mas de 6 coments (en blog) y HOY subimos el segundo, por acá o en nuestros tw's!!! Y avisen si quieren que se la pasemos
IMPORTANTE!! Días en que vamos a subir: Lunes, miercoles y viernes son los días que tenemos planeado con Mica, de no poder ser así subiríamos martes, jueves y sábado.
Yo (@paisbrenda) quiero que sepan que no va a poder ser todos los días debido a que no somos unas frikis que se la pasan en su casa como para poder subir todos los días, sino que (aunque no lo crean) tenemos vida. Así que si no podemos llegar a subir me gustaría que no se pongan "sal" y esperen, porque si no podemos hacerlo vamos avisar. Pero quedence trank que vamos a subir los días que dijimos!!
Nada mas, kisses en sus nalgas y nos leemos mas tarde, si así lo deciden (?
cabello, sencillamente no se comporta y maldita sea Zaira Nara por estar enferma y someterme a esta terrible experiencia.
Debería estar estudiando para mis exámenes finales, que son la próxima semana, sin embargo, aquí estoy, intentando cepillar mi cabello para que luzca controlado. No debo dormir con el cabello
mojado. No debo dormir con el cabello mojado. Recitando este mantra varias veces, intento, una vez más, tenerlo bajo control con el cepillo. Pongo los ojos en blanco con exasperación, y miro a la pálida chica con cabello rubio y ojos verdes demasiado grandes para su rostro devolviéndome la mirada, y me rindo.
Mi única opción es dominar mi caprichoso cabello con una cola de caballo y esperar que luzca semipresentable.
Zai es mi compañera de habitación y ha elegido el día de hoy, de todos los días posibles, para sucumbir a la gripe. Por lo tanto, no puede asistir a la entrevista que había quedado de hacer, con algún magnate mega-industrial del que jamás he oído hablar, para el periódico escolar. Así que me he ofrecido voluntaria. Tengo exámenes finales con los que quemarme las pestañas, un ensayo que terminar, y se supone que vaya a trabajar esta tarde, pero no, hoy tengo que conducir doscientos sesenta y cinco kilómetros hacia el centro de Seattle para reunirme con el enigmático Gerente General
de Alfonso's Enterprises Holdings Inc.
Como un excepcional empresario, y muy importante benefactor de nuestra universidad, su tiempo es extraordinariamente precioso —mucho más precioso que el mío— pero le ha concedido una entrevista a Zai Una verdadera oportunidad, me dice ella. Malditas sean sus actividades
extracurriculares.
Zaira está acurrucada en el sofá, en la sala.
—Pau, lo lamento. Me tomó nueve meses conseguir esta entrevista. Tomará otros seis meses volver a programarla, y ambas nos habremos graduado para entonces. Como editora, no puedo dejar pasar esta oportunidad. Por favor —me ruega Zai con su áspera y adolorida voz.
¿Cómo lo hace? Incluso enferma, se ve pícara y hermosa, con el cabello castaño en su lugar y los ojos azules brillantes, aunque ahora estén rojos y llorosos. Ignoro mi punzada de simpatía inoportuna.
—Por supuesto que iré, Zai. Deberías regresar a la cama. ¿Quieres algo de Bayaspirina C caliente o Ibupirac?
—Ibupirac, por favor. Aquí están las preguntas y mi mini grabadora. Sólo presiona
“Grabar” aquí. Haz notas, lo transcribiré todo.
—No sé nada de él —murmuro, intentando y fallando en suprimir mi creciente pánico.
—Las preguntas te ayudarán. Ve. Es un largo camino. No quiero que llegues tarde.
—De acuerdo, me voy. Regresa a la cama. Te hice algo de sopa para que calientes más
tarde. —La miro fijamente, con cariño. Sólo por ti, Zai, haría esto.
—Lo haré. Buena suerte. Y gracias, Pau… como de costumbre, eres mi salvavidas.
Recogiendo mi cartera, le sonrío irónicamente, luego salgo directo al auto. No puedo creer que haya dejado a Zai convencerme de esto. Pero entonces Zaira puede convencer a cualquiera de cualquier cosa. Será una periodista excepcional. Es elocuente, fuerte, persuasiva, argumentativa, hermosa… y es mi amiga más, más querida.
Los caminos están despejados cuando salgo de Vancouver, WA, hacia Portland y la I-5. Es temprano, y no tengo que estar en Seattle hasta las dos de la tarde.
Afortunadamente, Zai me ha prestado su Mercedes CLK deportivo. No estoy segura de que Wanda, mi Viejo VW Beetle, conseguiría hacer el trayecto a tiempo.
Oh, conducir el Merc es divertido, y los kilómetros se desvanecen cuando piso el
acelerador al máximo.
Mi destino son las oficinas centrales de la empresa internacional del Sr. Alfonso. Es un enorme edificio de veinte pisos, con cristales curvados y acero, una fantasía arquitectónica utilitaria, con las palabras “Alfonso's House” escritas discretamente en acero sobre las puertas delanteras de vidrio. Faltan quince minutos para las dos cuando llego, enormemente aliviada de no llegar tarde mientras camino hacia el enorme —y francamente intimidante— vestíbulo de cristal, acero y arenisca blanca.
Detrás del sólido escritorio de arenisca, una muy atractiva y bien arreglada rubia me sonríe amablemente. Está usando la chaqueta grisácea y camisa blanca más nítidas que alguna vez he visto. Se ve inmaculada.
—Estoy aquí para ver al Sr. Alfonso. Soy Paula Chaves representando a Zaira Nara.
—Discúlpeme por un momento, Srta. Chaves. —Ella enarca una ceja ligeramente mientras espero tímidamente en frente suyo. Estoy empezando a desear haber pedido prestado uno de los blazer formales de Zai en lugar de usar mi chaqueta azul marino.
He hecho un esfuerzo y me he puesto mi única falda, mis cómodas botas marrones hasta la rodilla y un suéter azul. Para mí, esto es inteligente. Pongo una de las hebras de mi cabello tras mi oreja mientras pretendo que ella no me intimida.
—Si, espera a la Srta. Nara. Firme aquí por favor, Srta. Chaves. Use el último ascensor a la derecha, presione el piso número veinte. —Me sonríe amablemente, divertida sin duda, mientras firmo.
Me entrega un pase de seguridad que tiene la palabra “VISITANTE” estampada muy firmemente en el frente. No puedo evitar esbozar una sonrisilla. Sin duda es obvio que sólo estoy de visita. No encajo aquí, en absoluto. Nada cambia, suspiro para mis adentros. Agradeciéndole, camino hacia la zona de ascensores más allá de los dos hombres de seguridad que están mucho más inteligentemente vestidos que yo con sus trajes negros bien confeccionados.
El ascensor me sacude con una velocidad al límite hacia el piso número veinte. Las puertas se abren y estoy en otro gran vestíbulo, de nuevo, de cristal, acero y arenisca blanca. Me veo frente a otro escritorio de arenisca y otra joven rubia vestida impecablemente de blanco y negro, se levanta para saludarme.
—Señorita Chaves, ¿podría esperar aquí, por favor? —Señala a una zona de espera con sillas de cuero blanco.
Detrás de las sillas de cuero hay una espaciosa sala de reuniones con paredes de vidrio y una mesa de madera oscura igualmente espaciosa, rodeada con al menos veinte sillas a juego. Más allá de ellas, hay una ventana que va desde el piso hasta el techo con una vista del cielo de Seattle que deja ver toda la ciudad hacia el Sur. Es una vista sorprendente y estoy momentáneamente paralizada por ella. Wow.
Me siento, rebusco las preguntas en mi cartera y las reviso, maldiciendo para mis adentros a Zai por no darme una corta biografía. No sé nada de este hombre al que estoy a punto de entrevistar. Él podría tener noventa o treinta años. La incertidumbre es mortificante y mis nervios vuelven a la superficie, poniéndome inquieta. Nunca he estado cómoda con las entrevistas cara a cara, prefiero el anonimato de una discusión grupal en la que me puedo sentar inadvertidamente en la parte trasera de la habitación.
Para ser honesta, prefiero mi propia compañía, leyendo una clásica novela británica, acurrucada en una silla en la biblioteca del campus. No sentada y retorciéndome nerviosamente en un colosal edificio de cristal y piedra.
Pongo los ojos en blanco para mí misma. Cálmate, Chaves. Juzgando por el edificio, que es demasiado frío y moderno, presumo que Alfonso está en sus cuarenta: delgado, bronceado y rubio para encajar con el resto del personal.
Otra elegante rubia impecablemente vestida sale de una gran puerta a la derecha. ¿Qué
es lo que sucede con todas las rubias inmaculadas? Esto parece Stepford. Respirando
hondo, me pongo de pie.
—¿Señorita Chaves? —pregunta la última rubia.
—Sí —grazno, y me aclaro la garganta—. Sí. —Eso sonó más seguro.
—El Sr. Alfonso la verá en un momento. ¿Puedo tomar su chaqueta?
—Oh, por favor. —Lucho para quitarme la chaqueta.
—¿Le han ofrecido algún refresco?
—Um… no. —Oh, Dios, ¿la Rubia Número Uno está en problemas?
La Rubia Número Dos frunce el ceño y le da una mirada a la joven mujer detrás del
escritorio.
—¿Le gustaría té, café, agua? —pregunta, volviendo su atención nuevamente a mí.
—Un vaso de agua. Gracias —murmuro.
—Olivia, por favor tráele a la Srta. Chaves un vaso de agua. —Su voz es severa. Olivia se levanta inmediatamente y se escabulle tras una puerta al otro lado del vestíbulo.
—Mis disculpas, Srta. Chaves, Olivia es nuestra nueva interna. Por favor, siéntese. El Sr. Alfonso la verá en cinco minutos.
Olivia regresa con un vaso de agua helada.
—Aquí tiene, Srta. Chaves.
—Gracias.
La Rubia Número Dos camina hacia el gran escritorio, sus tacones haciendo eco en el piso de arenisca. Se sienta y ambas continúan con su trabajo.
Tal vez el Sr. Alfonso insiste en que todas sus empleadas sean rubias. Me estoy preguntando ociosamente si eso es legal, cuando la puerta de la oficina se abre y un hombre afroamericano alto, atractivo, elegantemente vestido y con cortas rastas sale.
Definitivamente me he puesto la ropa equivocada.
Él se da la vuelta y dice a través de la puerta: —Golf, esta semana, Alfonso.
No escucho la respuesta. Él se da la vuelta, me ve, y sonríe, sus oscuros ojos arrugándose en las esquinas. Olivia ha saltado de su silla y llamado el ascensor. Parece lucirse al saltar de su asiento. ¡Está más nerviosa que yo!
—Buenas tardes, señoritas —dice él mientras sale por la puerta deslizante.
—El Sr. Alfonso la verá ahora, Srta. Chaves. Puede pasar —dice la Rubia Número Dos.
Me pongo de pie temblorosamente, intentando suprimir mis nervios. Recogiendo mi
cartera, abandono mi vaso de agua y me abro paso hacia la puerta parcialmente
abierta.
—No necesita tocar, sólo entre. —Ella sonríe amablemente.
Empujo la puerta para abrirla y entro a trompicones, tropezándome con mis propios
pies y cayendo de cabeza dentro de la oficina.
¡Mierda, yo y mis dos pies izquierdos! Estoy sobre manos y rodillas en el umbral de la
oficina del Sr. Alfonso y amables manos están rodeándome, ayudándome a ponerme de
pie. Estoy tan avergonzada, maldita sea mi torpeza. Tengo que armarme de valor para
levantar la mirada. Dios mío, él es tan joven.
—Señorita Chaves. —Extiende una mano con largos dedos hacia mí una vez estoy
de pie—. Soy Pedro Alfonso. ¿Se encuentra bien? ¿Le gustaría sentarse?
Hello everybody!!! Ah... Acá esta el primer capitulo de esta historia *cuak*
Como ven, son caps. bastantes "largos", ya que cuesta un poco cortarla en donde encaje perfect. No se si entienden? *huecas* AH NO jajajaj...
AHHHHH COMENTEN mas de 6 coments (en blog) y HOY subimos el segundo, por acá o en nuestros tw's!!! Y avisen si quieren que se la pasemos
IMPORTANTE!! Días en que vamos a subir: Lunes, miercoles y viernes son los días que tenemos planeado con Mica, de no poder ser así subiríamos martes, jueves y sábado.
Yo (@paisbrenda) quiero que sepan que no va a poder ser todos los días debido a que no somos unas frikis que se la pasan en su casa como para poder subir todos los días, sino que (aunque no lo crean) tenemos vida. Así que si no podemos llegar a subir me gustaría que no se pongan "sal" y esperen, porque si no podemos hacerlo vamos avisar. Pero quedence trank que vamos a subir los días que dijimos!!
Nada mas, kisses en sus nalgas y nos leemos mas tarde, si así lo deciden (?
domingo, 11 de agosto de 2013
Sinopsis ♥
Cuando la estudiante de literatura Paula Chaves es obligada a entrevistar al exitoso y joven empresario Pedro Alfonso para la revista de su escuela, ella lo encuentra atractivo, enigmático e intimidante. Convencida de que su entrevista salió mal, intenta sacar a Alfonso fuera de su mente, hasta que él aparece en la tienda a las afuera de la ciudad en dónde ella trabaja a tiempo parcial.
La mundana e inocente Pau, se sorprende al notar que ella quiere a este hombre, y cuando él le advierte que se mantenga alejada, sólo aumenta su desesperación por estar cerca de él.
Incapaz de resistirse a la belleza, ingenio y espíritu independiente de Paula, Pedro admite que la desea, pero en sus propios términos.
Impresionada pero emocionada por los singulares gustos eróticos de Alfonso, Paula duda.
Por todas las trampas del éxito —su negocio multinacional, su gran riqueza, su amada familia adoptiva—, Alfonso es un hombre atormentado por demonios y consumado por la necesidad de controlar. Cuando la pareja se embarca en una relación apasionada, física y atrevida, Paula aprende más acerca de sus propios deseos oscuros, así como también del Pedro Alfonso escondido del escrutinio público.
¿Puede su relación trascender la pasión física? ¿Paula se encontrará así misma sometiéndose al auto indulgente Maestro? Y si lo hace, ¿seguirá amando lo que encuentre?
Hello pichis!! I'm back muajajajajaja!!!! Ah... Bueno, les comunico que mi nombre es Brenda @paisbrenda (mmm, que setsi nombre) Bueno, y este es un nuevo proyecto que vamos a empezar con la turra de Mica @soloosoiimica
Como podrán ver es una hermosa ADAPTACIÓN!! Si, leyeron bien, adaptación.
Para la gente culta seguramente conocerán el libro sino, kcio. El hermoso, pero verdaderamente HERMOSO, libro que decidimos ADAPTAR con Mica es 50 Shades Of Grey ♥
Es un libro muy, pero MOOOOY, fuerte y como yo leo la nove de Mica *obeeeo* veo que a ustedes, deprabadas, le gusta esto, chanchas!! Ah
Bueno nada, esperamos que se copen y lean. Kisses en sus colas!!!
Si quieren que se la pasemos o quieren dejar un coment haganlo por acá o en nuestros tw @paisbrenda *yo primera porque soy cool* y @soloosoiimica
La mundana e inocente Pau, se sorprende al notar que ella quiere a este hombre, y cuando él le advierte que se mantenga alejada, sólo aumenta su desesperación por estar cerca de él.
Incapaz de resistirse a la belleza, ingenio y espíritu independiente de Paula, Pedro admite que la desea, pero en sus propios términos.
Impresionada pero emocionada por los singulares gustos eróticos de Alfonso, Paula duda.
Por todas las trampas del éxito —su negocio multinacional, su gran riqueza, su amada familia adoptiva—, Alfonso es un hombre atormentado por demonios y consumado por la necesidad de controlar. Cuando la pareja se embarca en una relación apasionada, física y atrevida, Paula aprende más acerca de sus propios deseos oscuros, así como también del Pedro Alfonso escondido del escrutinio público.
¿Puede su relación trascender la pasión física? ¿Paula se encontrará así misma sometiéndose al auto indulgente Maestro? Y si lo hace, ¿seguirá amando lo que encuentre?
Hello pichis!! I'm back muajajajajaja!!!! Ah... Bueno, les comunico que mi nombre es Brenda @paisbrenda (mmm, que setsi nombre) Bueno, y este es un nuevo proyecto que vamos a empezar con la turra de Mica @soloosoiimica
Como podrán ver es una hermosa ADAPTACIÓN!! Si, leyeron bien, adaptación.
Para la gente culta seguramente conocerán el libro sino, kcio. El hermoso, pero verdaderamente HERMOSO, libro que decidimos ADAPTAR con Mica es 50 Shades Of Grey ♥
Es un libro muy, pero MOOOOY, fuerte y como yo leo la nove de Mica *obeeeo* veo que a ustedes, deprabadas, le gusta esto, chanchas!! Ah
Bueno nada, esperamos que se copen y lean. Kisses en sus colas!!!
Si quieren que se la pasemos o quieren dejar un coment haganlo por acá o en nuestros tw @paisbrenda *yo primera porque soy cool* y @soloosoiimica
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)